lunes, 30 de junio de 2014

Nueve compañeros, uno “especial”

Una foto de archivo. De izq. a der.: P. Francisco, P. Alfredo y un servidor.
     Con viva emoción he celebrado hoy la Santa Misa en el 14 aniversario de la ordenación sacerdotal de mis ocho compañeros y mía, recordando a los Santos Protomártires Romanos. Éstos somos los que, entonces, fuimos ordenados: P. Fermín Ajtzalán, P. Alfredo Chavajay, P. Julio Dionisio, P. Francisco Chocoj, P. Adolfo Marroquín, P. Juan Antonio Marroquín, P. Víctor Ramírez, P. Wilson Xicará y este servidor.
     Era una ocasión “redonda”: en el Gran Jubileo del Año 2,000, en el I Congreso Diocesano Eucarístico, en la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, en la memoria de los Santos Protomártires de la Iglesia de Roma, con veinte mil fieles reunidos en el estadio municipal de Tecpán Guatemala… Además, la ocasión se volvería memorable porque, para una iglesia tan necesitada, era la primera ocasión en que la ordenación era “masiva”, pues fuimos ordenados nueve sacerdotes.
      Una foto me recuerda la fila que hacíamos los diáconos, de pie delante del Obispo ordenante —Mons. Raúl Antonio—, en el interrogatorio antes de la Ordenación. En un extremo estaba este servidor por el apellido, siempre me quedaba de último en la lista— y en el otro estaba el P. Mincho. De testigos, los muchos fieles asistentes y amigos que nos acompañaban, con la esperanza puesta en estos “chiquillos” que se ordenaban.
     Hay seminaristas de estos años que me han comentado recientemente que recuerdan algo del momento, que, aunque pequeños, participaron de la magna celebración. Así se ha despertado la vocación en varios jóvenes, que buscan ahora vislumbrar la Voluntad de Dios sobre su existencia.
     De los nueve, ahora ya se nos ha adelantado uno al Cielo, el P. Mincho. Éste es el compañero “especial”, extraordinario. Desde luego que nos acompaña desde el Cielo. Confío en que intercederá especialmente por estos compañeros suyos. Recordándolo hoy con algunos sacerdotes, augurábamos esperanzados que nosotros podamos algún día llegar a donde está él.
     Rogamos la limosna de su oración por estos sacerdotes de aniversario hoy. Gracias, de corazón.

domingo, 29 de junio de 2014

Amar a todos sin distinción

     Anteayer me escribía un querido amigo, agradeciéndome por haber comentado un artículo suyo, me decía que se alegraba porque coincidíamos en la manera de pensar. El tema era la fraternidad entre los hombres, aunque seamos de distinta religión. Él lo había experimentado en una reunión de la que había participado con representantes de otras religiones, distintas a la católica.
     Le había comentado que los santos siempre han comprendido y amado a todos, sin tomar en cuenta el credo, que somos algunos hijos de la Iglesia quienes no hemos dado buen ejemplo y hacemos acepción de personas. En efecto, ¡EL AMOR A DIOS Y AL PRÓJIMO es lenguaje universal!, y a todos atrae.
     Quien diga que es cristiano, ha de amar y comprender a todos, aunque el prójimo esté en el error.
     Hoy, que celebramos la solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, es buena ocasión para encomendar y trabajar por la unidad de la Iglesia, además de encomendar al Santo Padre el Papa Francisco, sucesor de San Pedro.

viernes, 27 de junio de 2014

¿Cuál es la medida del amor de Dios?

     Hoy celebramos el Sagrado Corazón de Jesús, testimonio claro del amor de Dios. ¿Cuál es la medida del amor de Dios? Amar sin medida… Esta fiesta nos recuerda cuánto nos ama Dios. La segunda lectura de la Misa de hoy es sumamente clara, al respecto:
     “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación para nuestros pecados. Queridos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros” (1Jn 4,8-9).
     Si quieres conocer más sobre la devoción al Sagrado Corazón, sobre la teología sobre él, la práctica sacramental o escritos espirituales, puedes pinchar aquí.

jueves, 26 de junio de 2014

En la fiesta de San Josemaría

      Hoy celebra la Iglesia la fiesta de San Josemaría Escrivá de Balaguer, Fundador del Opus Dei. Para los fieles de la Prelatura es solemnidad; para el resto, memoria.
      San Josemaría partió a la Casa del Cielo en esta fecha, del año 1975. Predicó que todos los cristianos estamos llamados a la santidad, por la vocación bautismal, y al apostolado —obligación de amor para con el prójimo—. San Josemaría es “el santo de lo ordinario”, como le llamó el Papa Juan Pablo II.
     Aquí pueden conocer más sobre el Opus Dei.
      Para quien no haya conocido la noticia, el Prelado del Opus Dei, Mons. Javier Echevarría, viajará a Guatemala el próximo 18 de julio, para compartir con las personas que se han acercado y conocen las labores que promueve la Obra en Guatemala, además de con los fieles de la Obra. Pueden ver aquí un video del Prelado. Les pedimos favor que le encomienden, para que haga mucho bien su visita.

miércoles, 25 de junio de 2014

Hace 70 años...

Me parece, en el rito de ordenación.
     El 25 de junio de 1944 fueron ordenados sacerdotes Álvaro del Portillo, José Luis Múzquiz y José María Hernández Garnica, los tres primeros sacerdotes del Opus Dei.
    A semejanza de lo que hizo san Josemaría, al mismo tiempo que se ordenaban aquellos hijos suyos del alma, hoy también he estado pidiendo por la santidad de los sacerdotes, de todos los sacerdotes.
     Al llegar a casa, al Seminario, me he encontrado con un regalo, maravilloso, de los buenos amigos de la librería Mater et Magistra -un maravilloso cuadro del Santo Padre Francisco-, con motivo de mi próximo aniversario de ordenación, que ya empiezo a preparar. Lo he hecho hoy, decía, rezando por los sacerdotes. También, al abrir el correo, me encontré con la felicitación de una religiosa, por el mismo motivo. Muchas gracias. Y pido alguna oración, por favor.
     Con los pocos años que ya vamos recorriendo, con garbo y alegría, le experiencia le dice a uno que el amor se va acrisolando, que va siendo más puro, que se va desasiendo de lo que vale menos o no vale, para dejar paso a lo que vale de verdad, que es el Amor de Dios.
     Otra vez lo afirmo: si Dios me diera a elegir qué quiero ser, no lo dudaría: quiero ser sacerdote nuevamente.
De izquierda a derecha: Mons. Eijo y Garay, obispo de Madrid, entonces; San Josemaría (de espaldas), José Luis Múzquiz (en la foto, oculto detrás de san Josemaría), Jose María Hernández y Álvaro del Portillo.

martes, 24 de junio de 2014

De las alegrías del sacerdote

     Hay que saber sacar una sonrisa en las dificultades; si no, todo lo veremos arruinado, nada nos saldrá bien. ¿No creen ustedes que nuestra mirada es muchas veces muy humana y solo humana, sin ver a Dios en las realidades menudas?

     Es cierto, hoy perdí un partido de basketbol. Intenté poner buena cara, aunque me costó, quizá no lo haya logrado debidamente…

     Después, mientras hacía mi oración de la tarde en la capilla de adoración perpetua del Santuario Eucarístico (Zona 7 de Guatemala), sigilosamente se me acercó alguien por el costado y casi en un susurro me preguntó si podía confesarle. ¿Qué creen que hice?

     Siempre he pensado que es un buen lugar para que haya un sacerdote disponible para confesar. Ya lo saben, no siempre es posible.

      Lo cierto es que era una persona que, al atreverse interrumpir la oración del sacerdote, se ganó la gracia de Dios y la absolución. Claro, quería acercarse a Dios. Llevaba en el alma un peso que ya no quería cargar. Estaba agobiada. La Confesión le sirvió también para desahogarse también.

     Rodaron las lágrimas, lágrimas gruesas del dolor que llevaba en el alma y el propósito de poner de su parte para arreglar todo. Al terminar estaba emocionado el penitente.

     Para animarle, le dije: “Se da cuenta de cómo la quiere Dios. Yo no había pensado venir a hacer la oración aquí y, por lo tanto, no me habría encontrado. Él le ha dado la oportunidad de confesarse”. A lo que el penitente completó: “yo tampoco había pensado pasar por aquí. Gracias, Padre”.

     Un pequeño crucifijo le dejé para que se recordara de ese momento de reconciliación con Dios.

     ¡Cuánto nos quiere Dios!

     Para hoy, ésta ha sido una alegría para este sacerdote.

lunes, 23 de junio de 2014

El Dcno. Irvin en el Seminario Menor

     Al ordenarse el Dcno. Irvin, ya conocía la noticia de que se sumaría al cuerpo de formadores del Seminario Menor de la Diócesis, en sustitución del P. Maynor. Recientemente ha tomado posesión de su encargo.
     ¡Qué cambio tan rotundo en su vida! Ya lo creo… Hace medio año estaba terminando sus estudios en el Seminario Mayor; ahora, le toca ser formador en el Seminario Menor, un encargo delicado pero que, con la ayuda de Dios y su espíritu desenvuelto y buen hacer, podrá sacar adelante.
     Este caso suyo me recuerda el mío, de cuando comencé en esta aventura.
    El Seminario Menor de la Diócesis cuenta con 42 alumnos actualmente, en los dos grados de Bachillerato en Ciencias y Letras que cursan. El rector es el P. Carlos Xinico; el director espiritual es el P. Julio Calel; ahora se suma a su trabajo el de Irvin.
     En efecto, con ilusión están llevando el trabajo, preparando a los próximos seminaristas mayores o futuros profesionales. La impronta eclesial está presente, desde luego.
     Sacar adelante el Seminario Menor —también el Mayor— cuesta mucho, hay tanta gente detrás. Dios quiere esta Institución y va adelante.
      ¡Ánimo, Dcno. Irvin! Dios te bendiga y bendiga tu trabajo de formador de los jóvenes del Menor.
El Dcno. Irvin, en la anterior Asamblea de Pastoral.
El Diácono, en compañía del P. Julio, ya en su casa del Seminario Menor.

domingo, 22 de junio de 2014

Feliz y difícil día del Corpus

     El día ha sido maravilloso, por supuesto, dedicado a Jesús en la Eucaristía. Desde hace semanas me había hecho el propósito de participar del Corpus en mi pueblo, Patzicía, degustando que la piedad eucarística de mis paisanos ha ido en aumento. Me he tomado la libertad de poner las fotos que encontré en el “Face” de un amigo (Hugo Leo), que participó también de la Misa y la procesión del Corpus en “Patzi”. Gracias, Hugo.
     La fe y la piedad de la gente se han volcado en sus expresiones: el adorno de la iglesia, las alfombras y las capillas con los esfuerzos que han conllevado su elaboración—, todo por un momento del paso del Señor. Me he emocionado participando del Corpus en mi pueblo.
     Por la tarde cumplí alegremente con el compromiso de celebrar la Misa en la novena en honor a San Juan Bautista en la parroquia de Argueta. Conversar con el P. Jorge Luis, el párroco, y acompañar en la devoción de los feligreses ha sido un gran regalo.
     A la par, he tenido el dolor de la defunción de una señora muy conocida, que ya formaba parte del círculo familiar. El cariño que me tenía, y yo trataba de corresponderle, era grande. Falleció la noche de ayer, por lo que se sumó este pesar a la alegría del Corpus… Les pido sus oraciones por su alma. Mañana celebraré, Dios mediante, las exequias. Confío en que, tras el largo tiempo de dolor que padeció, purificada, goce ya de la visión de Dios.
En la procesión, el P. Emilio, el párroco de Patzicía, llevando a Jesús en la Custodia.

Una de las preciosas alfombras que llenaban el recorrido.
Otra alfombra esmeradamente confeccionada.

La primera de las cuatro capillas durante el recorrido.

La segunda capilla.

La tercera capilla

La cuarta capilla, aludiendo al Arca de la Alianza, que también contenía un recipiente de maná.

Así estaba adornada la iglesia para la ocasión.

El recorrido de la procesión es largo. Como pueden apreciar, está lleno de alfombras y de gente piadosa durante la procesión.

Al terminar la procesión, la iglesia estaba abarrotada.


El altar mayor, en primer plano, estaba adornado así. Arriba, con el monumento preparado para la ocasión, con Jesús en la Custodia.

El presbiterio lucía así. Jesús, acompañado y adorado por los siete arcángeles.

sábado, 21 de junio de 2014

Propósitos después del descanso de medio año

Capilla de Adoración Perpetua en Patzicía.
     Terminan las vacaciones… Mañana vuelven los seminaristas al Seminario y este servidor, después de unos buenos días de convivencia y descanso del trabajo ordinario, vuelve a su cubil…
     Además del golpe de la defunción del P. Fermín, querido amigo, ha habido tiempo para pensar y rehacer el plan de vida, que no es otro que el de luchar con fidelidad en lo que me corresponde.
     En la convivencia con otros sacerdotes en que estuve, me incentivaron a estudiar la historia, especialmente la historia inicial de la evangelización en América, pues, al parecer, nos han vendido y metido una historia que no tiene nada que ver con la realidad, una historia al servicio de las ideologías que imperaban y que siguen imperando en la sociedad. Ahora tengo mejores referencias de lectura. Ya les contaré cómo irá.
     En efecto, qué pronto se han marchado estos días de descanso. Lo mismo dirán los seminaristas, a quienes mañana veré por acá. ¡Qué poco duran los días de descanso, qué rápido se pasan las vacaciones!
     Antes de retomar esta lucha “por el buche”, disfrutaremos la fiesta del Corpus Christi, en el que ya estamos metidos. Por mi parte, estaré en mi pueblo, compartiendo con los sacerdotes de mi parroquia y con mi familia. Iré a la procesión un tanto larga pero piadosa y de mucha fe— y, si puedo, tomaré alguna foto para mostrársela.
     Tómate un tiempecito para estar más cerca de Jesús y agradecerle el gran regalo de quedarse entre nosotros y con nosotros, y que nos podamos alimentar con Él.

lunes, 9 de junio de 2014

El P. Fermín completó su carrera, llegó a la Casa del Padre

    Este 24 de junio próximo, el P. Fermín cumpliría 45 años de edad; el 30 próximo cumpliría 14 años de sacerdote. El P. Mincho falleció anoche en un hospital en la Capital.

     Al P. Fermín lo conocí allá por el año 1991, en Sololá, cuando ingresé yo al Colegio Seminario de San José, dirigido por los PP. Benedictinos: él estaba en Quinto y yo ingresé a Cuarto Bachillerato. Con la personalidad sencilla y tan humana que siempre tuvo, no costó hacer amistad con él.

     En ese año terminó el Bachillerato. Al final de ese año, el Colegio Seminario Menor se trasladó a Quetzaltenango y el Seminario Mayor –que estaba en San Andrés Semetabaj– ocupó su sitio. Así, el P. Fermín se quedó en la misma casa que le había acogido durante años, para seguir formándose para llegar a ser sacerdote.

     Estuvo trabajando en varias parroquias, casi en todas tuvo que abrir brecha, pues estaban muchas cosas sin hacer. Por ejemplo, la última parroquia que tuvo formalmente, la de la Boca Costa, en la que se entregó totalmente a los feligreses y tuvo que darle forma –en consecución de los anteriores sacerdotes– a la incipiente parroquia. ¿Cuántos años trabajó allí? No me recuerdo, pero fueron varios.

     Aceptó emprender la formación de una nueva parroquia, la más reciente de la Diócesis, en una aldea de San Martín Jilotepeque. La parroquia tomaría el nombre del recién canonizado Papa Juan XXIII. Estuvo allí unos meses haciendo los preparativos. Un poco antes de la erección de la parroquia tuvo la oportunidad de viajar a la Ciudad Eterna para la canonización del patrono de la que sería su parroquia.

     Peregrinó a Roma… Me recuerdo de cuánto le gustaban las peregrinaciones. A Esquipulas fue andando en varias ocasiones. Durante el Jubileo del año 2000 también lo hizo para ganar la indulgencia. Tuve la oportunidad de acompañarle en al menos dos ocasiones. Era un empedernido escalador de volcanes. Le gustaba tanto la montaña como al P. Pablo Domínguez –o quizá más–. También era un experto atleta.

     ¿Virtudes? Sin pretender reducir su vida a tan pobre descripción, enumero grosso modo las que me parecen destacables: Trabajo esforzado. Trabajaba con esfuerzo en donde quizá a los demás no gustaría que los mandaran. Esforzado en el trabajo tanto como en su afición de atleta y alpinista. Es fácil notarlo en los encargos confiados, sobre todo el de construir la organización parroquial en varios sitios. Discreción. No se hizo notar, no pretendió distinciones. Alegría. No le faltaron problemas, por supuesto, pero los pasaba sin aspavientos; si sufrió por ellos, no lo exteriorizó. Tengo en la retina cómo, en una ocasión, bromeaban el P. Federico –su entonces vicario– y él.

     14 años de sacerdote no son muchos ni pocos. ¡Cuánto bien ha hecho en este tiempo, con el aprovechamiento y entrega con que los vivió!

     Por cómo vivió, además de envidiarle, ya hablo con él como con quien se está delante y le confío cosas. Se nos ha adelantado a la Casa del Padre. Sin duda que nos echará la mano para seguir trabajando en estos lugares y con esta gente que él mismo atendió.

     ¡Descanse en paz el P. Fermín!

El P. Fermín, en Roma, con su especial sentido del humor.

sábado, 7 de junio de 2014

Efusión del Espíritu en Pentecostés

Jean II Restout, Pentecostés
     ¡Como en no pocas ocasiones, los cristianos afeamos el rostro de la Iglesia, que nació y es esplendente por Cristo que habita en Ella y el Espíritu la anima!
     Hoy celebramos el nacimiento definitivo de la Iglesia. Cincuenta días después de la resurrección del Señor, diez días después de su Ascención a los Cielos en cuerpo y alma y divinidad, ha enviado el Espíritu Santo como lo había prometido.
     Ahora, Pedro y los Apóstoles y demás cristianos, con la fuerza de lo Alto, da testimonio sin reticencias ni temores el mensaje del Evangelio, testimonio del Resucitado. Le pedimos al Santo Espíritu, con la liturgia: Ure igne Sancti Spiritus, renes nostros et cor nostrum, Domine: ut tibi casto corpore serviamus et mundo corde placeamus (Inflama, oh Señor, con el fuego de tu Santo Espíritu nuestro corazón y nuestras entrañas todo nuestro ser: para que te sirvamos con un cuerpo casto y complazcamos con un corazón limpio). (La traducción no es oficial).
     Una oración —o, muchas, si se puede— por el Seminario: formadores, alumnos, trabajadores, bienhechores…, toda la Iglesia, para que en este día de Pentecostés, en que celebramos en esta Diócesis el Día del Seminario, consigamos secundar de manera más decidida la Voluntad de Dios.

Encomendemos al "P. Micho"

     Será del conocimiento de muchos de ustedes, queridos lectores, quién es el P. Fermín, especialmente los de esta Diócesis y de su estado precario de salud. Es un compañero mío de promoción sacerdotal, gran amigo y sacerdote.
    A partir de mayo, su salud sorprendentemente se ha quebrantado. Conociendo su potente consistencia física anterior, sorprende su situación actual. Les pedimos sus oraciones.
     Si en algún momento necesitamos de las oraciones de los demás, ahora hagámoslo por el P. Fermín, que lo necesita. Pidamos a Dios para que esta enfermedad ceda y, reponiéndose nuestro amigo sacerdote, vuelva a su antigua y entregada vida ministerial de la manera ordinaria.
     ¡Rezamos por vos, P. Mincho!

domingo, 1 de junio de 2014

Ordenaciones diaconales en San Andrés Itzapa

     La Ordenación diaconal de Néstor, Írvin, Álex y Carlos fue maravillosa. Los protagonistas, magnífico; los anfitriones, también… He disfrutado mucho esta Ordenación, que agradecemos a Dios por tan gran don.
     Ahora me dedico sólo a poner un enlace, pues algo he colaborado en poner las fotos en el blog del Seminario (ver aquí). Véanlas aquí, que están magníficas.
     Desde esta modesta ventanita a esta parte del mundo, felicitamos a los nuevos diáconos.

Alex, en la promesa de obediencia al Obispo.

En el momento de la postración.

El Obispo con los nuevos diáconos, terminado el rito de Ordenación.

jueves, 29 de mayo de 2014

Y se termina el mes de mayo

Los que se ordenarán diáconos el próximo sábado (izq. a der.): Nestor, Irvin, Mons. Gonzalo, Alex y Carlos.
     En el Seminario, los alumnos hoy han culminado sus exámenes de fin de semestre. Se respira un aire de liberación, de tranquilidad, de fuerzas desgastadas por el esfuerzo hecho durante la semana, pero con mucha esperanza de haber logrado una buena nota.
     Algunos, al acabar sus exámenes en horas de la mañana, ya se han puesto a hacer trabajos de limpieza y mantenimiento del edificio, disponiéndolo para la semana siguiente, pues esta casa recibirá a los participantes de la próxima Asamblea Diocesana de Pastoral. Mañana continuará este trabajo.
     También estamos ya con la alegría latente de las próximas ordenaciones diaconales en Itzapa, previstas para el próxima sábado, gran fiesta de la Visitación de la Virgen a santa Isabel. Esta fiesta mariana debe marcar a los protagonistas: Irvin, Carlos, Néstor y Alex.
     Un servidor se encargará, con otros ayudantes, de dirigir la Liturgia de ese día. Es un gran regalo, por supuesto, vivir en primera fila ese acontecimiento. Una vez más, a mí me llena de mucha alegría participar de este acontecimiento tan crucial en la vida de los que se ordenan. En efecto, en ese momento de la ordenación cambian de condición: dejan de ser laicos y pasan a ser clérigos.
     Estamos terminando el mes de mayo. Confiamos a nuestra Señora todas estas intenciones, que llenan el corazón de un cristiano que quiere amar más a la Virgen y está agradecido, porque todo nos ha venido de su mano.
     ¡Ah! Y cómo se me iba a pasar… Hoy ha comenzado el “Decenario al Espíritu Santo”. Dentro de diez días estaremos celebrando Pentecostés. Es bueno que nos preparemos bien para ese día, tratando mucho al Espíritu Santo.

miércoles, 28 de mayo de 2014

Decir la verdad..., con caridad

San Pablo en el Areópago de Atenas.
     “¿Desde cuándo un médico da medicinas inútiles a sus pacientes, porque tiene miedo de prescribir las que son útiles?” –en vano he intentado conseguir el autor de esta cita…-.

     A pesar de la falta de disposición de los atenienses a querer oír la verdad, San Pablo no deja de proclamarla, como se lee hoy en la primera lectura de la Misa (aquí).

     Con caridad y con modo, no se deje de proclamar la doctrina cristiana, también sobre temas controversiales.

lunes, 26 de mayo de 2014

Historias que te hacen pensar (XVIII)

     Una mañana, una mujer bien vestida se detuvo frente a un hombre indigente. Él lentamente levantó la mirada y distinguió a la mujer que parecía acostumbrada a las cosas buenas de la vida. Su abrigo era nuevo. Parecía que nunca se había perdido una comida en su vida. Su primer pensamiento fue: “sólo quiere burlarse de mí”, como tantos otros lo habían hecho...
     “¡Por favor, déjeme en paz!” gruñó el indigente. Para su sorpresa, la mujer siguió enfrente de él. Ella sonreía; sus dientes blancos mostraban destellos deslumbrantes.
     “¿Tienes hambre?”, preguntó ella. “No contestó sarcásticamente. Acabo de llegar de cenar con el presidente. Ahora vete”.
     La sonrisa de la mujer se hizo aún más grande. De repente, el hombre sintió una mano suave bajo el brazo. “¿Qué hace usted, señora?”, preguntó el hombre enojado. “¡Le digo que me deje en paz!”
     Justo en ese momento un policía se acercó. “¿Hay algún problema, señora?”, preguntó el oficial—.
     "No hay problema aquí, oficial contestó la mujer—. Sólo estoy tratando de ayudarle para que se ponga de pie. ¿Me ayudaría?” El oficial se rascó la cabeza. "Sí. El viejo Juan ha sido un estorbo por aquí estos últimos años. ¿Qué quiere usted con él?”, preguntó el oficial.
     “¿Ve la cafetería de allí? preguntó ella. Voy a darle algo de comer y sacarlo del frío por un ratito”.
     “¿Está loca, señora?” se resistió y protestó el pobre desamparado. ¡Yo no quiero ir ahí!” Entonces sintió dos fuertes manos agarrándolo de los brazos y lo levantaron. “Déjame ir oficial, ¡Yo no hice nada…!”
     El oficial le susurró al oído: “Vamos, viejo, ésta es una buena oportunidad para ti”.
     Finalmente, y con cierta dificultad, la mujer y el agente de policía llevaron al viejo Juan y lo sentaron en una mesa, en un rincón de la cafetería. Era casi mediodía, la mayoría de la gente ya había almorzado y el grupo para la comida aún no había llegado. El gerente de la cafetería se acercó y les preguntó: “¿Qué está pasando aquí, oficial? ¿Qué es todo esto? Y este hombre, ¿está en problemas?”
A lo que respondió el policía: “Esta señora lo trajo aquí para que coma algo”.
     El gerente respondió airadamente: “Oh no. ¡Aquí no! Tener una persona como éste, aquí, es malo para mi negocio”.
     El viejo Juan esbozó una sonrisa con sus pocos dientes y dijo: “Señora: se lo dije. Ahora, ¿sí van a dejarme ir? Desde un principio yo no quería venir aquí”.
     La mujer se dirigió al gerente de la cafetería y sonrió: “Señor, ¿está usted familiarizado con Hernández & Asociados, la firma bancaria que esta a dos calles?”
     “Por supuesto que lo conozco respondió el administrador con impaciencia. Ellos tienen sus reuniones semanales en una de mis salas de banquetes”.
     “¿Y se gana una buena cantidad de dinero con el suministro de alimentos en estas reuniones semanales?”, preguntó la señora.
     “¿Y eso que le importa a usted?”, espetó con impaciencia el gerente.
     “Yo, señor, soy Penélope Hernández, presidente y dueña de la compañía”, contestó la señora. “Oh, ¡perdón!”, se disculpó el gerente.
     La mujer sonrió de nuevo, mientras decía: “Pensé que esto podría hacer una diferencia en su trato”.
     Luego le dijo al policía, que con dificultad trataba de contener una carcajada: “¿Le gustaría tomar con nosotros una taza de café o tal vez una comida, oficial?” “No, gracias, señora replicó el oficial. Estoy en servicio”.
     “Entonces, ¿quizá una taza de café para llevar?” “Sí, señora. Eso estaría mejor”.
     El gerente de la cafetería giró sobre sus talones como recibiendo una orden. “Voy a traer el café para usted de inmediato, señor oficial”, dijo.
     El oficial lo vio alejarse. Y dijo a su anfitriona: “Ciertamente lo ha puesto en su lugar”.
     “Esa no fue mi intención dijo la señora. Lo crea o no, tengo una buena razón para todo esto". Se sentó a la mesa frente a su invitado a cenar. Ella lo miró fijamente...
     “Juan ¿te acuerdas de mí?” El viejo Juan miró su rostro, el rostro de ella, con los ojos lagañosos. “Creo que sí —dijo, se me hace familiar”.
     “Mira Juan. Quizá estoy un poco más grande, pero mírame bien dijo la señora. Tal vez me veo más llenita ahora..., pero cuando tú trabajabas aquí hace muchos años, vine una vez, y por esa misma puerta, muerta de hambre y frío”. Algunas lágrimas se posaron sobre sus mejillas.
     “¿Señora…?”, susurró el oficial. No podía creer lo que estaba presenciando, ni siquiera pensar que la mujer podría llegar a tener hambre. “Yo acababa de graduarme en la Universidad de mi pueblo comentó la mujer. Había llegado a la ciudad en busca de trabajo, pero no pude encontrar nada. Con la voz quebrantada continuó diciendo: Cuando me quedaban mis últimos centavos y me habían corrido de mi apartamento, deambulé por las calles. Era febrero y hacía frío, y estaba casi muerta de hambre, entonces vi este lugar y entré con la mínima posibilidad de poder conseguir algo de comer…”
     Con lágrimas en sus ojos la mujer continuó contando: “Juan me recibió con una sonrisa”. “¡Ahora me acuerdo!”, dijo Juan. Yo estaba detrás del mostrador de servicio. Se acercó y me preguntó si podría trabajar por algo de comer”.
      “Me dijiste que estaba en contra de la política de la empresa dijo la señora—. Entonces, tú me hiciste el sándwich de carne más grande que había visto nunca..., me diste una taza de café, y me fui a un rincón a disfrutar de mi comida. Tenía miedo de que te metieras en problemas. Luego, cuando te vi poner de tu bolsillo el precio de la comida en la caja registradora, supe entonces que todo iba a estar bien”.
     “¿Así que usted comenzó su propio negocio?”, preguntó el viejo Juan.
     “Sí. Encontré un trabajo esa misma tarde. Trabajé muy duro, y me fui para arriba con la ayuda de mi Padre Dios. Posteriormente, empecé mi propio negocio, el cual, con la ayuda de Dios, prosperó”.
     Ella abrió su bolso y sacó una tarjeta. “Cuando termines aquí —dijo—, quiero que vayas a hacer una visita al señor Martínez. Él es el director de personal de mi empresa. Iré a hablar con él y estoy segura de que encontrará algo para que puedas hacer algo en la oficina —ella sonrió. Creo que incluso podría darte un adelanto, lo suficiente para que puedas comprar algo de ropa y conseguir un lugar para vivir hasta que te recuperes. Si alguna vez necesitas algo, mi puerta está siempre abierta para ti Juan”.
     Hubo lágrimas en los ojos del anciano. “¿Cómo le puedo agradecer?”, preguntó.
     “No me des las gracias” respondió la mujer. “A Dios dale la gloria. Él me trajo a ti”.
     Fuera de la cafetería, el oficial y la mujer se detuvieron. Y, antes de irse cada uno por su lado, "gracias por toda su ayuda, oficial”, dijo la señora Hernández.
     “Al contrario dijo el oficial—. Gracias a usted. Hoy vi un milagro, algo que nunca voy a olvidar. Y..., gracias por el café”.