Este corto lo dedico a un amigo mío, que tiene un amigo semejante al de la “peli”.
«Despacito y buena letra: / hacer las cosas bien / importa más que el hacerlas» (A. Machado)
lunes, 21 de junio de 2010
Geri's Game
Este corto lo dedico a un amigo mío, que tiene un amigo semejante al de la “peli”.
domingo, 20 de junio de 2010
Consagración de Navarra al Sagrado Corazón

sábado, 19 de junio de 2010
Ser sacerdote
En medio del dolor resulta menos arduo hablar-escuchar de Dios, entonces el hombre se siente más necesitado de quien le puede ayudar; si no es posible quitar el dolor o aliviarlo, lo que sí se puede es quitar o aliviar el alma con los Sacramentos y la oración.
La familia a la que acompañé con mi oración y con mis escasas y soñolientas palabras, estaba muy agradecida con el sacerdote. Les prometí que rezaría por el alma de su difunto padre en la Misa que celebraría pocas horas después y por ellos, familiares suyos.
jueves, 17 de junio de 2010
Sudáfrica 2010
miércoles, 16 de junio de 2010
El Santo Padre habla del celibato sacerdotal
En la vigilia con los sacerdotes, una de las preguntas fue sobre el significado del celibato en la vida sacerdotal.
No sorprende que el “tema” esté de moda. Pero sorprende que quienes abogan por la supresión de esta “norma” –más que norma es un don–, no sean los mismos sacerdotes sino un resto de gente –incluidos algunos sacerdotes con ideas fritas– que, evidentemente, le falta entender el hondo sentido de esta regalo de Dios.
Pregunta: Le pido humildemente, Santo Padre, que nos ilumine sobre la profundidad y el sentido auténtico del celibato eclesiástico.
martes, 15 de junio de 2010
San Josemaría, hombre de contrastes
La autora de "El hombre de Villa Tévere", Pilar Urbano, ofreció hace ya algunas semanas una conferencia en la Universidad de Navarra sobre San Josemaría. ¡Ella sí que sabe escribir! Les dejo con unas palabras suyas, escritas para un diario.Un protagonista de carne y hueso
A medida que exploraba, escena tras escena iba saliéndome al paso un protagonista de carne y hueso. Ciertamente, estaba ante un héroe cristiano; pero un héroe sin epopeya y sin aureola: un héroe de la cotidianidad, de lo común y corriente, de “lo tan real, hoy lunes”. Un héroe todoterreno. En cierto momento, incluso, creí estar simplemente ante un cura. Así lo decía él mismo al doctor Hruska, su dentista, cuando trajinando en sus maltrechas muelas le instaba “monsignore, quéjese, dígame si le hago daño”: “¡Haga, haga lo que necesite!” No se preocupe por mí ¡yo sólo soy …un cura!
Un cura sin parroquia, pero con feligresía por todo el planeta. Un cura chapado a la antigua quizá, con las devociones tradicionales de nuestros abuelos; pero tan anticipativo que, cuando expuso su doctrina en el Vaticano, le dijeron “llega usted con cien años de adelanto”. Un cura bienhumorado que llamaba a su sotana “esta funda de paraguas”: pero que cada mañana, al ir a ponérsela, la besaba. Un clérigo que se movía con más soltura por las calles de Madrid, de Roma o de Londres que entre rancias penumbras de sacristía. Un clérigo que, consciente de su ciudadanía civil, demandaba sus derechos con el aplomo de quien cumple sus deberes. Un clérigo paradójico que se definía “anticlerical”… por instinto de amor a la Iglesia.
O santo o rémora
No necesité romper ninguna estatua para tocar la humanidad del personaje que encaraba: un sacerdote que lo mismo se estremecía al consagrar el pan y el vino que al recibir las noticias de la invasión soviética de Checoslovaquia. Un hombre que en ocasiones firmaba al pie de sus cartas el pecador Josemaría y que, leyendo el periódico, lloraba por los pecados del mundo. Un buen pecador, pues. Alguien que se sabía herramienta deleznable –pero herramienta elegida y utilizada por Dios- para acometer una obra que le sobrepasaba. Alguien puesto en una escarpada disyuntiva: o era un santo, o era una rémora para su misión. Y a partir de ahí, una “determinada determinación” de que nada desviase su imparable impulso: hacer el Opus Dei para servir a la Iglesia y enloquecer de amor a Dios. Ése era mi personaje. Un santo. Un santo con sangre en las venas. Un hombre: tierra sagrada de miserias y de misterios. Un removedor de obstáculos. Un luchador en pie de guerra contra sí mismo. Un formidable mestizaje de barro y de gracia.
Los contrastes
Ahora bien, el hallazgo más inesperado fueron los contrastes. Cada vez que puse sobre mi escritorio una anécdota, una frase, una escena de la vida de Escrivá, supe que tenía delante los bornes terminales de unos hilos conductores: allí había una carga de electricidad… su talante, sus virtudes, sus actitudes vitales aparecían siempre en tándem de valores contrapuestos que, lejos de neutralizarse, generaban una tensión dinámica, o se enriquecían entre sí con gamas de matices, tornasoles, luces y sombras. El Escrivá brioso y emprendedor era a la vez un Escrivá enfermo en quien el alma tenía que tirar del cuerpo al final del día. El Escrivá alegre, bromista y con la canción a flor de labios era también el Escrivá asceta, mortificado y ayunador. El Escrivá que desarrollaba extenuantes jornadas de viajes sin un minuto de holganza, y para quien descansar significaba “trabajar en otra cosa”, era un Escrivá sin planning y sin reloj: “mi planning está en las manos de Dios”; “no necesito reloj: detrás de una cosa viene otra”; “no tengo tiempo de pensar en mí”. El Escrivá que subía a predicar a los escenarios, y cuyo magnetismo percutía y arrastraba muchedumbres, era el mismo Escrivá empeñado en su propio eclipse: “ocultarme, eso es lo mío: que sólo Jesús se luzca”.
Los contrastes que he observado en Josemaría Escrivá no se contrarrestan sino que cada uno realza a su valor opuesto y da garantía de él. En el plano moral, vienen a ser lo que la piedra de toque del platero: el jaspe que imprime sobre el buen metal una seña –un “contraste”- como aval de su nobleza. En Escrivá cada contraste autentifica la buena ley de una virtud. Así, no es la ausencia de lágrimas, sino la sonrisa abriéndose paso entre las lágrimas, lo que da fe de un sufrimiento asumido por amor. Igual que lo que permite hablar de la pobreza buscada como virtud no es el sobrellevar una situación de penuria, sino el rasgo pródigo con aquel otro que carece todavía más; rehusar lo superfluo o privarse de lo necesario, aun teniéndolo a mano.
La revolucionaria novedad del Opus Dei
No es éste el ámbito para relatar con viveza el caudal de episodios –constan testificados- en los que se ve a Escrivá, en privado o en público, encarnando un sinfín de pares de contrastes virtuosos; pero sí mencionaré algunos ilustrativos:
La revolucionaria novedad del Opus Dei, que no inventa nada: como toda revolución, vuelve a los orígenes; y en esa pristinidad redescubre de modo radical que todo hombre, por el hecho de haber nacido, está diseñado para la santidad; y que son los cristianos quienes tienen la energía -¡el espíritu!- para animar desde dentro la sociedad civil, estableciendo la ciudad de Dios en la ciudad de los hombres. Y ése es el sentido cabal de la Historia.
La vida de Escrivá, como apuesta de esperanza. Su siembra feraz –también todoterreno y a voleo- con ubérrimas cosechas de vocaciones para la Iglesia. Y su fatigosa caminata jurídica, hallando lo que no busca y buscando lo que no halla. No lo halla pero sabe que existe. Muy temprano, ya vio la fórmula idónea para el Opus Dei. Sin embargo, han de pasar cuarenta años hasta que la Iglesia la habilite. En ese tiempo, Escrivá no se cruza de brazos. De sol a sol, se embebe en una tarea ardua porque hay que desbrozar caminos no transitados desde hace diecisiete siglos: las avenidas por donde los laicos, the ordinary people, puedan llegar a ser de verdad “gente santa, pueblo sacerdotal”. El esfuerzo exige también muñeca de precisión: ni de lejos ha de parecer que pleitea con la Santa Sede. Con todo, siendo Escrivá de esos constructores que no se conforman con cubrir aguas, sino que rematan poniendo la última piedra, morirá sin ver la Obra erigida en Prelatura Personal.
lunes, 14 de junio de 2010
El volcán Pacaya no para...
No habíamos visto tal espectáculo en Guatemala. ¿Se estará acercando el fin del mundo? Dios lo sabe.
domingo, 13 de junio de 2010
El "termómetro" de Simón y el de Jesús

El "termómetro" de Simón, el fariseo
Simón, el fariseo, juzga a Jesús, quizá automáticamente, sin darse cuenta que lo está haciendo...: "".
Pero también juzga a la mujer: sabe que es una "pecadora" -no hace falta que expliquemos lo que esto quiere decir en este contexto-.
¿Cuál es el "termómetro" de Simón? Es la apariencia, el exterior.
El "termómetro" de Jesús
Mas, ¿cuál es el "termómetro" de Jesús? El amor.
Vio en Simón un cierto amor (un prestamista a quien se le ha perdonado poco), un afán de querer portarse bien -al menos en su forma de pensar-, de querer amar a Dios y a los demás.
En cambio, juzga a la mujer no por lo exterior, por la apariencia; deja a un lado sus pecados de la vida pasada, porque ve en ella contrición, ve amor.
Tu "termómetro"
Y tú, ¿con qué "termómetro" mides?
sábado, 12 de junio de 2010
La culminación del año sacerdotal en Roma
Culminación del Año Sacerdotal en Guatemala

viernes, 11 de junio de 2010
Felicitación en su fiesta a...
Desde este blog enviamos a las Hermanas un cordial saludo y una felicitación en esta Solemnidad.
Quien quiera conocer un poco más de ellas, puede ver su página web.
La clausura del año sacerdotal en Roma
jueves, 10 de junio de 2010
En la víspera de la clausura del año sacerdotal

Mañana, solemnidad del Sagrado Corazón, culminará el año sacerdotal. Algunos amigos míos sacerdotes han viajado a Roma, otros han estado allí estudiando, atendiendo la convocatoria y la invitación del Santo Padre para esta celebración, en la conclusión del Año Sacerdotal. ¡Qué alegría para ellos!
Leyendo las consideraciones de un sacerdote amigo, me preguntaba por lo que este año sacerdotal pudo dejarme, como sacerdote. Cada quien puede hacerse esta pregunta también.
Las circunstancias en que se ha estado desarrollando mi vida estos dos últimos años me han permitido enriquecer mi experiencia y valorar el sacerdocio, encarnado en cada uno de los sacerdotes que he hallado en mi camino.
Los cristianos –y los hombres todos– no palpan el “sacerdocio” de Cristo sino encarnado en cada sacerdote. Hace falta fe para aceptar que Cristo actúa por medio de “este” sacerdote “que tengo en frente”.
Antes que al resto del pueblo fiel, los sacerdotes somos los primeros beneficiados de la proclamación del año sacerdotal, especialmente en la toma de conciencia de este don que Dios nos ha dado.
Los laicos han sabido apreciar más el don de los sacerdotes a la Iglesia y, además de acercarse más y ayudar, han rezado más por sus pastores.
Una guinda ha sido los ataques al sacerdocio por parte del “mundo” –y por algunos desde dentro de la Iglesia–, que han cribado el trigo para que sea mejor ofrenda para el sacrificio.
Aunque no podamos estar en Roma para la clausura del Año Sacerdotal, acompañaremos a toda la Iglesia en este “sentir con la Iglesia”.
miércoles, 9 de junio de 2010
Simpática conversación
No son éstos los protagonistas, pero son parecidos -bueno, más o menos-.
Delante de mí se desarrolló la siguiente conversación, en el ascensor, subiendo tan sólo cuatro plantas de la Biblioteca Central de la Universidad:
-- ¿Estás haciendo Derecho? –le pregunta un joven simpático a una joven negra, también simpática.
-- No –le responde ella.
-- Es que te he visto en el edificio de Derecho.
-- He estado apareciéndome un poco por allí. Estoy haciendo Filosofía.
-- ¡Tú te lo pierdes! –le dice él, con aire gracioso pero con la subconciencia de bilbaíno.
martes, 8 de junio de 2010
Un sacerdote, como muchos
domingo, 6 de junio de 2010
Celebrado el Corpus
sábado, 5 de junio de 2010
En vísperas del Corpus

La celebración del Corpus es fiesta grande, una solemnidad que nos da la oportunidad de expandir nuestra atención, nuestro amor y devoción, lo que no pudimos hacer la tarde del Jueves Santo.
Leía en las noticias españolas que la procesión del Corpus en Toledo (el jueves pasado) fue declarado de "INTERÉS TURÍSTICO NACIONAL". ¿Qué "pensará" el Señor de todo esto? Y, ¿qué piensan de que por ser un estado "laico", la ministra de defensa determinó que las instancias bajo su mando dejaran de rendir homenaje al Corpus Christi, como siempre se ha hecho? Sin palabras...
El Hijo de Dios, que no habiéndose quedado en las ganas de "estar con los hijos de los hombres", ha querido quedarse en la Hostia Santa para que le busquemos.
Ojalá tengamos un poco más de tiempo para rendirle el honor y la devoción y amor que no hemos logrado hacer durante el día.
Esta solemnidad la pasaré en compañía del P. Luis Antonio, en su parroquia en Baños de Río Tobía. ¡Debía celebrarlo de manera más solemne!
