martes, 1 de noviembre de 2011

La Iglesia, una Gran Familia


     Invocamos a Dios todos los días como “Padre nuestro”. Por lo tanto, todos somos hermanos, miembros de esta gran familia que es la Iglesia.
     La celebración de la Solemnidad de todos los Santos nos recuerda que nuestro destino es el Cielo, que no tenemos morada perpetua aquí en la tierra. “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?”, pronunció nuestro Señor. “Acordaos hermanos que un alma tenemos, pregonaba el Hermano Pedro, y si la perdemos, no la recobramos”.
     En esta gran Familia de la Iglesia, hay muchos, muchos hermanos nuestros, que ya han terminado su recorrido por la tierra y gozan ya de Dios eternamente: ellos son los santos. Entre ellos hay de todo, como lo hay siempre en una familia numerosa, pero todos santos: campesinos y amas de casa –que lo son tantos-, médicos, albañiles, artesanos, alfareros, talabarteros, gobernantes, ¡hasta sacerdotes y religiosos!
     En esta gran Familia también hay muchos que están purificándose en el Purgatorio, esperando poder terminar con su “limpieza” y poder ver ya, sin velos, a Dios, “para siempre, para siempre, para siempre”. Y me han enseñado que yo puedo ayudar a estas almas con mis oraciones y sacrificios.
     Una gran Familia en la que todos los hermanos se ayudan, para que nos reunamos en la Casa del Padre y gozar a perpetuidad.
     Gaudeamus omnes in Domino, diem festum celebrantes sub honore omnium, de quorum sollemnitate gaudent Angeli, et collaudant Filium Dei. Una traducción válida: Alegrémonos en el Señor al celebrar la solemnidad de Todos los Santos, por al cual se alegran los ángeles y alaban al Hijo de Dios (Antífona de entrada de la Misa).

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