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miércoles, 31 de mayo de 2017

El hombre es inmortal

¿Será inmortal el hombre?
      Me he topado con un libro que tenía ganas de leer: "El diablo propone un brindis", del literato y pensador irlandés C.S. Lewis. Apenas estoy con el prólogo de la edición y ya me he emocionado.  El prólogo recoge una cita, de entre muchas, de "Mero Cristianismo" del mismo autor. Esta cita habla sobre los deseos de inmortalidad del hombre. Me parece que se parece al llamado "argumento ontológico" de San Anselmo, que se estudia en Teodicea; quienes lo hayan estudiado se recordarán. Aquí les transcribo la cita:

    Las criaturas no habrían nacido con deseos, a menos que la satisfacción para estos deseos existiese. Un bebé tiene hambre es porque existe la comida. Un patito quiere nadar; pues bien, existe una cosa que es el agua. De la misma manera los hombres sienten deseo sexual porque existe el sexo.

     Si yo descubro en mí un deseo que ninguna experiencia de este mundo puede satisfacer, la explicación más probable es que yo no pertenezca a este mundo. Si ninguno de mis placeres terrenales lo satisface, no significa que el universo sea un fraude. Probablemente los placeres terrenales no hayan tenido nunca la función de satisfacerlo, sino sólo de despertarlo, de sugerir su verdadero fin.

    Si esto es así, debo cuidar, por una parte, de no ser ingrato ni despreciar nunca estas bendiciones terrenales, y, por la otra, de no confundirlas jamás con aquella otra cosa de la cual éstas son sólo una copia, un eco o un espejismo.

    Debo mantener vivo en mí mismo el deseo por mi verdadero país, ese que no encontraré hasta después de mi muerte; nunca debo permitir que quede sepultado o desplazado; debo hacer que el principal objetivo de la vida se convierta en hacer presente ese otro destino y en ayudar a los otros a que hagan lo mismo.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

¡Cuidado con la "ideología de género"!

    Está en boga la llamada "ideología de género", cuya agenda reiteradamente quiere imponer su manera de pensar y, furtivamente, va metiéndose en la opinión pública y en la política. Hay que estar atentos a que no se meta más en nuestra sociedad. He aquí un video sencillo que nos lo explica.

jueves, 31 de julio de 2014

La mujer tiene igual dignidad y naturaleza que el hombre

     En el segundo relato de la creación (cfr. Gn 2,4b-25), el autor sagrado describe que el hombre cayó en un profundo sueño para que Dios pudiera sacar de su costilla a la mujer. Me figuro a Dios como un experto cirujano que, primero, anestesia a su paciente para trabajar con tranquilidad…
     Los expertos han interpretado aquí que Dios ha hecho a la mujer igual que al hombre —pues es “hueso de mis huesos y carne de mi carne” (Gn 2,23); Dios no hizo otro “muñeco” del polvo de la tierra, como al hombre (Gn 2,7)—; además, de quien fue la iniciativa de darle al hombre “la ayuda adecuada” es enteramente de Dios, no fue ni siquiera una petición del hombre.
     La idea de que el hombre y la mujer gozan de la misma y alta dignidad y naturaleza se completa con lo que recoge el primer relato de la creación, en Gn 1,26-28: Dios los creó a imagen y semejanza suya. Como dice San León Magno: “¡Reconoce, oh cristiano, tu dignidad! Y, puesto que has sido hecho partícipe de la naturaleza divina, no pienses en volver con un comportamiento indigno a las antiguas vilezas!”
     A alguno quizá interese estas breves consideraciones. Sobre esto he dado clases hoy. ¡Es una maravilla el estudio profundo de la Biblia! Además, es que no se me ocurría qué escribir…

lunes, 10 de marzo de 2014

“Hombre y mujer los creó…”

     Hoy nuevamente volví a Concepción para mis clases de Biblia en kaqchikel. Por todo lo que hay que explicar —se trataba de un estudio somero sobre el contenido de los libros del Pentateuco—, apenas pudimos avanzar poco sobre lo programado, porque me han bombardeado a preguntas.
    ¿Preguntas? Yo también se las hice. Una de ellas fue ésta: “Dios, ¿es hombre o mujer?” La respuesta, pronta y decidida, de uno fue más o menos ésta: “¡Es hombre!, pues el Génesis dice que Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza y la mujer, al haber sido sacada de la costilla del varón, es imagen y semejanza del hombre”.
     Y les pregunto a ustedes: ¿damos por buena esta respuesta?
     Expliqué, tuve que aclarar, que no se puede trasponer e interpretar los textos de esta manera.
     En cuanto a la cita concreta, el texto no dice que Dios está hecho a imagen del hombre, sino al contrario, que el hombre fue hecho a imagen y semejanza de Dios (cfr. Gn 1,27), “macho y hembra los creó”. La semejanza está en el ámbito espiritual, porque Dios es espíritu y no corporal. Así, luego, tuve que recurrir a Mc 12,25, en que nuestro Señor dice que “hombres y mujeres no se casarán, sino que serán como ángeles del Cielo”. Lo sexuado, pues, es el cuerpo y no el alma… En fin…, cabría enzarzarse en discusiones, pero no vamos a meternos más en el ruedo…

domingo, 16 de febrero de 2014

¿Quieres...?

     Con toda la primera lectura de hoy (Eclo 15,16-21), pero prefiero quedarme con la expresión del inicio: “Si quieres…” Y el sentido de la expresión está expresado en todo el pasaje: una invitación al buen uso de la libertad.
     Mons. Palma arguyó sobre el tema, en su columna de Prensa Libre, con una ocurrente y aleccionadora fábula:
     “Si logro zafarme, seré libre y feliz”, discurría un pequeño molusco de la playa mientras luchaba contra la caparazón que por naturaleza le cubría. Y, en efecto, tras denodado esfuerzo logró salir de su casa natural, pero cuando quería correr y dar la noticia a los demás moluscos de que es posible “liberarse” advirtió que su cuerpo era una masa informe e inestable, al tiempo que terminaba presa de una gaviota que rápidamente lo engulló al no tener ninguna defensa.
     Moraleja: lo que parece un límite a la “libertad” y a una “felicidad sin restricciones” bien puede ser el andamiaje que preserva y ayuda a ser lo que se debe ser.
     Y comentaba un escritor: “los cristianos no somos eternos menores de edad”, eternos adolescentes caprichosos, como diciendo que debemos ser responsables, pechar con nuestro actuar.
     ¿Quieres, de verdad?

Dicen que el quetzal, ave símbolo de Guatemala, se muere si se la enjaula.

lunes, 2 de septiembre de 2013

A propósito de Whitney Houston y el destino...

     Hace año y medio, más o menos, escribí una entrada sobre Whitney Houston, tras conocer la noticia de su muerte, reciente entonces. Recientemente me llegó un comentario a la entrada, con una cuestión que se habrán planteado en alguna ocasión: nuestro “destino”. Al hilo de nuestra consideración de ayer, sobre la felicidad, copio y pego el comentario. Además, pego lo que se me ocurrió escribir como respuesta.
     Muero de pena por ella y tantas vidas que no siempre encontramos la salida para cambiar un destino cruel. Me pregunto si no era nuestro destino que la vida te llenara en un principio de coronas y laureles para luego mostrarnos la contracara, la del mal, la del costo de nuestra fama y riquezas cuando ya no tenemos nada para ofrecerle a ese anticristo que nos encumbró al costo más elevado que en esta vida podíamos ofrecer. Todo tiene un coste en este mundo, lo que aún no he logrado saber para afirmar si éste fue su destino o el destino lo decidimos cada quien. Que nadie se atreva a decir que lo sabe, sólo Dios lo sabe; y quizás algún día nosotros podamos elevarnos a tal sabiduría.
     He aquí el comentario inmediato que hice:
     Gracias por el comentario.
     Dios sabe -puesto que lo sabe todo- cuál será nuestro fin. Ahora bien, ¿puede Dios PREDESTINAR a alguien a la condenación, él que "quiere que todos los hombres se salven"...? NO PARECE, pues en Dios no puede haber un resquicio de maldad -¡si lo hubiera, no sería Dios!-. Dios lo puede todo, pero no puede nada en contra de nuestra libertad: ya te das cuenta que esto es común y medianamente evidente hoy.
     Pero, a los que tenemos más llano el camino sabiendo lo que a Dios agrada, es más "fácil" alcanzar la salvación. Dios es nuestro Padre, que quiere el bien para nosotros y continuamente nos ayuda, y nosotros también lo queremos. Si luchamos con alegría por ser fieles a Dios, Él ya se encarga de hacer crecer y fructificar esa lucha, como un papá ve los logros de su hijo pequeño y lo premia.

     En fin, siguiendo tus consideraciones, no busquemos las cosas como un culto a nosotros mismos, más bien, veamos en ellas sólo un instrumento para ayudar a los demás y agradar a Dios. Así, la vida es más amable, como lo es en verdad.

domingo, 1 de septiembre de 2013

¿En dónde buscas la felicidad?

     En el Evangelio leemos que los fariseos eran malos, hipócritas; pero no todos lo eran (Nicodemo, Saulo, Gamaliel...). Algunos, como indica el Evangelio de la Misa (Lc 14,1.7-14), espiaban a Jesús. Jesús también los observaba: había quienes, estando en una fiesta, buscaban los primeros puestos.
     Buscar reconocimiento y honores sería ya una costumbre en ellos. Ahora le llamamos “fama”. En efecto, hay personas que buscan la fama a cualquier precio; como consecuencia, caen en un vacío existencial.
     ¿Te fijas en los famosos? Si no estuvieran anclados fuertemente en Dios, la fama no les llenará el corazón; la fama tiene su precio y pasa factura.
     Pero, imagina, también a los famosos hay que evangelizar. ¿Quién lo hará?
     Pero, a ti y a mí nos toca revisar EN DÓNDE BUSCAMOS LA FELICIDAD. Ojalá sea en Dios, pues Él no defrauda. Puedes confiar en eso.

domingo, 14 de octubre de 2012

Palabras del Santo Padre antes del Angelus


¡Queridos hermanos y hermanas!
     El evangelio de este domingo (Mc 10,17-30) tiene como tema principal la riqueza. Jesús nos enseña que es muy difícil para un hombre rico entrar en el reino de Dios, pero no imposible; de hecho, Dios puede ganar el corazón de una persona que posee una gran riqueza e impulsarla a la solidaridad y a compartir con los necesitados, con los pobres, es decir, a entrar en la lógica del don. Así, ésta se interpone en el camino de Jesucristo, que --como escribe el apóstol Pablo--, "siendo rico, por ustedes se hizo pobre, a fin de enriquecerlos con su pobreza" (2Co 8,9).
     Como sucede a menudo en los evangelios, todo parte de un encuentro: como aquél de Jesús con un hombre que "tenía muchos bienes" (Mc 10,22). Era una persona que desde su juventud observaba fielmente todos los mandamientos de la ley de Dios, pero no había encontrado aún la verdadera felicidad; y por ello le pregunta a Jesús cómo hacer para "tener en herencia la vida eterna" (v. 17) . Por un lado le atrae, como todo el mundo, la plenitud de la vida; y por el otro, acostumbrado a confiar en su propia riqueza, piensa que la vida eterna de alguna manera se puede "comprar", quizás observando un mandamiento especial. Jesús toma el profundo deseo que está en la persona --apunta el evangelista--, fija en él una mirada llena de amor: la mirada de Dios (cf. v. 21). Pero Jesús también entiende lo que es la debilidad de aquel hombre: es su apego a sus muchas posesiones; y por lo tanto le propone dar todo a los pobres, a fin de que su tesoro --y por lo tanto su corazón--, ya no esté en la tierra, sino en el cielo, y añade: "¡Ven y sígueme!" (v. 22). Entonces aquel, en lugar de recibir con gozo la invitación de Jesús, se va entristecido (cf. v. 23), porque no puede separarse de sus riquezas, que nunca le darán la felicidad y la vida eterna.
     En este punto, Jesús da a sus discípulos --y también a nosotros hoy--, su enseñanza: "¡Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios!" (v. 23). Ante estas palabras, los discípulos se asombraron; y más aún después de que Jesús añadiera: "Es más fácil que un camello pase por el ojo de la aguja, que el que un rico entre en el Reino de Dios". Y, viéndolos asombrados, les dijo: "Para los hombres, imposible; pero no para Dios, porque todo es posible para Dios" (cf. vv. 24-27).
     Así dice san Clemente de Alejandría: "La parábola enseña que los ricos no deben descuidar su salvación, como si estuvieran condenados, ni deben echar por la borda la riqueza ni condenarla como insidiosa y hostil a la vida, sino tienen que aprender de qué modo obtener riqueza y ganarse la vida" (¿Qué rico se salvará?, 27, 1-2).
     La historia de la Iglesia está llena de ejemplos de gente rica que ha utilizado sus propios bienes de una manera evangélica, alcanzando incluso la santidad. Pensemos solo en san Francisco, en santa Isabel de Hungría o en san Carlos Borromeo.
     Que la Virgen María, Sede de la Sabiduría, nos ayude a aceptar con alegría la invitación de Jesús, para entrar en la plenitud de la vida.

domingo, 2 de septiembre de 2012

Palabras del Papa antes del Angelus


¡Queridos hermanos y hermanas!
     En la Liturgia de la Palabra de este domingo surge el tema de la Ley de Dios, de su mandamiento: un elemento esencial de la religión judía e incluso de la cristiana, donde encuentra su pleno cumplimiento en el amor (cfr. Rm 13,10). La Ley de Dios es su Palabra que guía al hombre en el camino de la vida, lo libera de la esclavitud del egoísmo y lo introduce en la "tierra" de la verdadera libertad y de la vida. Por eso en la Biblia la Ley no es vista como un peso, como una limitación que oprime, sino como el don más precioso del Señor, el testimonio de su amor paterno, de su voluntad de estar cerca de su pueblo, de ser su Aliado y escribir con este una historia de amor.
     Así ora el israelita piadoso, "Me deleito en tus preceptos, / no olvido tu palabra. (...) Llévame por la senda de tus mandatos, / que en ella me siento complacido" (Sal 119,16.35). En el Antiguo Testamento, es Moisés quien en el nombre de Dios transmite la Ley a las personas. Él, después de un largo viaje a través del desierto, en el umbral de la tierra prometida, proclama: "Y ahora, Israel, escucha los preceptos y normas que yo les enseño, pónganlas en práctica, a fin de que vivan y entren a tomar posesión la tierra que les da Yahvé, Dios de sus padres" (Dt 4,1).
     Y aquí está el problema: cuando el pueblo se establece en la tierra, y es el custodio de la Ley, es tentado de poner su seguridad y su felicidad en algo que ya no es la palabra del Señor: en los bienes, en el poder, en otros "dioses" que en realidad son vanos, son ídolos.
     Por supuesto, la Ley de Dios permanece, pero la regla de la vida ya no es lo más importante; se convierte más bien en un revestimiento, en una cobertura, mientras que la vida sigue otros caminos, otras reglas, intereses a menudo egoístas de individuos y de grupo. Así, la religión pierde su verdadero significado que es vivir en la escucha de Dios para hacer su voluntad --que es la verdad de nuestro ser, y así vivir bien, en la verdadera libertad--, y se reduce a la práctica de usanzas secundarias, que satisfacen más bien la necesidad humana de sentirse bien con Dios. Y es esto un riesgo grave para cualquier religión, que Jesús encontró en su tiempo, pero que se puede verificar, por desgracia, incluso en el cristianismo. Por lo tanto, la palabras de Jesús en el evangelio de hoy contra los escribas y los fariseos nos deben hacer pensar también a nosotros.
     Jesús hace suyas las palabras del profeta Isaías: "Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinden culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombres" (Mc 7, 6-7; cfr. Is 29,13). Y luego concluye: "Dejando el precepto de Dios, se aferran a la tradición de los hombres" (Mc 7,8).
     El apóstol Santiago, en su carta, advierte contra el peligro de una falsa religiosidad. Le escribe a los cristianos: "Pongan por obra la palabra y no se contenten solo con oírla, engañándose a ustedes mismos" (St. 1,22).
     La Virgen María, a la que nos dirigimos ahora en oración, nos ayude a escuchar con un corazón abierto y sincero la Palabra de Dios, de modo que oriente nuestros pensamientos, nuestras decisiones y nuestras acciones, todos los días.

martes, 28 de agosto de 2012

En busca de la verdad



    Obra maestra es Las Confesiones de San Agustín, santo a quien celebra la Iglesia el día de hoy. Nos asomamos a este escrito y descubrimos la historia de este gran hombre, representando a todo hombre, que busca la verdad de su ser y de todo, y lo encontró en Dios, de quien decía que era “Hermosura tan antigua y tan nueva”. Estas magníficas palabras escribió el santo:
     Habiéndome convencido de que debía volver a mí mismo, penetré en mi interior, siendo tú mi guía, y ello me fue posible porque tú, Señor, me socorriste. Entré, y vi con los ojos de mi alma, de un modo u otro, por encima de la capacidad de estos mismos ojos, por encima de mi mente, una luz inconmutable; no esta luz ordinaria y visible a cualquier hombre, por intensa y clara que fuese y que lo llenara todo con su magnitud. Se trataba de una luz completamente distinta. Ni estaba por encima de mi mente, como el aceite sobre el agua o como el cielo sobre la tierra, sino que estaba en lo más alto, ya que ella fue quien me hizo, y yo estaba en lo más bajo, porque fui hecho por ella. La conoce el que conoce la verdad.
     ¡Oh eterna verdad, verdadera caridad y cara eternidad! Tú eres mi Dios, por ti suspiro día y noche. Y, cuando te conocí por vez primera, fuiste tú quien me elevó hacia ti, para hacerme ver que había algo que ver y que yo no era aún capaz de verlo. Y fortaleciste la debilidad de mi mirada irradiando con fuerza sobre mí, y me estremecí de amor y de temor; y me di cuenta de la gran distancia que me separaba de ti, por la gran desemejanza que hay entre tú y yo, como si oyera tu voz que me decía desde arriba: «Soy alimento de adultos: crece, y podrás comerme. Y no me transformarás en substancia tuya, como sucede con la comida corporal, sino que tú te transformarás en mí».
     Y yo buscaba el camino para adquirir un vigor que me hiciera capaz de gozar de ti, y no lo encontraba, hasta que me abracé al mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, el que está por encima de todo, Dios bendito por los siglos, que me llamaba y me decía: Yo soy el camino de la verdad, y la vida, y el que mezcla aquel alimento, que yo no podía asimilar, con la carne, ya que la Palabra se hizo carne, para que, en atención a nuestro estado de infancia, se convirtiera en leche tu sabiduría por la que creaste todas las cosas.
    ¡Tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo, mas yo no estaba contigo. Reteníanme lejos de ti aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no existirían. Me llamaste y clamaste, y quebrantaste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera; exhalaste tu perfume, y lo aspiré, y ahora te anhelo; gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti; me tocaste, y deseé con ansia la paz que procede de ti.

viernes, 10 de agosto de 2012

El sida y el uso del condón


Micrográfica, hecha por una máquina de escanear electrones, de virus HIV nacientes, en verde, sobre la superficie de un linfocito (tipo de célula blanca).
    Leyendo el blog de mi querido amigo el P. Carlos me he encontrado con este magnífico artículo sobre un tema un tanto escabroso: el sida y el uso del condón para evitar contagiarse. En ocasiones sabemos el principio pero no sabemos argumentar sobre ello. Así, poco podremos convencer. Claro, para alguien que ama no necesita argumentos, pero hay que aportarlos para el que no ama.
     El artículo fue escrito por un sacerdote –no dejes de leer sólo porque aparezca la palabra “sacerdote”, porque podrías pensar que es una predicación-. Da argumentos contundentes sobre cómo el uso del condón –como lo predicó el Santo Padre en África- no evita el contagio del sida sino que, engañando, lo estimula. No más. Dejo paso al artículo.
Muy estimado amigo:
     Le admiro como humorista; no me da empacho decirlo. Le escribo con la autoridad que me proporciona ser un sacerdote que visita todas las mañanas de todos los viernes a los pacientes de VIH-sida en el Hospital de Infectología.  Voy siempre con un equipo de voluntarios y voluntarias de la Casa de la Vida. No sólo le escribo como un apóstol de mis enfermos, sino como simple hombre culto (soy abogado y sacerdote, con 10 años de estudios en tres universidades españolas). Estoy completamente en contacto con todo lo que sucede. Me muevo en la Internet como un pez en el agua. Le digo esto, porque a veces la gente piensa que los curas vivimos en otro planeta. 
     He visto su chiste de hoy sobre el Papa y el criterio de la Iglesia Católica sobre la ineficacia del preservativo para combatir el SIDA. 
     Dejemos aparte, sólo por método, para poder dirigirme a usted, con total independencia de sus creencias: no sé nada de su religión, ni siquiera sé si cree en Dios o no. da lo mismo para el caso, los motivos morales por los cuales la Iglesia católica se opone al uso del preservativo para combatir la pandemia del sida.
     Tome usted un microscopio. Ponga un preservativo de látex. Mida las microscópicas perforaciones que tiene el látex. Apunte en una libreta las milimicras que posee cualquiera de las perforaciones. Ahora, coja un virus del sida. Póngalo en el microscopio. Mídalo. Ahora compare las dos medidas. La ciencia de hoy afirma que el virus del sida es 450 veces más pequeño que el espermatozoide. Si bien los espermatozoides no atraviesan las perforaciones del preservativo, claro que los virus del sida sí lo hacen. Por otra parte, hemos de reconocer que la masiva difusión del preservativo, no determina una disminución del número de relaciones sexuales, sino, por lo contrario las facilita, las estimula, las incentiva.
     Sepa, además, mi estimado amigo, que tras la difusión masiva del preservativo hay toda una industria con gigantescos intereses económicos, todo un capitalismo. y, lo peor, ellos saben que el preservativo no preserva de nada, y que, como dice el Papa, aumenta la pandemia, sin embargo, son tan criminales y tan genocidas, que por forrarse los bolsillos de dólares, empujan al mundo entero a la peor pandemia de la historia.
     La irresponsabilidad de las autoridades de salud del mundo entero, es espantosa. Tras esa irresponsabilidad, o está una tercermundista ignorancia o una tercermundista corrupción. Todos ellos tendrán que dar cuenta a Dios.
     No por motivos religiosos, sino por simples razones de salud pública, la autoridad gubernamental debería informar a la gente los peligros que comporta el uso del preservativo. Algo así como se hace con la campaña de difusión de la estrecha relación que hay entre el tabaco y el cáncer.
     Para terminar: son innumerables los y las pacientes de sida que cuando yo les he preguntado, con toda mi intención, si usaron “protección”. Me miran con profunda tristeza y con una sonrisa cargada de odio e ironía me dicen: “Padrecito, el preservativo no sirve para nada. Le invito un viernes a visitar conmigo a mis enfermitos de sida, hoy mismo he estado con ellos y luego me dirá si se atreve a hacer, querido amigo, un chiste sobre la relación que hay entre la difusión del preservativo y el avance de la pandemia del sida. 
   Venga, le recibiremos llenos de cariño en nuestro equipo. Venga, y verá cómo los enfermitos están equivocados, sí que están equivocados, cuando dicen que no sirve para nada: ¡Claro que sirve!, y muchísimo: sirve para contagiarse ellos del sida; y sirve, sobre todo, para que muchos millonarios del primer mundo y del tercero, ganen más euros y dólares a costa de los millones de enfermos de sida que se fiaron del preservativo.
     Además, mi querido amigo: no sé si usted es casado, no sé si tiene hijas. Pero si un chico le dice a usted que va a tener relaciones con su hija, no creo que usted le diga: “¡Ok; pero con preservativo!” Me imagino que, como padre digno que supongo será, le dirá al chico de turno: “Amigo, usted a mi hija no me la toca, hasta que sea su esposa, después de haberse casado con ella, como Dios manda. ¡Mientras, ni con preservativo, ni sin preservativo!”.
     Y esto es lo que la Iglesia afirma como el mejor y único camino para preservar al mundo del sida. Y de muchos otros males, tales como los hijos sin hogar. En esto, supongo que usted coincide con Dios y la Iglesia. 

miércoles, 1 de agosto de 2012

Una conferencia sobre ecología


     El día de hoy ha culminado, en el Seminario, un “Simposio” de Filosofía, que tuvo como tema principal “la Ecología y el Ecologismo”. Es el tercer año que se realiza este Simposio. La novedad, para mí, es que me invitaron a dar una de las conferencias, un poco inusual para uno que ha estudiado temas concernientes a la Biblia. Sin embargo, el tema tampoco es tan extraño, porque su fundamentación siempre es bíblica. Así lo expresa el primer “mandamiento” del “Decálogo sobre ética y ambiente” del Pontificio Consejo “Justicia y Paz”: La Biblia tiene que dictar los principios morales fundamentales del designio de Dios sobre la relación entre hombre y creación.
     Quiero citar, aquí, el n. 8 del Mensaje de Benedicto XVI para la XL Jornada Mundial por la Paz (1/01/2007). Viene a recordar que hay una “ecología humana” –la principal-, que está intrincadamente relacionada con la “ecología natural”.
     Juan Pablo II, en su Carta encíclica Centesimus annus, escribe: “No sólo la tierra ha sido dada por Dios al hombre, el cual debe usarla respetando la intención originaria de que es un bien, según la cual le ha sido dada; incluso el hombre es para sí mismo un don de Dios y, por tanto, debe respetar la estructura natural y moral de la que ha sido dotado”. Respondiendo a este don que el Creador le ha confiado, el hombre, junto con sus semejantes, puede dar vida a un mundo de paz. Así, pues, además de la ecología de la naturaleza hay una ecología que podemos llamar “humana”, y que a su vez requiere una “ecología social”. Esto comporta que la humanidad, si tiene verdadero interés por la paz, debe tener siempre presente la interrelación entre la ecología natural, es decir el respeto por la naturaleza, y la ecología humana. La experiencia demuestra que toda actitud irrespetuosa con el medio ambiente conlleva daños a la convivencia humana, y viceversa. Cada vez se ve más claramente un nexo inseparable entre la paz con la creación y la paz entre los hombres. Una y otra presuponen la paz con Dios. La poética oración de San Francisco conocida como el “Cántico del Hermano Sol”, es un admirable ejemplo, siempre actual, de esta multiforme ecología de la paz.