jueves, 28 de febrero de 2013

Último mensaje entrañable del Papa Benedicto XVI


     La despedida del Santo Padre ha sido maravillosa, así como su alocución de ayer: no centra la atención en sí sino en Cristo. Sus palabras infunden absoluta confianza en Dios, quien guía a la Iglesia.
     Las palabras del Santo Padre fueron:
     Queridos amigos: me siento feliz de estar con ustedes, rodeado por la belleza de la creación y por vuestra simpatía, que me hace mucho bien. ¡Gracias por vuestra amistad, por vuestro afecto!
     Sabéis que este día mío es distinto de los anteriores: seré Sumo Pontífice de la Iglesia católica hasta las ocho de la tarde; después, ya no más.
     Soy simplemente un peregrino que inicia la última etapa de su peregrinación en esta tierra. Pero quisiera aún, con mi corazón, con mi amor, con mi oración, con mi reflexión, con todas mis fuerzas interiores, trabajar por el bien común y por el bien de la Iglesia y de la Humanidad. Y me siento muy apoyado por vuestra simpatía. Sigamos adelante con el Señor, por el bien de la Iglesia y del mundo.
     ¡Gracias!
     Yo, le seguiré encomendando. Además, encomendaremos la elección del nuevo Papa.


Las palabras del Papa ayer, un verdadero testamento


Lean con detenimiento las palabras del Papa Benedicto XVI del día de ayer, les infundirá mucha paz y confianza, además de fe. Un padre me dijo: “es como un testamento, como una carta de San Pablo”. Les exhorto nuevamente: lean entero su mensaje, que les aprovechará. Aquí se los dejo.

Venerados hermanos en el episcopado y en el presbiterado,
distinguidas autoridades,
queridos hermanos y hermanas:

Os doy las gracias por haber venido, y tan numerosos, a ésta que es mi última audiencia general.

Gracias de corazón. Estoy verdaderamente conmovido y veo que la Iglesia está viva. Y pienso que debemos también dar gracias al Creador por el buen tiempo que nos regala ahora, todavía en invierno.

Como el apóstol Pablo en el texto bíblico que hemos escuchado, también yo siento en mi corazón que debo dar gracias sobre todo a Dios, que guía y hace crecer a la Iglesia, que siembra su Palabra y alimenta así la fe en su Pueblo. En este momento, mi alma se ensancha y abraza a toda la Iglesia esparcida por el mundo; y doy gracias a Dios por las “noticias” que en estos años de ministerio petrino he recibido sobre la fe en el Señor Jesucristo, y sobre la caridad que circula realmente en el Cuerpo de la Iglesia, y que lo hace vivir en el amor, y sobre la esperanza que nos abre y nos orienta hacia la vida en plenitud, hacia la patria celestial.

Siento que llevo a todos en la oración, en un presente que es el de Dios, donde recojo cada encuentro, cada viaje, cada visita pastoral. Recojo todo y a todos en la oración para encomendarlos al Señor, para que tengamos pleno conocimiento de su voluntad, con toda sabiduría e inteligencia espiritual, y para que podamos comportarnos de manera digna de Él, de su amor, fructificando en toda obra buena (cf. Col 1, 9-10).

En este momento, tengo una gran confianza, porque sé, sabemos todos, que la Palabra de verdad del Evangelio es la fuerza de la Iglesia, es su vida. El Evangelio purifica y renueva, da fruto, dondequiera que la comunidad de los creyentes lo escucha y acoge la gracia de Dios en la verdad y en la caridad. Ésta es mi confianza, ésta es mi alegría.

Cuando el 19 de abril de hace casi ocho años acepté asumir el ministerio petrino, tuve esta firme certeza que siempre me ha acompañado: la certeza de la vida de la Iglesia por la Palabra de Dios. En aquel momento, como ya he expresado varias veces, las palabras que resonaron en mi corazón fueron: Señor, ¿por qué me pides esto y qué me pides? Es un peso grande el que pones en mis hombros, pero si Tú me lo pides, por tu palabra echaré las redes, seguro de que Tú me guiarás, también con todas mis debilidades. Y ocho años después puedo decir que el Señor realmente me ha guiado, ha estado cerca de mí, he podido percibir cotidianamente su presencia. Ha sido un trecho del camino de la Iglesia, que ha tenido momentos de alegría y de luz, pero también momentos no fáciles; me he sentido como San Pedro con los apóstoles en la barca en el lago de Galilea: el Señor nos ha dado muchos días de sol y de brisa suave, días en los que la pesca ha sido abundante; ha habido también momentos en los que las aguas se agitaban y el viento era contrario, como en toda la historia de la Iglesia, y el Señor parecía dormir. Pero siempre supe que en esa barca estaba el Señor y siempre he sabido que la barca de la Iglesia no es mía, no es nuestra, sino que es suya. Y el Señor no deja que se hunda; es Él quien la conduce, ciertamente también a través de los hombres que ha elegido, pues así lo ha querido. Ésta ha sido y es una certeza que nada puede empañar. Y por eso hoy mi corazón está lleno de gratitud a Dios, porque jamás ha dejado que falte a toda la Iglesia y tampoco a mí su consuelo, su luz, su amor.

Estamos en el Año de la fe, que he proclamado para fortalecer precisamente nuestra fe en Dios en un contexto que parece rebajarlo cada vez más a un segundo plano. Desearía invitaros a todos a renovar la firme confianza en el Señor, a confiarnos como niños en los brazos de Dios, seguros de que esos brazos nos sostienen siempre y son los que nos permiten caminar cada día, también en la dificultad. Me gustaría que cada uno se sintiera amado por ese Dios que ha dado a su Hijo por nosotros y que nos ha mostrado su amor sin límites. Quisiera que cada uno de vosotros sintiera la alegría de ser cristiano. En una bella oración para recitar a diario por la mañana se dice: “Te adoro, Dios mío, y te amo con todo el corazón. Te doy gracias porque me has creado, hecho cristiano...”. Sí, alegrémonos por el don de la fe; es el bien más precioso, que nadie nos puede arrebatar. Por ello demos gracias al Señor cada día, con la oración y con una vida cristiana coherente. Dios nos ama, pero espera que también nosotros lo amemos.

Pero no es sólo a Dios a quien quiero dar las gracias en este momento. Un Papa no guía él solo la barca de Pedro, aunque sea ésta su principal responsabilidad. Yo nunca me he sentido solo al llevar la alegría y el peso del ministerio petrino; el Señor me ha puesto cerca a muchas personas que, con generosidad y amor a Dios y a la Iglesia, me han ayudado y han estado cerca de mí. Ante todo vosotros, queridos hermanos cardenales: vuestra sabiduría y vuestros consejos, vuestra amistad han sido valiosos para mí; mis colaboradores, empezando por mi Secretario de Estado que me ha acompañado fielmente en estos años; la Secretaría de Estado y toda la Curia Romana, así como todos aquellos que, en distintos ámbitos, prestan su servicio a la Santa Sede. Se trata de muchos rostros que no aparecen, permanecen en la sombra, pero precisamente en el silencio, en la entrega cotidiana, con espíritu de fe y humildad, han sido para mí un apoyo seguro y fiable. Un recuerdo especial a la Iglesia de Roma, mi diócesis. No puedo olvidar a los hermanos en el episcopado y en el presbiterado, a las personas consagradas y a todo el Pueblo de Dios: en las visitas pastorales, en los encuentros, en las audiencias, en los viajes, siempre he percibido gran interés y profundo afecto. Pero también yo os he querido a todos y cada uno, sin distinciones, con esa caridad pastoral que es el corazón de todo Pastor, sobre todo del Obispo de Roma, del Sucesor del Apóstol Pedro. Cada día he llevado a cada uno de vosotros en la oración, con el corazón de padre.

Desearía que mi saludo y mi agradecimiento llegara además a todos: el corazón de un Papa se extiende al mundo entero. Y querría expresar mi gratitud al Cuerpo diplomático ante la Santa Sede, que hace presente a la gran familia de las Naciones. Aquí pienso también en cuantos trabajan por una buena comunicación, y a quienes agradezco su importante servicio.

En este momento, desearía dar las gracias de todo corazón a las numerosas personas de todo el mundo que en las últimas semanas me han enviado signos conmovedores de delicadeza, amistad y oración. Sí, el Papa nunca está solo; ahora lo experimento una vez más de un modo tan grande que toca el corazón. El Papa pertenece a todos y muchísimas personas se sienten muy cerca de él. Es verdad que recibo cartas de los grandes del mundo –de los Jefes de Estado, de los líderes religiosos, de los representantes del mundo de la cultura, etcétera. Pero recibo también muchísimas cartas de personas humildes que me escriben con sencillez desde lo más profundo de su corazón y me hacen sentir su cariño, que nace de estar juntos con Cristo Jesús, en la Iglesia. Estas personas no me escriben como se escribe, por ejemplo, a un príncipe o a un personaje a quien no se conoce. Me escriben como hermanos y hermanas o como hijos e hijas, sintiendo un vínculo familiar muy afectuoso. Aquí se puede tocar con la mano qué es la Iglesia –no una organización, una asociación con fines religiosos o humanitarios, sino un cuerpo vivo, una comunión de hermanos y hermanas en el Cuerpo de Jesucristo, que nos une a todos. Experimentar la Iglesia de este modo, y poder casi llegar a tocar con la mano la fuerza de su verdad y de su amor, es motivo de alegría, en un tiempo en que tantos hablan de su declive. Pero vemos cómo la Iglesia hoy está viva.

En estos últimos meses, he notado que mis fuerzas han disminuido, y he pedido a Dios con insistencia, en la oración, que me iluminara con su luz para tomar la decisión más adecuada no para mi propio bien, sino para el bien de la Iglesia. He dado este paso con plena conciencia de su importancia y también de su novedad, pero con una profunda serenidad de ánimo. Amar a la Iglesia significa también tener el valor de tomar decisiones difíciles, sufridas, teniendo siempre delante el bien de la Iglesia y no el de uno mismo.

Permitidme aquí volver de nuevo al 19 de abril de 2005. La seriedad de la decisión reside precisamente también en el hecho de que a partir de aquel momento me comprometía siempre y para siempre con el Señor. Siempre –quien asume el ministerio petrino ya no tiene ninguna privacidad. Pertenece siempre y totalmente a todos, a toda la Iglesia. Su vida, por así decirlo, viene despojada de la dimensión privada. He podido experimentar, y lo experimento precisamente ahora, que uno recibe la vida justamente cuando la da. Antes he dicho que muchas personas que aman al Señor aman también al Sucesor de San Pedro y le tienen un gran cariño; que el Papa tiene verdaderamente hermanos y hermanas, hijos e hijas en todo el mundo, y que se siente seguro en el abrazo de vuestra comunión; porque ya no se pertenece a sí mismo, pertenece a todos y todos le pertenecen.

El “siempre” es también un “para siempre” –ya no existe una vuelta a lo privado. Mi decisión de renunciar al ejercicio activo del ministerio no revoca esto. No vuelvo a la vida privada, a una vida de viajes, encuentros, recepciones, conferencias, etcétera. No abandono la cruz, sino que permanezco de manera nueva junto al Señor Crucificado. Ya no tengo la potestad del oficio para el gobierno de la Iglesia, pero en el servicio de la oración permanezco, por así decirlo, en el recinto de San Pedro. San Benito, cuyo nombre llevo como Papa, me será de gran ejemplo en esto. Él nos mostró el camino hacia una vida que, activa o pasiva, pertenece totalmente a la obra de Dios.

Doy las gracias a todos y cada uno también por el respeto y la comprensión con la que habéis acogido esta decisión tan importante. Continuaré acompañando el camino de la Iglesia con la oración y la reflexión, con la entrega al Señor y a su Esposa, que he tratado de vivir hasta ahora cada día y quisiera vivir siempre. Os pido que me recordéis ante Dios, y sobre todo que recéis por los Cardenales, llamados a una tarea tan relevante, y por el nuevo Sucesor del Apóstol Pedro: que el Señor le acompañe con la luz y la fuerza de su Espíritu.

Invoquemos la intercesión maternal de la Virgen María, Madre de Dios y de la Iglesia, para que nos acompañe a cada uno de nosotros y a toda la comunidad eclesial; a Ella nos encomendamos, con profunda confianza.

Queridos amigos, Dios guía a su Iglesia, la sostiene siempre, también y sobre todo en los momentos difíciles. No perdamos nunca esta visión de fe, que es la única visión verdadera del camino de la Iglesia y del mundo. Que en nuestro corazón, en el corazón de cada uno de vosotros, esté siempre la gozosa certeza de que el Señor está a nuestro lado, no nos abandona, está cerca de nosotros y nos cubre con su amor. Gracias.
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y de los países latinoamericanos, que hoy han querido acompañarme. Os suplico que os acordéis de mí en vuestra oración y que sigáis pidiendo por los Señores Cardenales, llamados a la delicada tarea de elegir a un nuevo Sucesor en la Cátedra del apóstol Pedro. Imploremos todos la amorosa protección de la Santísima Virgen María, Madre de la Iglesia.

Muchas gracias. Que Dios os bendiga.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Sentimientos encontrados a causa del Santo Padre

Así lucía hoy, el Santo Padre, en la audiencia general.

     Hoy he dirigido la meditación a unas religiosas; el tema fue “amor a la Iglesia, amor al Papa”. Como les indicaba en ocasión anterior, primero pienso y medito el tema, después escribo el guión, ya cercana la ocasión de predicarlo. Hay abundante material para ello: incluso me serví de las mismas palabras del Santo Padre, en estas circunstancias especiales que estamos viviendo.
     Mi admiración crece por el Papa, no sólo por su eminente testimonio sino también por la fe que tengo.
     Ahora bien, lo confieso, a veces me afecta un tanto los ataques contra la Iglesia y contra la figura del Papa que, a granel, lanzan los medios de comunicación, inclinados a... quién sabe qué intereses. ¡No hay derecho!
     No en pocas ocasiones la Prensa Libre (que se autoproclama: periódico independiente, honrado y digno) comienza dando bien la noticia, pero pronto desvaría y empieza a especular –no sé si tal especulación es propia o es copiada-. Un tanto igual ha hecho Canal 3, “el canal de los guatemaltecos”, que ignora -¿o a sabiendas?- hiere el sentimiento y la fe de la mayoría de los guatemaltecos, tradicionalmente católicos aún. Me contaron que Sonora también se ha puesto a aventar semejantes sandeces, como queriendo mostrarse de alta profesionalidad. ¿Y qué decir de los que se creen autorizados para comentar indiscriminadamente cualquier tontería e insulto?
     Cada vez me simpatizan menos estos medios de comunicación. Ojalá hicieran su trabajo con más honradez y respeto.
     Estamos siendo testigos de un acontecimiento enorme en la historia de la humanidad y de la Iglesia, y ojalá que no nos resbale. Que saquemos consecuencias positivas.
     Mañana nos haremos presentes en Roma y en Castel Gandolfo para acompañar al Santo Padre.

martes, 26 de febrero de 2013

Un dicho popular: "lo mejor" es enemigo de "lo bueno"


     En varias ocasiones, mientras viajaba, me servía de audiolibros para aprovechar el tiempo y conocer algo más. Hoy he terminado de oír la biografía de Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein), la judía-alemana, discípula de E. Husserl, que murió mártir en los campos de concentración nazi.
     De lo que he escuchado, una anécdota me ha servido para argumentar algunas consideraciones propias. Se trata de cuando Edith y su madre caminan juntas conversando, después de la conversión al catolicismo de la primera. Su madre no aceptaba que su hija menor haya apostatado de su fe [judía]. Mayor golpe para ella sería cuando su hija le comunica que quiere ingresar en un convento y hacerse monja.
     Ambas caminaban juntas, después de asistir a un sermón en la sinagoga (Edith, para acompañar a su madre); habían escuchado el sermón magistral del rabino que sostenía que podía ser bueno ante Dios. Conversaban sobre ello. La madre le dice:
     -- Si se puede ser “buena” siendo judía, ¿por qué te hiciste cristiana?
     A lo que respondió Edith:
     -- Es BUENO, si no se conoce algo MEJOR…
     He leído muchas historias y cada vez me convenzo más de que los conversos, en tantas ocasiones, se toman más en serio su fe católica que los que siempre hemos vivido en la  Iglesia…

lunes, 25 de febrero de 2013

Mensaje del Papa para la Cuaresma 2013

     Les invito a tomarse un tiempo y leerse entero el mensaje del Santo Padre. El mensaje ha sido titulado: "Creer en la caridad, suscita caridad. 'Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él' (1Jn 4,16).

domingo, 24 de febrero de 2013

Último Angelus de Benedicto XVI en su ministerio petrino

"Per aspera ad astra"


     Éste era el lema episcopal de un obispo: Per aspera ad astra, “por lo difícil, hasta los astros”, por las dificultades se llega al Cielo. Esto es lo que nos enseña el evangelio de este Domingo: la Transfiguración del Señor (Lc 9,28-36). Dejo paso a un suculento y provechoso comentario, tomado de la “Biblia de Navarra”; léanlo, que les ayudará.
     Jesucristo con su Transfiguración fortalece la fe de sus discípulos mostrando en su humanidad un indicio de la gloria que iba a tener después de la Resurrección. Quiere que entiendan que su Pasión no será el final, sino el camino para llegar a la gloria. «Para que alguien se mantenga en el recto camino hace falta que conozca previamente, aunque sea de modo imperfecto, el término de su andar: del mismo modo un arquero no lanza una flecha si antes no conoce el blanco al cual ha de apuntar (…). Y esto es tanto más necesario, cuanto más difícil y arduo es el camino y fatigoso el viaje, y alegre en cambio el final» (Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, III, q. 45, a. 1).
     Con este milagro de la Transfiguración Jesucristo muestra también una de las dotes de los cuerpos gloriosos: la claridad, «por la que brillarán como el sol los cuerpos de los santos; pues eso afirma nuestro Salvador en el Evangelio de San Mateo: ‘Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre’ (Mt 13,43); y para que nadie dudase de ello lo aclaró con el ejemplo de su Transfiguración. A esta dote la llama el Apóstol unas veces gloria y otras claridad. ‘Transformará el cuerpo de nuestra bajeza conforme al cuerpo de su claridad’ (Flp 3,21); y en otra parte: ‘Se siembra en estado de vileza; resucitará con gloria’ (1Co 15,43). El pueblo de Israel vio también alguna imagen de esta gloria en el desierto, cuando el rostro de Moisés resplandecía por el coloquio y la presencia de Dios, de tal modo que los hijos de Israel no podían fijar en él su mirada (Ex 34,29; 2Co 3,7). La claridad es cierto resplandor que, procedente de la suma felicidad del alma, redunda en el cuerpo como una cierta comunicación a éste de la felicidad que el alma goza (…). Pero no debe creerse que de esta dote participen todos en la misma proporción (…). Porque, aunque todos los cuerpos de los santos serán igualmente impasibles, sin embargo, no tendrán el mismo resplandor; pues, como dice el Apóstol, una es la claridad del sol, otra la claridad de la luna y otra la de las estrellas, e incluso hay diferencia en la claridad entre unas estrellas y otras; así sucederá en la resurrección de los muertos (1Co 15,41-42)» (Catecismo Romano, I, 12,13).

sábado, 23 de febrero de 2013

No olvidemos que estamos en el Año de la Fe


     Hoy, dos seminaristas se me acercaron y me pidieron materiales para leer para seguir de cerca y vivir el Año de la Fe. Ya van, de hecho, más de cien días y podríamos plantearnos cómo estamos viviéndolos. Así se pasan de rápido.
     Les recomendé vivamente la entrada de este modesto blog que propone algunos recursos. Además, les proporcioné lo que el Santo Padre ha dicho durante este Año.
     El mensaje del Santo Padre para la Cuaresma de este año anima también ha ver que entre la Caridad y la Fe no hay confrontación sino complementariedad, y que esa complementariedad se debe notar en la vida de todo cristiano.
     Voy a ponerme a leer algo más sobre ello, para que no se me pase este Año como agua entre los dedos. 

viernes, 22 de febrero de 2013

En la fiesta de la Cátedra de San Pedro


     Hoy, 22 de febrero, celebramos la Cátedra de San Pedro, una fiesta que ya se celebraba en la Iglesia en el siglo IV. En las actuales circunstancias nos resulta más fácil encomendar al Santo Padre.
     El objetivo de la fiesta es recordar y celebrar la unidad de la Iglesia en la roca inamovible del sucesor de San Pedro, del Papa. Aunque la figura del Papa es frágil, como la de cualquier miembro de la raza humana, es el instrumento de la Unidad en la única Iglesia fundada por Cristo. Así es como lo recalca el evangelista san Mateo, en la Misa de hoy: “...y sobre esta piedra edificaré MI Iglesia” (Mt 16,18a). El posesivo no sólo indica que es de Cristo sino que también es única, una sola Iglesia fundada por Él, y su garantía es el Vicario de Cristo, la roca elegida en la que se funda firme la Iglesia.
     Aunque la Barca de Pedro (que es la Iglesia) se vea zarandeada frecuentemente por las olas –las olas son externas, pero también hay muchas olas internas (el Papa recién ha apuntado que hay mucha hipocresía en la Iglesia)-, nos sentimos seguros unidos al Papa, pues en esta Barca de Pedro va Cristo y prometió su presencia y ayuda continua: “y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (Mt 16,18b), “Yo estaré con ustedes hasta el fin del mundo” (Mt 28,20).
     ¡Gracias, Santo Padre, por su fidelidad a Cristo! Estamos unidos a usted.

“Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”


Por el camino preguntó a sus discípulos: ¿Quién dice la gente que soy yo? Ellos le contestaron: Unos, Juan Bautista; otros, Elías, y otros, uno de los profetas (Mc 8, 27-33).
Jesús, pues yo he oído todo tipo de tonterías: unos dicen que si eres un extraterrestre, un guerrillero, un hombre bueno, o un mito... Otros que si un aguafiestas. Algunos no saben o no contestan (n.s. ó n.c.). Jesús, qué pena, han pasado 20 siglos y tantos que no saben (n.s.). Tantos que se dicen cristianos y no tienen ni idea, no contestan (n.c.). Funcionan con clichés, caricaturas, eslóganes, lo que han visto u oído en la tele. Nadie ha sabido explicarles, hasta ahora.
▶▶Dile a Jesús que quieres ser su portavoz (llevar su voz a todos) en este Año de la Fe.
Él les preguntó: Y vosotros, ¿quién decís que soy? Pedro le contestó: Tú eres el Mesías Mc 8, 27-33.
Jesús, quieres saber mi opinión y me lo preguntas a quemarropa: Y tú Andrés, Mónica,... (pon tu name). ¿Tú, quién dices que soy yo? Venga, no mires atrás, respóndeme... Respuesta: —Jesús, mira mi vida, mis obras son elocuentes: desde que me levanto hasta que me acuesto pienso en ti, sueño contigo. Te lo diré con palabras de San Pedro: Tú eres el Mesías. Tú eres mi salvador.
▶▶Dile a Jesús, todo lo que piensas sobre Él. Despáchate a gusto.
Propósito: ser portavoz / explicar a ns y nc quién es Jesús.

jueves, 21 de febrero de 2013

Mi entrevista con el Obispo

Mons. Gonzalo al centro y, a su izquierda, Mons. Víctor Hugo Palma, Obispo de Escuintla.

     He tenido, durante el día, varias intenciones que encomiendo continuamente. Mi labor de jueves no ha variado –con el consiguiente esfuerzo por sobrenaturalizarla-, aunque ahora tenemos la particularidad de la Visita Pastoral de Mons. Gonzalo en nuestro Seminario.
     Ayer me entrevisté con el Obispo. Hablamos de varias cosas que afectan a mi labor de formador en el Seminario. Le hablé de la Dirección de Estudios y los proyectos que considero factibles en este área –plan de estudios, profesores, biblioteca, nivel de los estudios...-; también le hablé de la formación humana y pastoral de los seminaristas, de su situación desde mi punto de vista y de las cosas que considero hay que potenciar; pero también le planteé mi preocupación por la formación permanente de los sacerdotes de la Diócesis, especialmente la de los sacerdotes jóvenes.
     Todo esto en un ambiente de cordialidad, virtud que caracteriza a Mons. Gonzalo, con el consiguiente análisis por su parte. Desde luego, no perdimos de vista que somos hombres de Iglesia y que queremos ayudar. De hecho, me mostré estar a su disposición, como he aprendido a hacerlo.
     Sin duda, mi ministerio sacerdotal podría ser el parroquial, pero ahora Dios me pide estar en esta labor de formación, lo que llevo con mucha ilusión y alegría, pues soy yo el que estoy ganando.
     Cierto sacerdote de otra diócesis me comentó que es una gran ventaja la que tenemos, al ser diocesano nuestro Seminario: que el Obispo puede visitar SU seminario. Así lo ha escrito el P. Víctor en un cartel de bienvenida: “Bienvenido, Mons. Gonzalo, a este SU Seminario”.
     Gracias, Mons. Gonzalo, por su trabajo de Pastor en la Diócesis y su presente Visita Pastoral al Seminario.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Los últimos días del Papa en la Sede de Pedro

Me parece que esta imagen es del consistorio en que el Santo Padre anunció su renuncia.

     Cada vez me sorprende más el Santo Padre, cuando su actitud ha sido ponderada por quienes le conocen mejor que un servidor. Me veo simplista cuando los demás se dan cuenta mejor de lo que “perdemos” cuando el Papa se va, de la talla del actual Pontífice, y yo no he sabido apreciar.

     Bien. Pero me alegra que haya quienes nos lo expliquen. Peter Seewald, el periodista y escritor que entrevistó al Papa, gracias a quien salió el libro titulado “Luz del mundo”, ha escrito un artículo quizá un tanto nostálgico, pero nos hace más cercano al Papa, al conocerle y haberle tratado más. Sólo pongo unos pocos párrafos, y remito al artículo completo para quien quiera leerlo. Me veo obligado a querer más al Santo Padre y a rezar por él.

     Nuestro último encuentro se remonta a hace unas diez semanas. El Papa me recibió en el Palacio Apostólico para continuar con nuestros coloquios orientados a trabajar sobre su biografía. Su audición se había resentido; por el ojo izquierdo ya no veía bien; el cuerpo encorvado. Se le veía muy delicado, aún más amable y humilde, y totalmente reservado. No parecía enfermo, pero el cansancio se había apoderado de toda su persona, cuerpo y alma, ya no se podía ignorar.

    Hablamos de cuando desertó del ejército de Hitler, de su relación con sus padres, de los discos con los que aprendía idiomas, de los años fundamentales en el «Mons doctus», en Frisinga, donde desde hace mil años las élites espirituales del país son introducidas en los misterios de la fe. Aquí dio sus primeras predicaciones ante una público escolar, como párroco acompañó a los estudiantes y en el frío confesionario del Duomo escuchó las penas de la gente. En agosto, durante un coloquio de hora y media en Castel Gandolfo, le pregunté cómo le había afectado el caso Vatileaks. "No me dejo llevar por una suerte de desesperación o dolor universal -me respondió-, simplemente me parece incomprensible. Incluso considerando a la persona (Paolo Gabriele, ndr ), no entiende qué podemos esperar. No consigo penetrar en su psicología". Sin embargo, sostenía que ese caso no le había hecho perder el norte ni le había hecho sentir la fatiga que supone su papel, "porque siempre puede suceder". Lo importante para él era que en el desarrollo del caso "se garantice en el Vaticano la independencia de la justicia, que el monarca no diga: ¡ahora yo me hago cargo!".

     Llovía en Roma, en noviembre de 1992, cuando nos encontramos por primera vez en el Palacio de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Su apretón de manos no era de esos que te rompen los dedos, su voz era del todo insólita para un «panzerkardinal», leve, delicada. Me gustaba cómo hablaba de las cuestiones pequeñas, y sobre todo de las grandes; cuando ponía en discusión nuestro concepto de progreso e invitaba a reflexionar sobre si verdaderamente se podía medir la felicidad del hombre en función del producto interior bruto.

     Los años le pusieron duramente a prueba. Se le describió como perseguidor mientras que era perseguido, el chivo expiatorio al que cargar con todas las injusticias, el "gran inquisidor" por antonomasia, una definición tan adecuada como la de equiparar gato con liebre. Sin embargo, nunca nadie le oyó quejarse. Nadie ha oído salir de su boca una mala palabra, un comentario negativo sobre otras personas, ni siquiera sobre Hans Küng...

martes, 19 de febrero de 2013

La eficacia de la oración


     A unos amigos míos, muy cercanos, les dije ayer, en una conversación, comentando las incidencias de los quebrantos de salud de una cuñada mía:

     -- Puesto que somos cristianos, sabemos la eficacia de la oración y recurrimos con fe a Dios para que nos oiga en tales circunstancias. La oración de alguien muy unido a Dios, de una persona santa, es más eficaz. Pero, la oración del sacerdote, sin ser mejor que los demás, es la oración de Jesucristo que ora por nosotros. Esto sucede especialmente en la Santa Misa, cuando el sacerdote la celebra por una intención particular. Yo, humildemente, lo he estado haciendo por la salud de ella (mi cuñada).

     Estoy persuadido de la eficacia de encomendar una intención a la Misa de un sacerdote. Ahora, mientras escribo estas letras, encomiendo también a los que las lean. Tú, cuando participes de la Santa Misa, no dudes en poner tu intención también en la celebración, que Jesús ve los corazones y atiende tales intenciones.

lunes, 18 de febrero de 2013

Tenemos visita pastoral en el Seminario

En la recepción.

     Con alegría hemos dado la bienvenida a Mons. Gonzalo de Villa, Obispo de nuestra Diócesis, en la visita pastoral que hará a nuestro Seminario. En efecto, en la tanda de visitas pastorales que ha estado realizando a las parroquias, en esta ocasión nos ha correspondido este tiempo de gracia. La visita pastoral durará del 18 al 23 de febrero.

     Le hemos recibido a las nueve de la mañana. Después de ser recibido con alegres melodías de la Banda Musical de la Gobernación, y después del saludo inicial en las puertas del Seminario, ha ingresado al plantel. Lo ha hecho besando el Crucifijo, como está previsto hacer al iniciar la visita pastoral, y ha ingresado a la Capilla, en donde hemos encomendado a Jesús los frutos de esta visita pastoral.

     Luego hemos tenido los actos protocolarios, en una sencilla y familiar tertulia, en donde se le han dirigido los saludos por parte del P. Víctor y los alumnos. Por su parte, Mons. Gonzalo ha delineado su plan para esta semana. Tendremos oportunidad de compartir, personalmente, cada uno, con el Obispo.

     Encomendamos a nuestra Señora, la Virgen de los Dolores, el buen desempeño de cada uno en esta visita histórica de Mons. Gonzalo.


domingo, 17 de febrero de 2013

La realidad de la tentación



     Es una intriga: por parte de unos, somos acusados de que hablamos mucho de demonios y de pecado; por otros somos acusados de que no hablamos de estos temas. ¿A quién hacerle caso? Ciertamente, ni a unos ni a otros, sino “Al De Arriba”.
     Las lecturas de la Misa de hoy, especialmente la del evangelio (Lc 4,1-13), nos recuerda que el Demonio es un ser real, personal, que existe y que se mueve, y su misión es la tentación y el pecado. El mismo nombre de Satanás significa “Tentador”.
     Si no existiera pecado, no habría Demonio; si no hubiera ni Demonio ni pecado, no habría Redención; si no hubiera Redención, no existiría Dios ni tú y yo...
     No es para alarmarte, pero tienes que pertrecharte de “las armas de la luz” y combatir este combate que tenemos seguro de ganar, porque Dios está de nuestra parte. Pero, tú y yo, ¡NO NOS DEJEMOS GANAR POR EL ARMA DEL DEMONIO QUE ES LA TENTACIÓN! Pidámosle a Dios: “no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal”. ¿Te suenan estas plegarias?

sábado, 16 de febrero de 2013

Hemos comenzado la Cuaresma


     ¿Qué es la Cuaresma? Incluso, aunque nos hayamos alejando un tanto de la Iglesia, sabemos en qué consiste: es un tiempo de conversión, un tiempo de penitencia (mejor ‘interior’, además de ‘exterior’),  un tiempo para la oración, el ayuno y la limosna...
     Memento homo quia pulvis es, et in pulverem reverteris, nos amonesta la Iglesia (‘acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás’), una de las verdades más cruciales del ser humano. Lo comprobamos con los que han pasado antes que nosotros, y un día nos tocará.
     Pongo abajo, una explicación sobre la Cuaresma, preguntas que podemos hacernos con frecuencia. Nos ayudará leerla con detenimiento. Tomémonos el tiempo, total: ¿qué más harás ahora?




¿QUÉ ES LA CUARESMA?
Llamamos Cuaresma al período de cuarenta días (quadragesima) reservado a la preparación de la Pascua, y señalado por la última preparación de los catecúmenos que deberían recibir en ella el bautismo.

¿DESDE CUÁNDO SE VIVE LA CUARESMA?
Desde el siglo IV se manifiesta la tendencia a constituirla en tiempo de penitencia y de renovación para toda la Iglesia, con la práctica del ayuno y de la abstinencia. Conservada con bastante vigor, al menos en un principio, en las iglesias de oriente, la práctica penitencial de la Cuaresma ha sido cada vez más aligerada en occidente, pero debe observarse un espíritu penitencial y de conversión.

¿POR QUÉ LA CUARESMA EN LA IGLESIA CATÓLICA?
“La Iglesia se une todos los años, durante los cuarenta días de la Gran Cuaresma, al Misterio de Jesús en el desierto” (n. 540).

¿CUÁL ES, POR TANTO, EL ESPÍRITU DE LA CUARESMA?
Debe ser como un retiro colectivo de cuarenta días, durante los cuales la Iglesia, proponiendo a sus fieles el ejemplo de Cristo en su retiro al desierto, se prepara para la celebración de las solemnidades pascuales, con la purificación del corazón, una práctica perfecta de la vida cristiana y una actitud penitencial.

¿QUÉ ES LA PENITENCIA?
La penitencia, traducción latina de la palabra griega metanoia que en la Biblia significa la conversión (literalmente el cambio de espíritu) del pecador, designa todo un conjunto de actos interiores y exteriores dirigidos a la reparación del pecado cometido, y el estado de cosas que resulta de ello para el pecador.
Literalmente cambio de vida, se dice del acto del pecador que vuelve a Dios después de haber estado alejado de Él, o del incrédulo que alcanza la fe.

¿QUÉ MANIFESTACIONES TIENE LA PENITENCIA?
“La penitencia interior del cristiano puede tener expresiones muy variadas. La Escritura y los Padres insisten sobre todo en tres formas: el AYUNO, la oración, la limosna, que expresan la conversión con relación a sí mismo, con relación a Dios y con relación a los demás. Junto a la purificación radical operada por el Bautismo o por el martirio, citan, como medio de obtener el perdón de los pecados, los esfuerzos realizados para reconciliarse con el prójimo, las lágrimas de penitencia, la preocupación por la salvación del prójimo, la intercesión de los santos y la práctica de la caridad "que cubre multitud de pecados" (1P 4,8)” (CEC 1434).

¿ESTAMOS OBLIGADOS A HACER PENITENCIA?
“Todos los fieles, cada uno a su modo, están obligados por la ley divina a hacer penitencia; sin embargo, para que todos se unan en alguna práctica común de penitencia, se han fijado unos días penitenciales en los que se dediquen los fieles de manera especial a la oración, realicen obras de piedad y de caridad y se nieguen a sí mismos, cumpliendo con mayor fidelidad sus propias obligaciones y, sobre todo, observando el ayuno y la abstinencia.” (CIC 1249).

¿CUÁLES SON LOS DÍAS Y TIEMPOS PENITENCIALES?
“En la Iglesia universal, son días y tiempos penitenciales todos los viernes del año y el tiempo de cuaresma.” (CIC 1250).

¿QUÉ DEBE HACERSE TODOS LOS VIERNES DEL AÑO?
En recuerdo del día en que murió Jesucristo en la Santa Cruz, “todos los viernes, a no ser que coincidan con una solemnidad, debe guardarse la abstinencia de carne, o de otro alimento que haya determinado la Conferencia Episcopal; ayuno y abstinencia se guardarán el miércoles de Ceniza y el Viernes Santo.” (CIC 1251).

¿CUÁNDO ES CUARESMA?
La Cuaresma comienza el Miércoles de ceniza y concluye inmediatamente antes de la Misa Vespertina in Coena Domini. (jueves santo). Todo este período forma una unidad, pudiéndose distinguir los siguientes elementos:
1) El Miércoles de ceniza,
2) Los domingos, agrupados en el binomio, I-II; III, IV y V; y el Domingo de Ramos de la Pasión del Señor,
3) La Misa Crismal y
4) Las ferias.

¿QUÉ ES EL MIÉRCOLES DE CENIZA?
Es el principio de la Cuaresma; un día especialmente penitencial, en el que manifestamos nuestro deseo personal de CONVERSIÓN a Dios.
Al acercarnos a los templos a que nos impongan la ceniza, expresamos con humildad y sinceridad de corazón, que deseamos convertirnos y creer de verdad en el Evangelio.

¿CUÁNDO TIENE ORIGEN LA PRÁCTICA DE LA CENIZA?
El origen de la imposición de la ceniza pertenece a la estructura de la penitencia canónica. Empieza a ser obligatorio para toda la comunidad cristiana a partir del siglo X. La liturgia actual, conserva los elementos tradicionales: imposición de la ceniza y ayuno riguroso.

¿CUÁNDO SE BENDICE E IMPONE LA CENIZA?
La bendición e imposición de la ceniza tiene lugar dentro de la Misa, después de la homilía; aunque en circunstancias especiales, se puede hacer dentro de una celebración de la Palabra. Las fórmulas de imposición de la ceniza se inspiran en la Escritura: Gn 3,19 y Mc 1,15.

¿DE DÓNDE PROVIENE LA CENIZA?
La ceniza procede de los ramos bendecidos el Domingo de la Pasión del Señor del año anterior, siguiendo una costumbre que se remonta al siglo XII. La fórmula de bendición hace relación a la condición pecadora de quienes la recibirán.

¿CUÁL ES EL SIMBOLISMO DE LA CENIZA?
El simbolismo de la ceniza es el siguiente:
a) Condición débil y caduca del hombre, que camina hacia la muerte;
b) Situación pecadora del hombre;
c) Oración y súplica ardiente para que el Señor acuda en su ayuda;
d) Resurrección, ya que el hombre está destinado a participar en el triunfo de Cristo;

¿A QUÉ NOS INVITA LA IGLESIA EN LA CUARESMA?
La Iglesia persiste en invitarnos a hacer de este tiempo como un retiro espiritual en el que el esfuerzo de meditación y de oración debe estar sostenido por un esfuerzo de mortificación personal cuya medida, a partir de este mínimo, es dejada a la libertad generosidad de cada uno.

¿QUÉ DEBE SEGUIRSE DE VIVIR LA CUARESMA?
Si se vive bien la Cuaresma, deberá lograrse una auténtica y profunda CONVERSIÓN personal, preparándonos, de este modo, para la fiesta más grande del año: el Domingo de la Resurrección del Señor.

¿QUÉ ES LA CONVERSIÓN?
Convertirse es reconciliarse con Dios, apartarse del mal, para establecer la amistad con el Creador.
Supone e incluye el arrepentimiento y la Confesión de todos y cada uno de nuestros pecados.
Una vez en gracia (sin conciencia de pecado mortal), hemos de proponernos cambiar desde dentro (en actitudes) todo aquello que no agrada a Dios.

¿POR QUÉ SE DICE QUE LA CUARESMA ES UN “TIEMPO FUERTE” Y UN “TIEMPO PENITENCIAL?
“Los tiempos y los días de penitencia a lo largo del año litúrgico (el tiempo de CUARESMA, cada viernes en memoria de la muerte del Señor) son momentos fuertes de la práctica penitencial de la Iglesia. Estos tiempos son particularmente apropiados para los ejercicios espirituales, las liturgias penitenciales, las peregrinaciones como signo de penitencia, las privaciones voluntarias como el ayuno y la limosna, la comunicación cristiana de bienes (obras caritativas y misioneras)” (CEC 1438).

¿CÓMO CONCRETAR MI DESEO DE CONVERSIÓN?
De diversas maneras, pero siempre realizando obras de conversión, como son, por ejemplo:
1. Acudir al Sacramento de la Reconciliación (Sacramento de la Penitencia o Confesión) y hacer una buena confesión: clara, concisa, concreta y completa.
2. Superar las divisiones, perdonando y crecer en espíritu fraterno.
3. Practicando las Obras de Misericordia.

¿CUÁLES SON LAS OBRAS DE MISERICORDIA?
Las Obras de Misericordia espirituales son:
• Enseñar al que no sabe. / • Dar buen consejo al que lo necesita. / • Corregir al que yerra. /• Perdonar las injurias. / • Consolar al triste. / • Sufrir con paciencia las adversidades y flaquezas del prójimo. / • Rogar a Dios por los vivos y los muertos.
Las Obras de Misericordia corporales son:
• Visitar al enfermo. / • Dar de comer al hambriento. / • Dar de beber al sediento. / • Socorrer al cautivo. / • Vestir al desnudo. / • Dar posada al peregrino. / • Enterrar a los muertos.

¿QUÉ OBLIGACIONES TIENE UN CATÓLICO EN CUARESMA?
Hay que cumplir con el precepto del AYUNO y la ABSTINENCIA, así como con el de la CONFESIÓN para prepararse para recibir al menos durante la Pascua la COMUNIÓN.

¿EN QUÉ CONSISTE EL AYUNO?
El AYUNO consiste en hacer una sola comida al día, aunque se puede comer algo menos de lo acostumbrado por la mañana y la noche. No se debe comer nada entre los alimentos principales, salvo caso de enfermedad.

¿A QUIÉN OBLIGA EL AYUNO?
Obliga vivir la ley del ayuno, a todos los mayores de edad, hasta que tengan cumplido cincuenta y nueve años (cfr. CIC 1252).

¿QUÉ ES LA ABSTINENCIA?
Se llama abstinencia a privarse de comer carne (roja o blanca y sus derivados).

¿A QUIÉN OBLIGA LA ABSTINENCIA?
La ley de la abstinencia obliga a los que han cumplido catorce años (cfr. CIC 1252).

¿PUEDE CAMBIARSE LA PRÁCTICA DEL AYUNO Y LA ABSTINENCIA?
“La Conferencia Episcopal puede determinar con más detalle el modo de observar el ayuno y la abstinencia, así como sustituirlos en todo o en parte por otras formas de penitencia, sobre todo por obras de caridad y prácticas de piedad” (CIC 1253).

¿QUÉ ES LO QUE IMPORTA DE FONDO DEL AYUNO Y LA ABSTINENCIA?
Debe cuidarse el no vivir el ayuno o la abstinencia como unos mínimos, sino como una manera concreta con la que nuestra Santa Madre Iglesia nos ayuda a crecer en el verdadero espíritu de penitencia.

¿QUÉ ASPECTOS PASTORALES CONVIENE RESALTAR EN LA CUARESMA?
El tiempo de Cuaresma es un tiempo litúrgico fuerte, en el que toda la Iglesia se prepara para la celebración de las fiestas pascuales. La Pascua del Señor, el Bautismo y la invitación a la reconciliación, mediante el Sacramento de la Penitencia, son sus grandes coordenadas.
Se sugiere utilizar como medios de acción pastoral:
1) La catequesis del Misterio Pascual y de los sacramentos;
2) La exposición y celebración abundante de la Palabra de Dios, como lo aconseja vivamente el canon. 767, & 3,3)
3) La participación, de ser posible diaria, en la liturgia cuaresmal, en las celebraciones penitenciales y, sobre todo, en la recepción del sacramento de la penitencia: “son momentos fuertes en la práctica penitencial de la Iglesia” (CEC 1438), haciendo notar que “junto a las consecuencias sociales del pecado, detesta el mismo pecado en cuanto es ofensa a Dios”; y,
4) El fomento de los ejercicios espirituales, las peregrinaciones, como signo de penitencia, las privaciones voluntarias como el ayuno y la limosna y las obras caritativas y misioneras.

viernes, 15 de febrero de 2013

“¡Siempre renuncias, Benedicto!”


     Después de unos días de forzado descanso –espero que no haya sido ningún complot de la empresa que nos proporciona la señal de internet u otra instancia-, vuelvo. Ya habrá tiempo para escribir sobre la Cuaresma que hemos comenzado y ponernos a tono.
     La intención nuestra ahora, latente, es el Papa y el paso que ha dado de su renuncia. Parece mentira cuánto revuelo ha levantado –a los medios les gusta el morbo-. Hoy mismo me presentaron, impreso, un precioso artículo de un joven, es presentado como “novel bloguero” por cierto autor, que ha titulado un artículo suyo de manera llamativa: “¡Siempre renuncias, Benedicto!”. Sorprendente y deja buen sabor de boca. El artículo es del 12 de febrero pasado. No les defraudará. Doy paso al artículo.
     Tengo 23 años y aún no entiendo muchas cosas. Y hay muchas cosas que no se pueden entender a las 8:00 am cuando te hablan para decirte escuetamente: “Daniel, el papa dimitió.” Yo apresuradamente contesté: “¿Dimitió?”. La respuesta era más que obvia, “Osea renunció, ¡Daniel, el papa renunció!”
     El Papa renunció. Así amanecerán sin fin de periódicos mañanas, así amaneció el día para la mayoría, así de rápido perdieron la fe unos cuantos y otros muchos la reforzaron. Y que renunciara, es de esas cosas, que no se entienden.
     Yo soy católico. Uno de tantos. De esos que durante su infancia fue llevado a misa, luego creció y le agarró apatía. En algún punto me llevé de la calle todas mis creencias y a la Iglesia de paso, pero la Iglesia no está para ser llevada ni por mí, ni por nadie (ni por el Papa). En algún punto de mi vida, le volví a agarrar cariño a mi parte espiritual (muy de la mano con lo que conlleva enamorarse de la chavita que va a misa, y dos extraordinarios guías llamados padres), y así de banal, y así de sencillo, recontinué un camino en el que hoy digo: Yo soy católico. Uno de muchos, si, pero católico al fin. Pero así sea un doctor en teología, o un analfabeta de las escrituras (de esos que hay millones), lo que todo mundo sabe es que el Papa es el Papa. Odiado, amado, objeto de burlas y oraciones, el Papa es el Papa, y el Papa se muere siendo Papa. 

Por eso hoy cuando amanecí con la noticia, yo, al igual que millones de seres humanos..nos preguntamos ¿porqué?. ¿Porqué renuncia señor Ratzinger?. ¿Le entró el miedo?. ¿Se lo comió la edad?. ¿Perdió la fe?. ¿La ganó?. Y hoy, después de 12 horas, creo que encontré la respuesta: El señor Ratzinger, ha renunciado toda su vida.
     Así de sencillo.
     El Papa renunció a una vida normal. Renunció a tener una esposa. Renunció a tener hijos. Renunció a ganar un sueldo. Renunció a la mediocridad. Renunció a las horas de sueño, por las horas de estudio. Renunció a ser un cura más, pero también renunció a ser un cura especial. Renunció a llenar su cabeza de Mozart, para llenarla de teología. Renunció a llorar en los brazos de sus padres. Renunció a teniendo 85 años, estar jubilado, disfrutando a sus nietos en la comodidad de su hogar y el calor de una fogata. Renunció a disfrutar su país. Renunció a tomarse días libres. Renunció a su vanidad. Renunció a defenderse contra los que lo atacaban. Vaya, me queda claro, que el Papa fue un tipo apegado a la renuncia.
     Y hoy, me lo vuelve a demostrar. Un Papa que renuncia a su pontificado cuando sabe que la Iglesia no está en sus manos, sino en la de algo o alguien mayor, me parece un Papa sabio. Nadie es más grande que la Iglesia. Ni el Papa, ni sus sacerdotes, ni sus laicos, ni los casos de pederastia, ni los casos de misericordia. Nadie es más que ella. Pero ser Papa a estas alturas del mundo, es un acto de heroísmo (de esos que se hacen a diario en mi país y nadie nota). Recuerdo sin duda, las historias del primer Papa. Un tal..Pedro. ¿Cómo murió? Si, en una cruz, crucificado igual que a su maestro, pero de cabeza. 

Hoy en día, Ratzinger se despide igual. Crucificado por los medios de comunicación, crucificado por la opinión pública y crucificado por sus mismos hermanos católicos. Crucificado a la sombra de alguien más carismático. Crucificado en la humildad, esa que duele tanto entender. Es un mártir contemporáneo, de esos a los que se les pueden inventar historias, a esos de los que se les puede calumniar, a esos de los que se les puede acusar, y no responde. Y cuando responde, lo único que hace es pedir perdón. ‘Pido perdón por mis defectos’. Ni más, ni menos. Que pantalones, que clase de ser humano. Podría yo ser mormón, ateo, homosexual y abortista, pero ver a un tipo, del que se dicen tantas cosas, del que se burla tanta gente, y que responda así..ese tipo de personas, ya no se ven en nuestro mundo.
     Vivo en un mundo donde es chistoso burlarse del Papa, pero pecado mortal burlarse de un homosexual (y además ser tachado de paso como mocho, intolerante, fascista, derechista y nazi). Vivo en un mundo donde la hipocresía alimenta las almas de todos nosotros. Donde podemos juzgar a un tipo de 85 años que quiere lo mejor para la Institución que representa, pero le damos con todo porque “¿con qué derecho renuncia?”. Claro, porque en el mundo NADIE renuncia a nada. A nadie le da flojera ir a la escuela. A nadie le da flojera ir a trabajar. Vivo en un mundo donde todos los señores de 85 años están activos y trabajando (sin ganar dinero) y ayudan a las masas. Sí, claro.
     Pues ahora sé Señor Ratzinger, que vivo en un mundo que lo va a extrañar. En un mundo que no leyó sus libros, ni sus encíclicas, pero que en 50 años recordará cómo, con un simple gesto de humildad, un hombre fue Papa, y cuando vio que había algo mejor en el horizonte, decidió apartarse por amor a su Iglesia. Va a morir tranquilo señor Ratzinger. Sin homenajes pomposos, sin un cuerpo exhibido en San Pedro, sin miles llorándole aguardando a que la luz de su cuarto sea apagada. Va a morir, como vivió aún siendo Papa: humilde.
     Benedicto XVI, muchas gracias por renunciar.

martes, 12 de febrero de 2013

Una Unción de emergencia


     Para Dios no hay casualidades. Aunque los hombres a veces se la ponemos difícil, siempre busca que nos salvemos.
     Ayer, mientras hacía mi entrada a la Ciudad Capital, el tráfico empezó a correr despacio. Al poco, me di cuenta que un carril habían bloqueado y el otro se estaba embotellando. Pero vi un cuerpo tendido en el asfalto.
     Recién había pasado me estacioné y bajé del carro para darle la Unción de los enfermos. ¿Cómo es que ahora sí llevaba el Óleo de los Enfermos? Incluso, al partir, me recordé que sería bueno llevarlo.
     Recién había sucedido el atropello y no habían llegado los bomberos a auxiliarlo. Me vieron llegar las dos o tres personas que estaban con el atropellado y me dijeron que aún estaba vivo. Me incliné sobre el pobre señor y le dije al oído que se recordara de Dios, que era sacerdote y que le daría la absolución y la Unción, como de hecho lo hice, de la forma más breve posible.
     Al terminar, todo en un instante, llegaron los bomberos y se lo llevaron.
     ¿Qué habrá sido de él? Estaba muy golpeado y no sé si sobreviviría. Confío en que le haya ayudado mi asistencia sacerdotal. He hecho el propósito de llevar siempre conmigo el Óleo de los Enfermos, quizá yo mismo lo vaya a necesitar... Estoy convencido de que a Dios no se le escapa nada.
     Por lo demás, seguimos rezando por el Santo Padre, ahora más unidos que nunca a él. ¿Especulaciones? De todos lados, fuera y dentro de la Iglesia, de aquellos que no son buenos hijos y que critican. Nosotros, rezaremos por Él.

lunes, 11 de febrero de 2013

¡Gracias, Santo Padre!


     Nos ha sorprendido a todos el anuncio que ha hecho el Santo Padre de su renuncia a la Sede de Pedro. Sin embargo, como se ha resaltado, siendo el Santo Padre un hombre consecuente, ha llegado a la certeza de lo que ha decidido.
     Y ahora, ¿qué pasará con la Iglesia? Comentarios sobran. Pero no pasará nada, porque el Espíritu Santo la guía. Ya amamos al próximo Santo Padre, igual que amamos al actual, y rezaremos por él.
     ¡Gracias, Santo Padre, por su testimonio de vida, su entrega y su magisterio! Sus enseñanzas nos seguirán iluminando.
     Éstas fueron las palabras del Santo Padre:
     Queridísimos hermanos,
     Os he convocado a este Consistorio, no sólo para las tres causas de canonización, sino también para comunicaros una decisión de gran importancia para la vida de la Iglesia.
     Después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia, he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino.
     Soy muy consciente de que este ministerio, por su naturaleza espiritual, debe ser llevado a cabo no únicamente con obras y palabras, sino también y en no menor grado sufriendo y rezando.
     Sin embargo, en el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe, para gobernar la barca de San Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado.
     Por esto, siendo muy consciente de la seriedad de este acto, con plena libertad, declaro que renuncio al ministerio de Obispo de Roma, Sucesor de San Pedro, que me fue confiado por medio de los Cardenales el 19 de abril de 2005, de forma que, desde el 28 de febrero de 2013, a las 20.00 horas, la sede de Roma, la sede de San Pedro, quedará vacante y deberá ser convocado, por medio de quien tiene competencias, el cónclave para la elección del nuevo Sumo Pontífice.
     Queridísimos hermanos, os doy las gracias de corazón por todo el amor y el trabajo con que habéis llevado junto a mí el peso de mi ministerio, y pido perdón por todos mis defectos. Ahora, confiamos la Iglesia al cuidado de su Sumo Pastor, Nuestro Señor Jesucristo, y suplicamos a María, su Santa Madre, que asista con su materna bondad a los Padres Cardenales al elegir el nuevo Sumo Pontífice.
     Por lo que a mí respecta, también en el futuro, quisiera servir de todo corazón a la Santa Iglesia de Dios con una vida dedicada a la plegaria.
     Vaticano, 10 de febrero 2013
     BENEDICTUS PP. XVI.



domingo, 10 de febrero de 2013

Remar mar adentro


     El Señor llama a quien quiere, lo he visto tantas veces. Pero también de todos pide que seamos apóstoles. Las lecturas de la Misa indican que fue llamado un sacerdote (Isaías), un intelectual (Pablo) y un pescador (Pedro). También lo hace actualmente con un estudiante, un albañil, un licenciado, una ama de casa...


     Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: —¡Rema mar adentro! (Duc in altum!) (Lc 5,3-4).
     Jesús, la brisa de aquella tarde era una delicia. Todos, apretados en la orilla del lago, embobados, no perdían Palabra. ¡Qué buena idea la de subirte a la barca de Pedro! La gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la Palabra de Dios (Lc 5,1-11). ¡Y qué bien oían! Hasta que llegó aquel Duc in altum!, ¡Rema mar adentro! Juan Pablo II lo cogió al vuelo: Duc in altum!, donde el mar es más profundo, donde el misterio del amor de Dios abre delante de vosotros espacios maravillosos, que no bastará una entera vida para explorar (9.VI.01). Jesús quiero adentrarme en el mar “inabarcable” del Amor de Dios.
▶▶Dile a Jesús que quieres ser explorador del “Mar del Amor de Dios”.
     ¡Rema mar adentro y echad las redes para pescar! Simón contestó: Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes (Lc 5, 4-5).
     Pedro era el “experto”; si de algo sabía era de peces y pesca: ¿cómo pescar de día? Pero, por tu palabra, echaré las redes. Se confió de Jesús y vino el milagro. Jesús, yo, a veces confío, más en mí mismo, de mi criterio que de ti. Pero como San Pedro me meteré mar adentro en la vida interior y echaré las redes en el apostolado.
▶▶Sueña con “pescas milagrosas” y terminas.
Propósito: remar mar adentro.