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lunes, 9 de enero de 2017

En la fiesta del Bautismo del Señor

    Ayer celebramos la solemnidad de la Manifestación del Señor a todos los pueblos (Epifanía), representados en los Magos de Oriente que llegaron para adorarle. Hoy celebramos, como conclusión de las fiestas de Navidad, la fiesta del Bautismo del Señor.

    Leía de un autor espiritual que el sacramento del Bautismo que recibimos, nos ha hecho hijos de Dios, capaces de una relación de intimidad y de amor con Él, que ya no somos sólo creaturas sino hijos de Dios.

     Y me recordé de una catecúmena que bauticé recientemente: llevaba varios años de estar unida sin casarse con su esposo. Pero con la particularidad de que había crecido en una iglesia evangélica y quería bautizarse. Después de formarse para recibir los sacramentos, en una misma celebración eucarística recibió los sacramentos del Bautismo, Confirmación, Eucaristía y Matrimonio.

     ¿Pueden imaginarse lo que sucede en el alma de alguien que es bautizado? No sólo la limpia Dios sino que la inunda de su Presencia Santísima. Dios la dispone de tal manera que Él se siente feliz en esa alma. Y esa Presencia divina está llamada a afianzarse y crecer.

     Insisto: en vez de celebrar nuestro cumpleaños, deberíamos celebrar nuestro Bautismo. O celebramos los dos...

martes, 27 de octubre de 2015

¿Hijo de Dios?

     No me refiero a Jesucristo, directamente, sino A TI Y A MÍ.

     Hoy leímos en la Misa Rm 8,18-25: allí se nos dice con claridad de que somos "hijos de Dios". Lo sabes, pero a veces se nos pasa y lo olvidamos. Pueden leer estas citas: Jn 1,12; 8,42; Rm 8,15.17; Ga 3,26; 2P 1,4; 1Jn 3,1-2; etc.

     Hoy consideraba cuán grande es Dios y a qué tan gran dignidad nos ha elevado que seamos en verdad hijos de Dios (cfr. 1Jn 3,1-2). ¿Cuál es la dignidad del hombre? La Biblia lo dice por activa y por pasiva.

     Según Sal 8, Dios nos hizo poco inferior a los ángeles. Pero, los ángeles no pueden ser llamados, en sentido estricto, hijos de Dios, como lo es el bautizado. Además, ¿acaso pueden comulgar los ángeles y lograr tal grado de comunión con Dios?

      Dios está siempre con nosotros y es VERDADERAMENTE PADRE nuestro. Puedes leer aquí lo que dice San Josemaría.

      A ver si esto te levanta un poco el ánimo, aunque quizá no lo necesitas tanto...

jueves, 9 de julio de 2015

"Dios me quiere y me cuida"

     Me encontré con este rótulo en el FB, una persona amiga lo había enlazado. Y me vino a la cabeza las cosas que, últimamente, he intentado poner en la mente de mis alumnos, sobre la "teología de la historia". Es decir, Dios se ha metido y dirige providentemente la historia.

      ¿Habrá algo que Dios no conozca o escape de su mano? ¿Sucederán las cosas por casualidad o coincidencia? ¿En verdad no existe la "suerte"? Si Dios lo conoce y lo puede todo, y yo soy su hijo/a, ¿qué podría temer o dudar?

     Ciertamente, hay que tener fe y tener trato con Dios para que la lógica de este razonamiento funcione. "Señor, creo pero ayuda mi incredulidad? (Mc 9,24)

miércoles, 10 de abril de 2013

Entrañable catequesis del Papa Francisco en este miércoles


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!:
     En la última Catequesis, nos hemos centrado en el acontecimiento de la Resurrección de Jesús, en el que las mujeres tuvieron un rol particular. Hoy me gustaría reflexionar sobre su significado salvífico. ¿Qué significa la Resurrección para nuestra vida? ¿Y por qué sin ella es vana nuestra fe? Nuestra fe se basa en la muerte y resurrección de Cristo, así como una casa construida sobre los cimientos: si éstos ceden, se derrumba toda la casa.
     En la cruz, Jesús se ofreció a sí mismo tomando sobre sí nuestros pecados y, descendiendo al abismo de la muerte, es con la Resurrección que la vence, la pone a un lado y nos abre el camino para renacer a una nueva vida. San Pedro lo expresa brevemente al comienzo de su Primera carta, como hemos escuchado: "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien por su gran misericordia, mediante la Resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha reengendrado a una esperanza viva, a una herencia incorruptible, inmaculada e inmarcesible" (1,3-4).
     El Apóstol nos dice que con la resurrección de Jesús llega algo nuevo: somos liberados de la esclavitud del pecado y nos volvemos hijos de Dios, somos engendrados por lo tanto a una vida nueva. ¿Cuando se realiza esto para nosotros? En el Sacramento del Bautismo. En la antigüedad, este se recibía normalmente por inmersión. El que sería bautizado, bajaba a una bañera grande del Baptisterio, dejando sus ropas, y el obispo o el presbítero le vertía por tres veces el agua sobre la cabeza, bautizándolo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
     A continuación, el bautizado salía de la bañera y se ponía un vestido nuevo, que era blanco: había nacido así a una vida nueva, sumergiéndose en la muerte y resurrección de Cristo. Se había convertido en hijo de Dios. San Pablo en la Carta a los Romanos dice: "Ustedes han recibido un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace exclamar:" ¡Abbá, Padre!" (Rm 8,15).
     Es el mismo Espíritu que hemos recibido en el bautismo que nos enseña, nos impulsa a decir a Dios: "Padre", o más bien, "Abbá", que significa "padre". Así es nuestro Dios, es un padre para nosotros. El Espíritu Santo suscita en nosotros esta nueva condición de hijos de Dios. Y esto es el mejor regalo que recibimos del Misterio Pascual de Jesús. Es Dios que nos trata como hijos, nos comprende, nos perdona, nos abraza, nos ama aún cuando cometemos errores. Ya en el Antiguo Testamento, el profeta Isaías dice que aunque una madre pueda olvidarse del hijo, Dios nunca nos olvida, en ningún momento (cf. 49,15). ¡Y esto es hermoso!
     Sin embargo, esta relación filial con Dios no es como un tesoro que guardamos en un rincón de nuestras vidas, sino que debe crecer, debe ser alimentado cada día por la escucha de la Palabra de Dios, la oración, la participación en los sacramentos, especialmente de la Penitencia y de la Eucaristía, y de la caridad. ¡Podemos vivir como hijos!
     Y esta es nuestra dignidad tenemos la dignidad de hijos. ¡Comportémonos como verdaderos hijos! Esto significa que cada día debemos dejar que Cristo nos transforme y nos haga semejantes a Él; significa tratar de vivir como cristianos, tratar de seguirlo, a pesar de nuestras limitaciones y debilidades. La tentación de dejar a Dios a un lado para ponernos al centro nosotros, siempre está a la puerta y la experiencia del pecado daña nuestra vida cristiana, nuestra condición de hijos de Dios.
     Por eso debemos tener la valentía de la fe y no dejarnos llevar por la mentalidad que nos dice: "Dios no es necesario, no es importante para ti", y otras cosas más. Es justamente lo contrario: solo comportándonos como hijos de Dios, sin desanimarnos por nuestras caídas, por nuestros pecados, sintiéndonos amados por Él, nuestra vida será nueva, inspirados en la serenidad y en la alegría. ¡Dios es nuestra fuerza! ¡Dios es nuestra esperanza!
     Queridos hermanos y hermanas, antes que nada debemos tener  bien firme esta esperanza, y debemos ser un signo visible, claro y brillante para todos. El Señor resucitado es la esperanza que no falla, que no defrauda (cf. Rm 5,5). La esperanza no defrauda. ¡Aquella del Señor! ¡Cuántas veces en nuestra vida las esperanzas se desvanecen, cuántas veces las expectativas que llevamos en nuestro corazón no se realizan! La esperanza de nosotros los cristianos es fuerte, segura y sólida en esta tierra, donde Dios nos ha llamado a caminar, y está abierta a la eternidad, porque está fundada en Dios, que es siempre fiel.
     No hay que olvidarlo: Dios es siempre fiel; Dios es siempre fiel a nosotros. Estar resucitados con Cristo por el bautismo, con el don de la fe, para una herencia que no se corrompe, nos lleva a buscar aún más las cosas de Dios, a pensar más en Él, a rezarle más. Ser cristiano no se reduce a seguir órdenes, sino que significa estar en Cristo, pensar como él, actuar como él, amar como Él; es dejar que él tome posesión de nuestra vida y que la cambie, la transforme, la libere de las tinieblas del mal y del pecado.
     Queridos hermanos y hermanas, a los que nos piden razones de la esperanza que está en nosotros (cf. 1P 3,15), señalemos al Cristo Resucitado. Señalémoslo con la proclamación de la Palabra, pero sobre todo con nuestra vida de resucitados. ¡Mostremos la alegría de ser hijos de Dios, la libertad que nos da al vivir en Cristo, que es la verdadera libertad, la que nos salva de la esclavitud del mal, del pecado y de la muerte!
     Miremos a la Patria celeste, tendremos una nueva luz y fuerza aún en nuestras obligaciones y en el esfuerzo cotidiano. Es un valioso servicio que le debemos dar a nuestro mundo, que a menudo ya no puede mirar a lo alto, que no es capaz de elevar la mirada hacia Dios.

viernes, 1 de febrero de 2013

Tú y yo debemos evangelizar

     Jesucristo vino a traer la salvación a cada hombre. Ésta es una verdad tan elemental de la fe cristiana.
    Cada día, en mi dosis de evangelio, percibo que Jesús vino a predicar y obró muchos milagros. Ante tamaña evidencia, todos le hubieran seguido y se hubieran salvado. Pero -quizá te hayas preguntado alguna vez-: ¿por qué es que no todos en su tiempo recibieron su palabra?, ¿por qué hubo muchos indiferentes a sus requerimientos, incluso algunos le traicionaron? Con su poder -quién mejor- hubiera podido obrar la salvación de todos.
     Hoy he leído unas palabras aclaradoras, al respecto: "En sus manos está la posibilidad de que todos caigan rendidos a sus pies, porque ninguna criatura puede resistirse a su poder; pero entonces no respetaría la libertad que Él mismo nos ha concedido. Dios no quiere vencer por la fuerza, sino convencer por el amor, contando con la colaboración libre y entusiasta de otras criaturas, sin pasar por alto que al Maestro le interesan las multitudes, las personas, los desorientados como ovejas sin dueño. No quiere imponer despóticamente su Verdad, pero tampoco se queda indiferente ante la ignorancia de las personas o las desviaciones morales; y por eso, de la boca del buen padre de familia que invita al banquete, brota la indicación: sal a los camino y a los cercados, y obliga a entrar, para que se llene mi casa (Lc 14,23): compelle intrare!"
     ¿Te das cuenta que necesita de ti?

miércoles, 1 de junio de 2011

Evangelio del día

Jn 16,12-15. “Muchas cosas me quedan por decirles, pero no pueden cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la Verdad, los guiará hasta la verdad plena”. Y ¿hay algunos que quieren encerrar la Verdad en su cabeza? A veces no comprendemos por qué hace Dios esto o aquello, o por qué lo hace de determinada manera, o por qué permite una desgracia. Él sabe más. Pero siendo como es, nuestro Padre, todo lo permite para nuestro bien.

     Ahora bien, ¿puede el hombre desanimarse con su límite escaso de conocer los designios de Dios? No. El Espíritu Santo nos guiará hasta las profundidades del misterio de Dios.