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miércoles, 3 de julio de 2013

Explicando el misterio de Jesucristo

     He estado explicando, desde la semana pasada, la materia de Soteriología; es decir, cómo Jesús es Redentor o Salvador. Francamente debía haberlo repasado antes de ahora, pues, como tratado, lo había visto en el Seminario.
     Gracias a Dios, no me ha resultado extraño el lenguaje; me ha resultado gratificante sumergirme nuevamente en el misterio de Jesucristo, de su Humanidad Santísima, instrumento de nuestra salvación.
     Por ejemplo, hoy hemos visto “la ciencia de Jesús”. Además de cómo Dios conoce todo, por ser Dios ―igual al Padre y al Espíritu Santo―, también conoce como los hombres, en una triple forma: Jesucristo tuvo 1) ciencia adquirida: tuvo que aprender como cualquier ser humano; 2) ciencia infusa: un don especial por el que Jesús, en su Humanidad, pudo conocer ciertas cosas que escapan a la capacidad natural del hombre; y 3) ciencia de visión: la que se identifica con la visión beatífica, la fruición ―gozo― de Dios.
     Jesucristo, nuestro Señor, en su condición de hombre, tuvo estos tipos de conocimiento. El trabajo de la teología es justificar estas verdades. Ha habido ya tantos santos y tantos teólogos que lo han hecho, y nosotros lo estudiamos.
     Es un gran misterio, pero no impenetrable. ¡Qué bueno, maravilloso y grande es Dios que no cabe en nuestra pobre cabecita!

miércoles, 1 de agosto de 2012

Una conferencia sobre ecología


     El día de hoy ha culminado, en el Seminario, un “Simposio” de Filosofía, que tuvo como tema principal “la Ecología y el Ecologismo”. Es el tercer año que se realiza este Simposio. La novedad, para mí, es que me invitaron a dar una de las conferencias, un poco inusual para uno que ha estudiado temas concernientes a la Biblia. Sin embargo, el tema tampoco es tan extraño, porque su fundamentación siempre es bíblica. Así lo expresa el primer “mandamiento” del “Decálogo sobre ética y ambiente” del Pontificio Consejo “Justicia y Paz”: La Biblia tiene que dictar los principios morales fundamentales del designio de Dios sobre la relación entre hombre y creación.
     Quiero citar, aquí, el n. 8 del Mensaje de Benedicto XVI para la XL Jornada Mundial por la Paz (1/01/2007). Viene a recordar que hay una “ecología humana” –la principal-, que está intrincadamente relacionada con la “ecología natural”.
     Juan Pablo II, en su Carta encíclica Centesimus annus, escribe: “No sólo la tierra ha sido dada por Dios al hombre, el cual debe usarla respetando la intención originaria de que es un bien, según la cual le ha sido dada; incluso el hombre es para sí mismo un don de Dios y, por tanto, debe respetar la estructura natural y moral de la que ha sido dotado”. Respondiendo a este don que el Creador le ha confiado, el hombre, junto con sus semejantes, puede dar vida a un mundo de paz. Así, pues, además de la ecología de la naturaleza hay una ecología que podemos llamar “humana”, y que a su vez requiere una “ecología social”. Esto comporta que la humanidad, si tiene verdadero interés por la paz, debe tener siempre presente la interrelación entre la ecología natural, es decir el respeto por la naturaleza, y la ecología humana. La experiencia demuestra que toda actitud irrespetuosa con el medio ambiente conlleva daños a la convivencia humana, y viceversa. Cada vez se ve más claramente un nexo inseparable entre la paz con la creación y la paz entre los hombres. Una y otra presuponen la paz con Dios. La poética oración de San Francisco conocida como el “Cántico del Hermano Sol”, es un admirable ejemplo, siempre actual, de esta multiforme ecología de la paz.

martes, 31 de julio de 2012

"Mi libertad"


     Me lo confesaba un alumno mío, el día de hoy, en unas clases sobre Gn 2-3 y el tema del pecado: que a la gente llana resultaba muy duro el mandato impuesto por Dios al hombre que contiene Gn 2,16-17. Parece que al hombre ya se le coarta la libertad.
     Aunque siempre ha existido la tentación, en la Edad Moderna la atención se volcó sobre el hombre, y se le exaltó de tal manera que llegó a constituirse como centro del universo, incluso desplazó a Dios de su solio.
     El principio filosófico de Protágoras (s. V a.C.) cobró actualidad en esta época moderna y, en nuestros días, es un principio más que filosófico, práctico: “el hombre es la medida de todas las cosas”. ¡Qué buen principio para fines egoístas! Repito: se presta para hacer lo que a mí me da la gana, que no haya quien me imponga las reglas.
     A mi parecer, la raíz de los grandes problemas que aquejan a nuestro mundo actual es la falta de conocimiento de la antropología, es decir, quién es el hombre y por qué y cómo fue creado. El ser del hombre constituye una maravilla, el culmen de la creación como nos revela el libro del Génesis, pero hay que tener presente que es una creatura, y que su libertad no es absoluta sino es una libertad de creatura, es decir, una libertad limitada.
     La tentación sigue latente, y el Tentador lo plantea a cada miembro de la raza humana: “serás como Dios”, que puede decidir qué es lo bueno y lo malo, cambiar el fundamento -¡incluso el ser!- de las cosas. Nos damos de narices cuando topamos con nuestra impotencia, cuando nos desengañamos quizá por nuestras caídas.
     En fin, pensaba escribir sólo poquitas líneas...

viernes, 27 de julio de 2012

¿Quién pone las reglas?


Deuteronomio 6,4ss.

     Hoy hemos tenido unas lecciones de Hebreo. Por haber hecho estudios de Teología Bíblica, como el más indicado –al menos en teoría-, me corresponde dar estas lecciones. Como suele ser, el profesor es el que más aprende.
     El Hebreo es “la lengua sagrada”, porque Dios decidió comunicarse al pueblo que utilizaba esta lengua, el pueblo de Israel. Ellos lo dejaron por escrito.
     Una de las preguntas frecuentes en esta materia es: “¿por qué es así?” Francamente, después de explicarles la regla, concluimos que las reglas no las hacemos nosotros sino nos vienen dadas y hemos de observarlas. Es lo que suele suceder a la hora de aprender un idioma: hemos de acatar esas reglas; si no, nadie nos entendería si fuéramos quienes pusieran las reglas.
     De vez en cuando, en cada uno, aflora lo adolescente que llevamos dentro, es decir, la rebeldía –pocas veces hay adolescentes dóciles-, y queremos no sólo romper con toda regla sino poner nuestras pobres reglas. Tremendo chasco nos llevamos cuando nos damos de narices con ellas.
     Hay unas reglas inamovibles en nuestra vida. Estas reglas, en vez de complicarnos la vida o inhibir nuestra personalidad, nos hacen libres y nos hacen más felices.

domingo, 30 de enero de 2011

Preparando clases

San Pablo, de El Greco.
     Los estudios que he realizado me dan el privilegio de leer con más provecho la Sagrada Escritura. Dos materias bíblicas me corresponden: "Corpus Paulino" y "Libros Poéticos y Sapienciales". Con afán he preparado mis clases para el día de mañana, en que me tocará explicar parte de la vida de San Pablo y el género epistolar.
     A propósito de esto, puse a mis alumnos a mencionar las trece cartas paulinas -advirtiendo que no entraríamos en conjeturas sobre la "verdadera autoría paulina" de algunas de ellas, pues, total, es una teoría-. No acertaron del todo..., pero confío en que al final del curso se lo sabrán, entre otras muchas cosas.
     En fin, es casi un "insulto" proponérselas, pero lo hago por si alguno no se las sabe.
Carta a los Romanos (Rm)
Primera Carta a los Corintios (1Co)
Segunda Carta a los Corintios (2Co)
Carta a los Gálatas (Ga)
Carta a los Efesios (Ef)
Carta a los Filipenses (Flp)
Carta a los Colosenses (Col)
Primera Carta a los Tesalonicenses (1Ts)
Segunda Carta a los Tesalonicenses (2Ts)
Primera Carta a Timoteo (1Tm)
Segunda Carta a Timoteo (2Tm)
Carta a Tito (Tt)
Carta a Filemón (Flm)