Mostrando entradas con la etiqueta anécdotas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta anécdotas. Mostrar todas las entradas

miércoles, 21 de febrero de 2018

Santa Teresa de Calcuta y la oración

Transcribo este texto del Card. Angelo Comastri que escribió en un libro suyo ("Dio scrive dritto") y que es recogido por el Card. Robert Sarah en su libro "La Fuerza del Silencio" (n. 55). Estamos en Cuaresma y es lógico tratar sobre la oración, en esta ocasión, relacionada con la figura de la querida y recordada Madre Teresa de Calcuta. Así escribe el Card. Comastri sobre su propia experiencia, recordando su tiempo de sacerdote joven:

Llamé por teléfono a la casa general de las hermanas misioneras de la caridad para entrevistarme con la Madre Teresa de Calcuta, pero la respuesta fue tajante: Imposible ver a la Madre: sus compromisos no se lo permiten. De todas formas me presenté allí. La hermana que vino a abrirme me preguntó amablemente: ¿Qué desea? Querría ver un momento a la Madre Teresa. Ella me contestó sorprendida: ¡Cuánto lo siento! No puede ser... No me moví de allí, dándole a entender que no me iría sin haber visto a la Madre Teresa.

La hermana desapareció durante unos instantes y regresó acompañada de la Madre, quien me invitó a sentarme en una salita próxima a la capilla. En el entretanto, pude reponerme un poco y conseguí decir: Madre, soy sacerdote muy joven: ¡estoy dando mis primeros pasos! Venía a pedirle que me acompañe con su oración. La Madre me miró tierna y dulcemente y, sonriendo, me dijo: Siempre rezo por los sacerdotes. Rezaré también por usted. Luego me tendió una medalla de María Inmaculada, la depositó en mi mano y me preguntó: ¿Cuánto tiempo dedica usted al día a la oración? Me quedé sorprendido y algo desconcertado. Después de hacer memoria, repuse: Madre, celebro misa todos los días, todos los días rezo el breviario. Como bien sabe, ¡en nuestra época esto es una heroicidad! [era 1969]. También rezo todos los días el Rosario y lo hago con gusto, porque lo aprendí de mi madre. La Madre Teresa apretó con sus manos rugosas el rosario que llevaba siempre consigo; luego clavó en mí aquellos ojos llenos de luz y de amor y me dijo: No basta con eso, hijo mío. No basta con eso, porque el amor no puede reducirse al mínimo indispensable: ¡el amor exige el máximo!

En ese momento no entendí las palabras de Madre Teresa y, casi justificándome, contesté: Madre, en realidad lo que quería preguntarle era qué actos de caridad hace usted. Inmediatamente, su rostro se volvió severo y la Madre me dijo con voz firme: ¿Cree usted que yo podría vivir la caridad si no le pidiera cada día a Jesús que llene mi corazón de su amor? ¿Cree usted que podría recorrer las calles en busca de los pobres si Jesús no comunicara a mi alma el fuego de la caridad? Me sentí muy pequeño... 

Miré a la Madre Teresa con honda admiración y el deseo sincero de penetrar en el misterio de su alma, tan llena de la presencia de Dios. Ella, subrayando cada una de sus palabras, añadió: Lea atentamente el evangelio y verá cómo también Jesús, por la oración, sacrificaba la caridad. ¿Y sabe por qué? Para enseñarnos que sin Dios somos demasiado pobres para ayudar a los pobres. En esa época veíamos a muchos sacerdotes y religiosos abandonar la oración para hacer una inmersión -así lo llamaban- en el campo social. Las palabras de la Madre Teresa fueron para mí como un rayo de sol; y en mi fuero interno repetí lentamente: Sin Dios somos demasiado pobres para ayudar a los pobres.

viernes, 29 de septiembre de 2017

Bautismos de emergencia

Foto con fines figurativos.
Quien me lo pidió, me puso una cara de súplica, que me convenció con facilidad. Un alumno me pidió hoy por un niño que estaba en el hospital y que un amigo suyo le había pedido buscar un sacerdote para bautizar a su hijo, puesto que el estado clínico estaba mal. Fuimos casi inmediatamente al hospital Roosevelt, en la zona 11 de la Ciudad Capital.

El niño estaba en el área de cuidados especiales. Ingresamos al área los padres del niño y yo: nos pusieron bata, pues es una zona restringida. Los padres estaban afectados, por supuesto.

Celebramos el rito de bautismo pero con cierta agilidad, pues no podíamos permanecer mucho tiempo allí. Derramé sobre la cabeza del niño apenas unas gotas de agua. Bautizamos al niño con el nombre de José Emmanuel. A los padres exhorté para que confiaran en Dios y que la fe, en tales circunstancias, siempre es un punto de apoyo fuerte. En efecto, quien me acompañaba me comentó que la madre del niño asistía a la iglesia con regularidad: de hecho, el padre estaba más conmocionado que la mamá.

Al terminar de bautizar al niño, casi despidiéndome, le comenté a una de las que atendía, no sé si médico o enfermera, señalando a uno de los niños: "Se ve muy mal. ¿Qué posibilidad tiene de sobrevivir?" Me dijo: "sólo un milagro lo puede salvar". Entonces me aventuré a preguntar si podía bautizarlo, en vistas de que podía morirse. Al punto se acercó una compañera y ambas me dijeron: "aprovechando, allá también tenemos otro que necesita el bautismo".

Bauticé al primero, recién nacido, a quien le puse el nombre de José, pues no tenía nombre asignado. Al bautizar al segundo, le pregunté a ambas asistentes: "Hoy celebramos a los Santos Arcángeles, ¿qué nombre creen que podríamos ponerle?" Como si se hubieran puesto de acuerdo, al unísono, dijeron: "¡Gabriel!"

jueves, 16 de febrero de 2017

Una conmovedora anécdota de gente sencilla y generosa

La gente más pobre y sencilla suele ser la más generosa...
    Érase una vez...

     No es un cuento, una historia inventada. Le sucedió a un joven que quería tener una experiencia de acercamiento a la gente indígena sencilla, para ver si Dios lo llama a un género de vida determinado, especialmente la sacerdotal. Vale decir que este joven se basta a sí mismo en la vida, que tiene una vida holgada.

     El párroco le pidió que vendiera unos números de rifa, a beneficio de la parroquia. Los premios eran modestos, regalos que al Padre habían dado para la actividad. Queriendo dar lo mejor de sí, nuestro amigo estaba muy entusiasta ofreciendo los números. Entre tantos, llegaron un par de ancianitos. Cuando ya se había aventurado a ofrecerles números, cayó en la cuenta de que eran gente sencilla, pobre, y que posiblemente no tendrían para los números.

     El ancianito llevaba consigo sólo unas moneditas, que no alcanzaban ni para comprar medio número. La señora abrió su monedero y apenas tenía un billete y dos moneditas. Sacó el billete de cinco quetzales que tenía -el número valía dos quetzales- y se lo dio a su esposo diciéndole: "compra dos". Así lo hizo.

     La forma de la premiación era instantánea: se sacaba un papelito de la bolsa del vendedor y a ver si, con suerte, ganaba. Nuestro amigo le pidió a Dios con todo el corazón que, para gente tan desprendida y generosa, se llevaran un premio. El primer papelito que sacaron estaba en blanco. El segundo, vieron que tenía algo escrito; era un "Dios te bendiga"...

     Al amigo nuestrole rodaron por la mejilla unas lágrimas. Le quedó marcada la conmovedora anécdota y el ejemplo de generosidad en el corazón.

     Cada uno saque sus conclusiones.

lunes, 8 de agosto de 2016

Un fin de semana de pastoral parroquial en Escuintla

Fachada de la iglesia parroquial de La Democracia, Escuintla.
     En la Santa Misa acostumbro a encomendar al Obispo del lugar, en caso de que me encuentre fuera de la Diócesis, y a mi Obispo. El sábado y ayer lo estuve haciendo por Mons. Víctor Hugo Palma, Obispo de Escuintla, pues estuve atendiendo la parroquia de La Democracia. Qué alegría palpar la fe de la gente, que atiende siempre, escucha con fe, y recibe los sacramentos y la el Pan de la Palabra. ¿Será porque el párroco me dejó tan recomendado?

     Reitero que el calor agota, pero es saludable... El ambiente es muy alegre, además de sano, pues, me contaron, que gracias a Dios no hay hechos delictivos, el pan de cada día en nuestros pueblos.

     Conocí a Juana, a Manuel, a Rigo, quienes ayudan al P. Tito, el todavía actual párroco. También saludé a muchas otras personas que me preguntaron: "¿usted es el que se va a venir a quedar, Padre?" Y, uno, se siente alagado por la aceptación -acaso uno se lo cree...-.

     Para finalizar mi día allí, después de celebrar la Santa Misa, corrí a darle la Unción a una señora que estaba agonizando. Lastimosamente, ya había fallecido cinco minutos antes: le di la Unción bajo condición. Y me dije: "ojalá no hubieran dejado de último llamar al sacerdote". Dios guarde el alma de Reina, que así se llamaba la fallecida. Hoy la he encomendado en Misa.

     Con gente tan buena, dan ganas de regresar a la parroquia. ¿Por qué siempre me sucederá así? Es que en todas partes hay gente tan buena.

martes, 5 de abril de 2016

Los sacerdotes también rezamos...

     Hoy por la tarde estaba saliendo de hacer un rato de oración de la capilla de adoración perpetua que hay acá, junto al Seminario. Había dado el Obispo la bendición con el Santísimo.

     Cuando pasé saludando al Obispo, el sacristán, que estaba con él, me comentó: "al fin le vemos con frecuencia por aquí". Yo le respondí que nuestra capilla del Seminario estaba en remodelación. Y le comenté, gracioso: "no creás que no he estado rezando". A lo que Mons. Raúl contestó: "¡Claro! Si no, no se hubiera mantenido en pie".

     Es cierto, un sacerdote sin oración no podría subsistir, o no sería coherente con su vocación. Lo mismo que cualquier cristiano. Y me recuerdo con frecuencia de las palabras de Santa Teresa: "El que no hace oración, no necesita demonio que le tiente para que caiga".

lunes, 23 de noviembre de 2015

Pequeños milagros...

    Estaba con tanta prisa intentando llegar a las necesidades perentorias, que pedí prestado un carro para ir a hacer la diligencia urgente. En las prisas, no caí en la cuenta de todos mis movimientos y tuve un descuido. Lo cierto es que, cuando iba a medio camino de regreso a donde debía llegar, siendo la necesidad tan urgente, que se me ahogó el carro. Es decir, por el seguro que tiene el carro, dejó de pasar la gasolina al motor y se me apagó. Una y otra vez intenté arrancarlo pero sólo daba el estarte y no pasaba a más. ¿Qué hacer? Vi la batería, desconociendo lo que podría ser y con mis escasícimos conocimientos de mecánica... 

     Me detuve en pensar en mis posibles soluciones, habiendo intentado arrancar el carro y habiendo intentado llamar infructuosamente a mis posibles auxiliadores... Me detuve y le recé con mucha fe al Ángel de la Guarda. Le di al estarte nuevamente y..., ¡bingo!, arrancó. Le agradecí al Ángel de la Guarda el favor y me fui pronto a cubrir la necesidad... Pequeño pero claro milagro.

     Una anécdota más. Hoy, bajando del carro para entrar a la iglesia, se me acercó un trabajador que estaba distribuyendo producto para las tiendas. Se acercó y me tendió dos paquetes de jugo de frutas. Me dijo: "Padre. Buenas tardes. Uno para usted y uno para el P. Celvin". Tardé algún segundo para reaccionar. Le agradecí, deseándole las bendiciones de Dios.

    En todas partes hay gente buena.

     Ahora, unos días de descanso con la familia, que nos vendrán bien, después de los días que Dios nos regaló para celebrar a mis papás, quienes han estado muy contentos.

lunes, 25 de mayo de 2015

El crucifijo, signo de la presencia de Dios


     ¿Reconocen la Cruz de la imagen? Es un tanto peculiar: en vez de un crucificado tiene un Buen Pastor, con multitud de ovejas, una al hombro. Arriba, el Espíritu Santo, que está siempre en el trabajo de la Iglesia y la salvación de las almas.

     Le he tomado esta imagen a la que, hace algunos meses, unos amigos me la regalaron. Mide apenas 4 cms. de alto. La llevo en la bolsa siempre, y me ayuda a tener presencia de Dios cuando trabajo. La recibí con agradecimiento, pues es muy práctica para portar, y la imagen tiene un maravilloso significado, adecuado para un sacerdote.

     Sin embargo, un tiempo después me fijarme en la foto del Papa Francisco que tengo en la oficina, me di cuenta, sorprendido, de que es la misma que el Papa lleva. Con lo despistado que a veces soy, entonces comprendí la dedicatoria de quien me la regaló. Así, me ayuda a encomendar también al Santo Padre.

     Cuentan que en una ocasión, a Mons. Fuentes, al ver su cruz pectoral, le hicieron este comentario: "Monseñor: qué bonita cruz tiene", a lo que respondió: "Sí, pero es muy pesada"... Los obispos lo dirán...

lunes, 16 de marzo de 2015

Comenzar y recomenzar...

     He estado estudiando un poco más la Sagrada Escritura, pues me sirve para dar clases. En particular, estudiaba el Sal 78, salmo maravilloso que cuenta parte de la historia del pueblo de Israel, cómo Dios ha sido siempre fiel y, en cambio, el pueblo de Israel no lo ha sido siempre...

     Pero, pienso en mi vida y veo que me pasa lo mismo. No sé si ustedes logran aplicárselo también.

     Recientemente, una persona amiga ha tenido gran detalle conmigo al regalarme un burrito, el de las imágenes que pongo abajo. Y pienso que mi vida es como la de este burrito. Me contaba la persona que me lo regaló que, cuando ya me lo iba a entregar, la carga se le cayó. Hubo de llevárselo al artista que lo hizo para que, nuevamente, le pusiera la carga.

     Aun me recuerdo del día en que me lo regaló, yo lo recibí muy contento. Con el regalo venía todo el aprecio que me tiene esta persona amiga.

     Me recuerdo que, orgulloso, se lo mostré a mis colegas sacerdotes, aquí en el Seminario. Después de eso, me recuerdo, me lo traje a la oficina. Cosas que pasan: mientras venía por el pasillo, por inclinarme a recoger algo que estaba en el suelo, me descuidé y dejé caer involuntariamente el pobre burrito al suelo... Pobre burrito... Se le ha caído la carga que llevaba. Desde entonces, sin lograr dedicarle el tiempo que debería, la carga está sobre su lomo, pero sin estar del todo sujeta. Algunas veces, rozo la carga y se cae. Se la vuelvo a componer.

     La verdad, reflexionando sobre mi vida, especialmente en este tiempo de Cuaresma, se parece a la de la existencia de "mi" pobre burrito. A veces me dan ganas de tirar la carga, y la tiro de hecho. Pero, luego, después de reflexionar, veo que no tiene sentido y que no es solución, y me la vuelvo a poner. ¿Será que llegará un día en que ya no tendré carga? ¿Llegará un día en que la "carga" que me toca llevar estará, de verdad, sujeta a mis espaldas, sin que la tire ya; es decir, sin que tenga ya la cobardía de volver a "tirar la toalla"?

     Además de que me han asegurado de que, aunque tengamos ganas de ser fieles, aún así caeremos y necesitaremos confesarnos (levantaros) otra vez, también me han asegurado que después viene el gozo eterno. Aún más, ME HAN ASEGURADO DE QUE LLEVAR ESA MISMA "CARGA" YA ES UN GOZO, SI SE LLEVA POR Y CON CRISTO.

     Quisiera ser como este "mi" burrito: aunque a veces un poco "trompudo", quisiera también tener el optimismo que tiene: con la lucha joven, un trote alegre y con las orejas como antenas, contento bajo su pequeña carga, ayudando al que de verdad hace el trabajo.

Mi hermoso burrito, que me recuerda que a veces me porto como él, pero en el sentido peyorativo.

Más de cerca.

miércoles, 4 de marzo de 2015

De uniones de hecho y matrimonios...

     En la oscura noche, mientras estaba sentado en el puesto del piloto y la luz interior de la cabina encendida, mientras tenía encendido el motor y preparaba todo para emprender el viaje, tocaron a la ventanilla. No podía ver hacia afuera, pues estaba de noche. Desde luego, puesto que estaba cerca de casa, me aventuré a bajar el vidrio.

     Era una prima mía que, además de saludarme, quería consultarme algo, en similares términos: "Una amiga mía me preguntó sobre un caso concreto: un muchacho unió su vida a su 'amor' muy atrás. No se casaron ni por lo religioso ni por lo civil. Tras seis meses de unión se separaron. Ahora bien, ¿pueden casarse por la Iglesia en una segunda unión?"

     Y le expliqué que, como no había habido más que unión de hecho, sin compromiso ni civil ni religioso, podría hacerlo. Pero, le continué explicando, la Iglesia no "amarra" a nadie sin tomar en cuenta las posibles responsabilidades que haya adquirido anteriormente. De hecho, me comentó, este muchacho había estado "unido" sólo seis meses, cuando había tenido él apenas 16 años de edad, y que habían tenido un hijo... En fin...

     Ésta es una de entre varias conversaciones que sostuve hoy. Sin pretender dar lecciones canónicas sobre el tema -no es el cometido de este blog- u observaciones para resolver determinados asuntos, he querido reseñar esta ANÉCDOTA.

miércoles, 25 de febrero de 2015

La alegría de vivir

     Venía regresando de Guatemala Ciudad. La jornada de mi regreso suele ser un poco... entretenido, cansado. Cuando tienes poco tiempo para tomar aire, haciendo una cosa tras otra, suele cargarse el ánimo. De hecho, no sé ustedes, me he fijado un poco en el rostro de los viandantes y los encuentro algo serios, quizá por las prisas y las preocupaciones. A mí también me sucede. Y, con frecuencia, me digo: "esta persona tiene su propia vida, sus propias preocupaciones, su propia historia, que Dios conoce".

     Lo cierto es que, hoy, pasando por Chimaltenango, tuve que bajarme a recoger una encomienda. Cuando ya iba a subirme de nuevo al carro, tras acomodar una última cosa, alguien me gritó a lo lejos: "¡Padre!" Después de dejar lo que llevaba entre manos, me fijé: era una señora sencilla, medianamente madura, que llevaba puesto un sombrero de tela de color beige, e iba empujando un pequeño carruaje. Me saludó con un "buenas tardes".

     La señora acompañó esos saludos con una sonrisa limpia, respetuosa. Pero, lo que más me sorprendió es que, haciendo esto, continuaba cantando animada y alegremente a una voz perceptible en la calle bulliciosa. Francamente me dio envidia, de la buena: cantar, a esa hora de la tarde..., después de lo que uno haya podido vivir.

      Espero poder recordarme de esta anécdota cada tarde, todos los días, para tener el mismo espíritu alegre, sin ingenuidad, con espíritu sobrenatural.

miércoles, 28 de enero de 2015

De incógnito deportista...

     Es más alegre y motivador hacer las cosas en común con los de la familia, pero no siempre se puede. También en el tema del deporte, el espíritu competitivo te hace disfrutar del ejercicio; pero no siempre dispondrás del tiempo para hacerlo así. Por eso, en la medida de lo posible, hago un rato de deporte, aunque tenga que hacerlo solo.
     La semana pasada salí a correr un poco, camino a Panajachel (a tan siquiera al Segundo Mirador del Lago; algunos de los lectores conocerán el lugar); iba en traje de deporte, como es de suponer. Volviendo, haciendo el camino hacia arriba, me detuve a ayudar a unas señoras que, me parecía, necesitaban que les echara una mano para subir su leña sobre la cabeza, a la manera como lo hacen aquí las mujeres indígenas. Ellas, lo agradecieron, y comentaron entre sí, en lengua kaqchikel: "Wetaman rwäch. Re', Padre" (Le conozco; es Padre). Como de hecho lo comprobé en conversación con ellas, son de San Jorge La Laguna, pueblito cercano a acá.
     El lunes pasado fui de nuevo a correr un poco, al mismo sitio. Llegando al punto de inflexión, me detuve un momento para estirar músculos. Iba con lentes oscuros, para proteger los ojos que ya se resienten por el sol. Lo cierto es que, al detenerme, se acercaron cuatro niños, de entre cinco y ocho años. Se les vislumbraba en el rostro una cierta picardía... Intuí que se acercaron para pedir one dollar, como han aprendido a proferir. Pensaron que, al tener gafas de sol, podía darles algo. Pero, se llevaron gran sorpresa cuando les dije, en kaqchikel: Seqer. Man xix b'e' ta pa escuela? (Buenos días. ¿No fueron a la escuela?). Y nos pusimos a conversar de cosas triviales. Lo de pedir algo lo comprobé después, cuando se apareció, de verdad, un gringo por ese sitio...
     A ver mañana...

lunes, 28 de julio de 2014

En la visita a un enfermo

     No deja de causar sensación la sotana; cuando voy por la calle me quedan viendo… Algunos me saludan deferentes; la mayoría, no evita la curiosidad y me ven pasar con cierto descaro. Ya me voy acostumbrando y no les hago caso.
     La semana pasada, adrede, me la puse y me encaminé hacia el Hospital Roosevelt, en la Ciudad Capital, para atender a un enfermo. Me habían advertido que tendría dificultad en hacerlo, porque no dejaban ingresar al hospital a cualquier hora.
     “Disculpe, ¿podría entrar para ver a un enfermo?”, le pregunté al guardia del ingreso. Y me respondió con la misma amabilidad y con cierta seriedad: “¿Sabe en dónde se ubica?” Y le mostré las señas que me habían dado. “Esta dirección no existe –me dice–. Pregunte en información”.
      Uno de los que esperaba turno en información, al verme, me indicó con una sonrisa que pasara, cediéndome el puesto. Me resistí un poco a ese privilegio, pero me insistió, a lo que le agradecí deferentemente.
     El joven que atendía en información me dijo que no era hora de visita. “Yo no vengo a visitar a alguien –le dije–, vengo a prestar auxilio espiritual a una persona que lo ha pedido”. Al final, después de darme la información, me dijo que si el guardia del ingreso me dejaba pasar, que pasara. Gracias a Dios no hubo problemas. Me parece que me ayudó mi “matrícula” (es decir, la sotana).
     El joven paciente al que iba a atender, después de despertarlo con un leve movimiento en el brazo pues estaba dormido, me vio y esbozó una sonrisa. Estaba sorprendido y agradecido de que el sacerdote llegara a verle. Se confesó y le di la Unción. Aunque no le ayude a mejorar del edema pulmonar que padecía –o algo similar–, el espíritu estaba curado; confío en que también el cuerpo se cure, y pronto.
     Lo que no había indicado es el papel de la Providencia en este suceso. Estaba a cinco minutos de venirme hacia Sololá, después de la labor académica en el Seminario de La Asunción. A punto  ya de subirme al carro, me llamó un sacerdote, a quien le habían pedido el favor. Él estaba lejos del lugar, por lo que pensó en mí. Providencialmente, todavía estaba por allí. Luego, gracias a Dios, todo sucedió magníficamente bien. Dios lo compone todo…
     Me seguiré poniendo mi “matrícula”, ahora que tengo la alegría de una sotana nueva, gracias a una generosa bienhechora, a la que estoy muy agradecido.

sábado, 26 de abril de 2014

¡Se adelantó Matías! Anécdota de Jueves Santo

     Es una anécdota del Jueves Santo.
     Como ustedes saben, en la Misa de la tarde del Jueves Santo, en la Cena del Señor, se introduce el rito del lavatorio de los pies, recordando cómo Jesús, en la Última Cena, lavó los pies a sus apóstoles, enseñándoles a dar la vida por los demás, a practicar el mandamiento nuevo del amor.
     Como les había comentado, estuve celebrando “los Oficios” en la aldea La Canoa, Patzicía. Cuando comencé la celebración, sólo había diez “apóstoles”, todos mayores. Advertí, al comenzar, que si no lograban llegar los asignados, que dos de los acólitos serían “apóstoles”, por lo que empezaron a temer.
      Terminada la homilía, procedimos. Había llegado uno de los que faltaba. Entonces comenté que “Judas ya se había marchado”, por lo que se rieron todos. No había más remedio. Lancé la mirada al mayor de los acólitos y me dijo que no rotundamente… ¡Qué valiente! Entonces comprobé cómo los más pequeños son más obedientes e inocentes, pues me quedé viendo al más pequeño de unos 9 años, con rostro simpático, que, tras cierta insistencia, cedió. Le invité diciéndoles: “Ven, Matías…” Fue la nota simpática de la celebración.
     Dos horas más tarde de la santa Misa, el protagonista venía diciendo: “¡soy Zacarías!” Entonces le corregí diciéndole que era Matías, no Zacarías. Pero el padre, que venía acompañándole, no comprendía por qué. Entonces le expliqué que, habiendo faltado uno de los apóstoles en la celebración, la elección de Matías (cfr. Hch 1,21-26) —sustituto de Judas— se adelantó…
     Cuánto gocé de la hospitalidad y la piedad de los amigos de La Canoa. Se los agradezco. Les encomendaré.

jueves, 3 de octubre de 2013

Un bautismo de emergencia

     Anteayer tuve un día ajetreado, haciendo tantos “mandados” en la Capital, también celebrando...
     Una de las diligencias que me tocó hacer fue ir a ver a un niño en la Unicar (Unidad de Cirugía Cardiovascular de Guatemala), para bautizarlo, pues el lunes será intervenido del corazón. Les pido que lo encomienden, pues es una operación que reviste de cierto riesgo. Era la primera vez que iba a este centro; ya se imaginan, llegué tanteando la zona y adivinando el sitio donde debía encontrarme con la madre de la criatura.
     Al terminar de celebrar el Bautismo, se me acerca una de las enfermeras, la mayor de todas, con plante de jefa, para pedirme que les bendiga los locales de la unidad de pediatría, en donde estábamos. Francamente, me dio mucho gusto aparecerme por allí y que me reconociera la gente como sacerdote (menos mal que ahora ya no soy tan joven y no dudan de que ya esté ordenado...).
     Ya terminada la bendición me despedí de la madre del neófito y pasé saludando a una niña de unos diez años que estaba en cama, sufriendo por alguna enfermedad. Tampoco quise ser indiscreto, sólo pregunté alguna cosa para entablar conversación y asegurarles, a mamá e hija, que las encomendaría en la Santa Misa que celebraría más tarde, como de hecho lo hice.
     Hice, así, una buena obra. ¿Tiempo para las demás cosas? Dios multiplicó mi tiempo para llegar a todo, casi a todo...

martes, 26 de febrero de 2013

Un dicho popular: "lo mejor" es enemigo de "lo bueno"


     En varias ocasiones, mientras viajaba, me servía de audiolibros para aprovechar el tiempo y conocer algo más. Hoy he terminado de oír la biografía de Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein), la judía-alemana, discípula de E. Husserl, que murió mártir en los campos de concentración nazi.
     De lo que he escuchado, una anécdota me ha servido para argumentar algunas consideraciones propias. Se trata de cuando Edith y su madre caminan juntas conversando, después de la conversión al catolicismo de la primera. Su madre no aceptaba que su hija menor haya apostatado de su fe [judía]. Mayor golpe para ella sería cuando su hija le comunica que quiere ingresar en un convento y hacerse monja.
     Ambas caminaban juntas, después de asistir a un sermón en la sinagoga (Edith, para acompañar a su madre); habían escuchado el sermón magistral del rabino que sostenía que podía ser bueno ante Dios. Conversaban sobre ello. La madre le dice:
     -- Si se puede ser “buena” siendo judía, ¿por qué te hiciste cristiana?
     A lo que respondió Edith:
     -- Es BUENO, si no se conoce algo MEJOR…
     He leído muchas historias y cada vez me convenzo más de que los conversos, en tantas ocasiones, se toman más en serio su fe católica que los que siempre hemos vivido en la  Iglesia…

miércoles, 8 de agosto de 2012

Mi DPI en gestión

Espero que este amigo no se equivoque en asignación de carnets

     El día de ayer me llevé una gran sorpresa: cuando iba a recoger mi nuevo “carné” (DPI) de identificación, me dijeron que había problemas con su emisión. El problema es que, según el Tribunal Supremo Electoral, yo estaba muerto...
     “¡Pero..., mire..., estoy vivo...!”, le comenté, en gracia, a quien me atendía.
     Entonces me explicaron que el Renap (Registro Nacional de Personas) manejaba unos datos y el TSE (Tribunal Supremo Electoral) otros, y que no siempre coincidían. No valió mi objeción de que había votado en las pasadas elecciones hace medio año, lo que probaba que estaba vivo.
     Me han contado que estas dificultades son frecuentes, por el mal manejo de los datos. Pensé, en realidad, que la gestión iba a estar “viento en popa, a toda vela”, que no habría contratiempos, pero me ha tocado que esperar. Espero que no me cambien de nombre o de fotografía o...

miércoles, 4 de julio de 2012

Para leer con provecho la Biblia


    Ayer uno de mis alumnos me hacía el siguiente planteamiento: ¿cómo hacer para que no caiga en el subjetivismo a la hora de leer la Biblia?, es decir, ¿de qué forma puedo estar prevenido de hacer decir al texto bíblico lo que llevo yo en mi cabeza, es decir, como dice el dicho: “llevar el agua a mi molino”?
    A este respecto, qué maravilloso y necesario es la “lectio divina”, la lectura orante de la Palabra de Dios.
     Importante es, sin duda, pero ha de ir acompañada de la FORMACIÓN. Cada vez estoy más convencido de ello: que no podemos dejarlo todo a la “inspiración” del momento, que no puedo obligar al Espíritu a que me sople cada vez que yo me disponga a la lectura.
     Qué buen recurso es el Catecismo de la Iglesia Católica para ello, que es una interpretación de la Biblia (de hecho, la cita continuamente). Además, podemos seguir los pasos recios y rectos de los santos que interpretaron la Sagrada Escritura y la hicieron vida. En un tercer momento, un buen comentario de la Sagrada Escritura puede ofrecernos una pautas para captar mejor el sentido de lo que estamos leyendo.
     En último término, pues, está la interpretación personal. Además, al menos yo, soy un novato en este camino...

martes, 6 de diciembre de 2011

Acusación contra el rey Baltasar

     Me sugirieron esta idea y la pongo en el blog. Resulta que el rey Baltasar fue acusado de dar un caramelazo a una espectadora de la Cabalgata de Reyes. Este hecho, que reseña Zenit, sucedió en un juzgado de Huelva, España, que se declaró incompetente para juzgar al rey Baltasar, según un auto que se conoció la semana pasada.
     Los hechos denunciados ocurrieron durante la cabalgata de Reyes de 2010, cuando el rey Baltasar arrojó los caramelos con excesiva fuerza, según la mujer que le denunció, y uno de los caramelazos le produjo una lesión ocular. El juzgado de Huelva hace un breve auto de archivo de tres folios en el que entra en lo que podríamos llamar “el espíritu de la Navidad”, pues, con excelente sentido del humor, sigue el juego a la tradición de los Reyes Magos y sugiere que no podría juzgar a quien le ha colmado de regalos durante años.
     El magistrado reconoce que el rey Baltasar, junto a Melchor y Gaspar, "le han venido ofreciendo anhelados presentes cada día 6 de enero" desde que tiene uso de razón.
     Considera “que la persona denunciada no sea en realidad el propio rey Baltasar, sino otra, pues alguna duda puede suscitar a este respecto la denuncia cuando, tras resaltar en letra de gran tamaño y negrita que se dirige la acción penal contra el rey mago Baltasar, indica que se refiere a la persona que representa a la misma en la cabalgata del día 5 de enero”.
     También presenta dudas sobre su jurisdicción: “Si verdaderamente fuera el rey Baltasar la persona denunciada, podríamos encontrarnos ante uno de los supuestos de inmunidad de jurisdicción que impedirían la acción de los tribunales españoles”, por tratarse de un rey de otro lugar cuya situación se rige por convenios internacionales.
     El juez mantiene que se debería determinar su nacionalidad, ya que existe una clara polémica de dos mil años de duración sobre “su verdadero país de origen”. “De este modo, solo conociendo su nacionalidad, aplicando las reglas del Derecho Internacional Público, podría dilucidarse a qué jurisdicción y a qué órgano judicial, dentro de la misma, correspondería instruir”, añade.
     Al final, el juez afirma que el caso entra en los riesgos que asumen los participantes en determinados eventos como: el espectador de un partido de fútbol, un corredor en las Fiestas de San Fermín, que “asume voluntariamente el riesgo, real y conocido, de que el toro le alcance”. Eso es lo que se conoce en Derecho como "riesgo permitido", lo que excluye cualquier responsabilidad penal.
     “No es concebible una cabalgata de Reyes Magos sin que en la misma se arrojen caramelos a los espectadores desde cada una de las carrozas, del mismo modo que no se puede concebir una fiesta de carnaval sin disfraces. Podríamos decir que va de suyo”, añade el juez.
     Y aconseja a la demandante que acuda a la jurisdicción contencioso-administrativa, ya que es la Administración (en este caso, el Ayuntamiento) la que organiza la cabalgata y la provee de caramelos. Por tanto, el magistrado decidió sobreseer el caso.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Humildad, ciencia, Rosario: una anécdota

     Para celebrar a la Nuestra Señora del Pilar, una anécdota sobre el Rosario. La siguiente anécdota es aleccionadora, candorosa, clara. ¿Saben de quién se trata?
     A fines del siglo XIX en Francia, viajaba en el tren un señor de cierta edad que en su asiento aprovechaba rezar el Santo Rosario, sosteniéndolo entre las manos. Al lado, un joven leía concentradamente un libro voluminoso, pero sin dejar de fijar la vista cada tanto en el Rosario que llevaba este señor. hasta que, tal vez de no aguantarse más, el joven le dirigió la palabra comenzándole a hablar acerca de las maravillas de los avances científicos de la época, los grandes descubrimientos de la ciencia, que ya permitían explicar la creación y los misterios de la vida sin necesidad de creencias religiosas o míticas; de cómo en lugar de estar perdiendo el tiempo rezando y creyendo en supercherías, podría instruirse por ejemplo, a través de libros como los que él iba leyendo, que explicaban todas estas cosas. El señor mostró interés en lo que le decía, pero no quería dejar sin terminar su Rosario. entonces acordaron que el joven le prestaría uno de sus libros, dejándole su dirección para que se lo devolviera.
     Un tiempo después, el joven recibió un paquete, que además del libro que había prestado, traía una nota de agradecimiento que decía: --Le agradezco mucho el haberme prestado este libro, que me ha servido mucho para aprender, y lo he encontrado muy interesante. Sin embargo, por nada del mundo dejaría de rezar mi Rosario todos los días. Firmado: Luis Pasteur. Instituto de Investigaciones Científicas de París.

martes, 11 de octubre de 2011

No al aborto: el caso de Steve Jobs

      Hace algunos días falleció Steve Jobs, cofundador de Apple, empresa que tiene como logotipo la famosa manzanita con un mordisco. En un discurso suyo en la universidad de Stanford, en 2005, cuenta que su madre biológica no la quería tener, por lo que, al menos, decidió darlo en adopción una vez que nazca. Menos mal no pensó en abortar...


     Más allá de los partidismos que algunos predican de la figura de Apple y Jobs –estos “predicadores” sabrán más cosas que nosotros- vean esta caricatura simpática que le hicieron, recordando al protagonista de los medios de comunicación de la semana pasada. Es una caricatura de un diario holandés.