Mostrando entradas con la etiqueta Providencia divina. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Providencia divina. Mostrar todas las entradas

sábado, 1 de abril de 2017

"Voy a saludar a Dios"

     Me encantó este video corto, que habla de la inocencia de los niños y de la caridad como camino para encontrar a Dios. Los créditos del corto están al final.

jueves, 9 de julio de 2015

"Dios me quiere y me cuida"

     Me encontré con este rótulo en el FB, una persona amiga lo había enlazado. Y me vino a la cabeza las cosas que, últimamente, he intentado poner en la mente de mis alumnos, sobre la "teología de la historia". Es decir, Dios se ha metido y dirige providentemente la historia.

      ¿Habrá algo que Dios no conozca o escape de su mano? ¿Sucederán las cosas por casualidad o coincidencia? ¿En verdad no existe la "suerte"? Si Dios lo conoce y lo puede todo, y yo soy su hijo/a, ¿qué podría temer o dudar?

     Ciertamente, hay que tener fe y tener trato con Dios para que la lógica de este razonamiento funcione. "Señor, creo pero ayuda mi incredulidad? (Mc 9,24)

martes, 12 de agosto de 2014

En la boda de su hija...

     Cuando un hijo se va de casa —lo he escuchado de mis papás—, se va un trozo del corazón con ellos. Eso, con cada hijo.
     Me encanta el desparpajo con que se expresa este papá entregando a su hija en el día de su boda. ¡Cuánto quería a su hija!

miércoles, 14 de mayo de 2014

La Providencia de Dios hoy

Rut y Noemí. Su historia nos enseña que Dios nunca desampara a sus hijos.
     Hoy me levanté a una hora prudente para un día de trabajo. Después del aseo personal, tratando ya de tener muy presente a Dios, le dediqué a Dios un buen rato para conversar con él. Tenía mi vida como muy de frente, en la presencia de Dios. Fue una conversación íntima, real…
      Después de desayunar me dediqué a dar mis clases sobre Biblia, en el Seminario de La Asunción. Esta vez expliqué el libro de Rut. De entre las muchas lecciones y notas que se hacen en su estudio, una de líneas teológicas del libro que me encantó es la de la Providencia Divina que vela por el cuidado de los más desfavorecidos. Pero, comparándolo, veíamos mis alumnos y yo que Dios ya no actúa en ese entonces como en época más antigua, cuando hacía notar su poder con milagros y portentos. Ya en la época posterior, al menos en la del autor, Dios actúa de forma más callada, humilde, casi de manera imperceptible, pero siempre activamente.
     Dios actúa ahora de esta manera. Lo vi en el muchacho que me atendió hoy en la gasolinera —que, al comentarle que en ese lugar él me parecía “nuevo”, me contó que  hoy era su primer día y que estaba de prueba; le deseé que pueda conseguir ese trabajo—; en el dependiente que me atendió muy deferentemente; en mi familia que estaba ahora reunida por una intención; en las personas que, sea o no su encargo, nos sirven; en la pobre y anciana señora a quien saludé en el camino y le ofrecí una sonrisa —ella me lo agradeció efusivamente—; en…, en fin…
     ¡Si nos diéramos cuenta que por medio de todo y de todos nos habla Dios!
     ¡Dios no se equivoca! Es lo que estuve pensando hoy, meditando sobre la vocación y elección de Matías, cuya fiesta celebra hoy la Iglesia.

domingo, 9 de marzo de 2014

"Sus obras los acompañan"

     Las personas vienen y se van, todo y todos pasamos. Nuestro presente es un instante en el transcurrir de la historia. ¿Qué sentido tiene, entonces, que nos esforcemos?
     Todo en nuestra vida, también las situaciones más duras de nuestra existencia, tienen su sentido: nos educan, nos ofrecen la oportunidad para buscar y unirnos más a Dios. Pero, a veces, ¡qué difícil es!
     Hoy he vuelto a ver la película de “Juan XXIII. El Papa de la paz”, al menos la primera parte. La figura bondadosa y fuerte, a la vez, abandonado en la Providencia, me resulta muy atractiva. Un hombre sin ambiciones humanas, que anhela sólo cumplir la Voluntad de Dios. ¡Cómo quisiera parecerme algo a él! Y pronto será canonizado.
     ¿Dejar recuerdo? Para los hombres, los que sólo tienen miras humanas y no sobrenaturales, cómo vale el recuerdo, pero qué poco beneficia al recordado. Si tan sólo Dios nos “recuerde” cuando dejemos este mundo —una forma tan poco acertada de expresar—; así será, Dios mediante, pues Él se interesa por nosotros, nos ama tanto.
     Quiero recordar ahora al señor Adolfo Marroquín, papá del P. Fito, que nos ha dejado hoy y, confiamos, ha partido para el Cielo. Mi más sentido pésame para el P. Fito y su familia. Así también de la “Hermana Inmaculada”, una monja estadounidense que entregó su vida a Dios, su misión y a los pobres en el Novillero, Santa Lucía Utatlán, y que ayer concluyó su carrera, llegó a la meta del Cielo.
      “Dichosos los muertos que mueren en el Señor. Desde ahora, sí (…), que descansen de sus fatigas, porque sus obras los acompañan”, dice el libro de los Salmos. Así es.

domingo, 2 de marzo de 2014

En la mirada de Dios

     Hoy he predicado otro retiro, aunque fue relativamente corto, esta vez a un grupito de señoritas que buscan tener un poco de vida interior. ¡Y lo van logrando!
     Hoy, al hilo de las lecturas de la Misa (leer aquí), les he predicado la meditación sobre la Providencia divina, esa divina y amorosa asistencia de Dios sobre cada uno.
      Me vino a la cabeza el ejemplo de la vida de Manuel García Morente, un filósofo español del siglo XX, que experimentó un “Hecho extraordinario”, una experiencia que él no se atreve a comparar a la de los grandes místicos pero que parece ser semejante.
      El hecho es que en su relación de cómo sucedió, va contando que, exiliado en Francia, intentó arreglar tantas cosas por su medio (trabajo, salida de la familia de la zona de conflicto —la guerra civil española—), pero todas las gestiones resultaron fallidas. En cambio, sin su intervención, se iban arreglando las cosas.
     Un filósofo siempre trata de dar explicación a todas las cosas. En ese intento de dar explicación a cómo se le arreglaba la vida, admitió que había un Poder ordenador de todas las cosas, al que llamó Dios. Pero, decía, era un Dios al que no se reza… Al fin, terminó por dar el salto a la fe, admitiendo que era un Dios providente que lo arreglaba todo sin su intervención.
     Luego de ello intentó rezar, pero, contaba, incluso el Padrenuestro había olvidado…
      Nuestro Dios, nuestro Padre Dios, cuida de los pajarillos y las flores del campo, y los cuida con tanto primor. Imagina cómo nos cuida Dios, que somos hijos suyos. ¡Hasta los pelos de nuestra cabeza los tiene contados!
      En Dios no valen las casualidades ni los despistes y olvidos. No improvisa —aunque le obliguemos tantas veces con nuestras “metidas de pata”—.
     Pueden leer aquí la bella reflexión que el Santo Padre nos ofreció en el rezo del Angelus, sobre el mismo tema de la Providencia.

miércoles, 26 de febrero de 2014

“Dios mediante...”

     “Dios mediante” o “Primero Dios” son expresiones coloquiales que todavía se usan por aquí. Me parecen expresiones de humildad y de confianza en la Providencia de Dios. Es la convicción de que Dios es el dueño de todo y que lo dirige para nuestro bien.
     Lo que nos queda, desde luego, es afanarnos el día de hoy por hacer lo que a Dios agrada, que es nuestra felicidad, y no preocuparnos enfermizamente por el mañana, el no hacer planes para el futuro sin contar con Dios.
     Esto me vino a la mente con suma facilidad, gracias a la primera lectura de la Misa de hoy (St 4,13-17; que pueden leer aquí), una parte de la cual dice lo siguiente: “Deben decir así: ‘Si el Señor lo quiere y vivimos, haremos esto o lo otro’”.

martes, 12 de febrero de 2013

Una Unción de emergencia


     Para Dios no hay casualidades. Aunque los hombres a veces se la ponemos difícil, siempre busca que nos salvemos.
     Ayer, mientras hacía mi entrada a la Ciudad Capital, el tráfico empezó a correr despacio. Al poco, me di cuenta que un carril habían bloqueado y el otro se estaba embotellando. Pero vi un cuerpo tendido en el asfalto.
     Recién había pasado me estacioné y bajé del carro para darle la Unción de los enfermos. ¿Cómo es que ahora sí llevaba el Óleo de los Enfermos? Incluso, al partir, me recordé que sería bueno llevarlo.
     Recién había sucedido el atropello y no habían llegado los bomberos a auxiliarlo. Me vieron llegar las dos o tres personas que estaban con el atropellado y me dijeron que aún estaba vivo. Me incliné sobre el pobre señor y le dije al oído que se recordara de Dios, que era sacerdote y que le daría la absolución y la Unción, como de hecho lo hice, de la forma más breve posible.
     Al terminar, todo en un instante, llegaron los bomberos y se lo llevaron.
     ¿Qué habrá sido de él? Estaba muy golpeado y no sé si sobreviviría. Confío en que le haya ayudado mi asistencia sacerdotal. He hecho el propósito de llevar siempre conmigo el Óleo de los Enfermos, quizá yo mismo lo vaya a necesitar... Estoy convencido de que a Dios no se le escapa nada.
     Por lo demás, seguimos rezando por el Santo Padre, ahora más unidos que nunca a él. ¿Especulaciones? De todos lados, fuera y dentro de la Iglesia, de aquellos que no son buenos hijos y que critican. Nosotros, rezaremos por Él.