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viernes, 17 de noviembre de 2017

De protestante-presbiteriana a monja en la Iglesia

El título del artículo es: "Era ministra presbiteriana y a los 66 años renunció a sus posesiones para hacerse monja benedictina", que encontré en Religión en Libertad. Pueden leerlo aquí.

La historia es edificante. Pero lo que más me llamó la atención es cómo admiran los protestantes algunas características de la Iglesia. Sara Burress, que es el nombre de la protagonista, admiraba cómo su comunidad presbiteriana continuamente se dividía, mientras la Iglesia permanecía unida. Otro detalle es cómo la Iglesia reverencia su pasado y vive en el presente.

Los católicos debemos agradecer a Dios nuestra fe y tratar de que esa fe se haga vida.

sábado, 11 de marzo de 2017

¿Para qué guardar los mandamientos?

¿Para qué observar o cumplir los mandamientos?
      A propósito de los mandamientos que tenemos que observar y de nuestras prácticas de piedad (pensemos en los mandamientos de la Iglesia, en la oración y la Confesión frecuente, por decir algunas), ¿por qué las cumplimos? ¿Será que Dios tiene necesidad de ellas? También, ¿por qué quiere Dios que nos convirtamos y volvamos a Él? ¿Tendrá Él algún interés en tenernos cerca?

     Cuando no se tiene relación de hijo con Dios y no le buscamos habitualmente, fácilmente vemos en los mandamientos una carga que hay que soportar, las prácticas de piedad unos actos que tenemos que darle a Dios. En verdad, somos nosotros los beneficiados con su observancia. Me ha gustado mucho una consideración de San Ireneo que nos sugirieron hoy (Adversus Haereses, 4,14,1). La transcribo.

     Quienes se hallan en la luz no son los que iluminan a la luz, sino que es ésta la que los ilumina a ellos: ellos no dan nada a la luz sino que reciben su beneficio, pues se ven iluminados por ella. Así sucede con el servir a Dios, que a Dios no le da nada, ya que Dios no tiene necesidad de los servicios humanos. Él, en cambio, otorga la vida, la incorrupción, la gloria eterna a los que le siguen y le sirven.

      Ni nos mandó que lo siguiéramos porque necesitase de nuestro servicio, sino para salvarnos a nosotros mismos. Porque seguir al salvador equivale a participar de la salvación y seguir a la luz es lo mismo que quedar iluminado... Por eso Él requiere de los hombres que lo sirvan, para beneficiar a los que perseveran en su servicio, ya que Dios es bueno y misericordioso. Pues es la misma medida en que Dios no carece de nada, el hombre se halla indigente de la comunión con Dios.

lunes, 28 de noviembre de 2016

Para entender, hace falta tener fe

    Recientemente me escribían al Face, preguntando por la manera de explicar a un "evangélico" la existencia y la razón del Purgatorio, una verdad que distingue el Credo de la Iglesia. Es una pregunta legítima y en este mes de noviembre hemos estado encomendando las almas del Purgatorio.

     Le sugerí leer los números 1030 a 1032 del Catecismo de la Iglesia Católica, además de leer algún artículo más. Pero una cita de la Sagrada Escritura que se usa con frecuencia para argumentar sobre el Purgatorio -y que los evangélicos no aceptan, porque el libro no está en "su" Biblia- es el Segundo Libro de los Macabeos 12,46. A nosotros nos parece muy obvia esta verdad, pero no lo es para los demás -si es que son leales y no se cierran a razonar-.

     Sin embargo, el tema de fondo no es el argumento -que nos viene de la Revelación, es decir, Dios mismo nos lo ha transmitido- sino el tener o no tener nuestra fe. Un evangélico, es obvio, no comparte nuestra fe, por lo que no va a ser fácil convencerle. Sin embargo, hay que rezar por él y, con paciencia, explicarle tales argumentos.

     En la homilía del domingo explicaba que debíamos agradecerle a Dios el tener el regalo de nuestra fe, pues es tan obvia, rica y reconfortante. Prueba de ello es la vivencia del Año Litúrgico que acabamos de inaugurar, lo que no encontramos en las iglesias evangélicas.

     ¡Gracias, Señor, por darme el regalo de la fe y de pertenecer a la Iglesia!

sábado, 24 de septiembre de 2016

Una Unción de los enfermos

     Quedé con una afectada mamá ir a ver a su jovencito hijo que está en el hospital en cuidados intensivos; el muchacho lleva diez días sin responder, después de una crisis de diabetes. Desde primera hora de la mañana, en que quedé en ir a ver al enfermo, venía encomendando que todo fuera bien en la diligencia y, sobre todo, que me dejasen entrar al hospital, porque no suele ser gestión fácil o, incluso, se torna imposible.

     Llegué a la hora convenida, me encontré con el amable portero católico que ya conocía, que me dejó entrar. Comenzamos bien... Me encaminé al Intensivo y, al ver al enfermo y disponerme a comenzar la celebración, me percaté de que dejé olvidado el Santo Óleo en el carro ¡...!. Volví.

      Al ingresar al hospital nuevamente, y adentrarme en Cuidados Intensivos, me encontré con una enfermera que, al verme, me pidió que rezara por un sobrino suyo que estaba allí mismo. Cuando me dijo su nombre, le dije que precisamente a él iba a ungir. Me acompañó y logró que también la mamá del enfermo nos acompañara. Un poco más adentro, me llevé la gran sorpresa de ver al Dr. Romeo. Fue alumno nuestro en el Seminario Menor en Sololá, hace ya un tiempo, ciertamente...

     Con compañía di la Unción de los enfermos a Luis, que así se llama el enfermo. Después de darle la Unción, y casi despidiéndome, por no abusar del tiempo y confianza que me habían dado los médicos para ingresar, hablé al oído al muchacho. La gran sorpresa nuestra fue que movió un poco los ojos y, luego, volteó la cabeza hacia el lado contrario en que lo tenía... Se vio el esfuerzo que estaba haciendo. Madre y tía estaban conmovidos y entusiasmados. ¡Es la fe que tienen! ¡Para ellas es un milagro!

     Después de echarle "porras" (ánimos), le aseguré que seguiría rezando por él.

     De vuelta al Seminario, de donde partí, me tardé hora y media para llegar a casa por el lento tráfico. Me compadecí de los pobres que diariamente deben sortear tal dificultad de movilidad. Mientras, puesto que no tenía más compromiso con otra persona, conduje con paciencia hacia la casa, aprovechando rezar y rezar... Además, me comí un algodón de azúcar que compré a un vendedor por la calle (hacía años que no comía uno).
En medio del tráfico, a veces hay que hacer esto, porque se pone pesado.

lunes, 19 de septiembre de 2016

La luz ilumina a los de casa

     "¿Eres cristiano?", le preguntó alguien. "Soy cristiano rematado", respondió. Y le hicieron una pregunta lógica: "¿Y vas a Misa todos los domingos?" "¡No! Soy cristiano pero no fanático..."

     ¿Qué es ser cristiano, al fin? Mejor no dar conceptos sabidos. Me parece que es tener a Dios y a Jesús en el centro de nuestro corazón y tratar de que se refleje en la vida.

     En efecto, el evangelio de la Misa de hoy nos invita a ser coherentes con lo que decimos ser (Lc 8,16): un candil, una luz, se pone en lo alto, para que alumbre a todos los de casa. Así como es ilógico esconder una luz, así también un cristiano debe iluminar a los de alrededor. Me gusta aquel dicho popular tan repetido por alguien que conozco, aunque dicho en tono negativo: "Ese es candil de la calle y oscuridad de su casa". Ojalá no se diga esto sobre nosotros.

     No vale, pues, quedarse en las etiquetas, hay que ir a las obras. Los cristianos estamos llamados a ser, como dijo un sacerdote hoy en la Misa, el rostro de Dios: la gente no suele ver a Dios si no tiene sentido sobrenatural; somos los cristianos quienes deberemos reflejarlo en nuestro rostro y en nuestra conducta.

    Por ejemplo, ¿cómo se puede ser cristiano en la red? Cada uno saque sus conclusiones. Pero, obviamente, no se trata de postear y postear estampitas en el muro de la red social. Que nos mostremos cristianos en el 'Face', pero también cuando no estemos en él y estemos con los de alrededor. Me gustó esta nota siguiente.

miércoles, 1 de junio de 2016

Procesión del Corpus Christi en Patzicía en el 2016

     Tenía pendiente publicar estas fotos del Corpus Christi vivido en Patzicía, mi pueblo, en donde tuve la oportunidad de vivir ese acto de fe de la procesión eucarística. Después de celebrar pronto aquí en la Capital, me marché presuroso a mi pueblo. Llegué a la hora de la procesión, después de la celebración eucarística. Íbamos a ser tres sacerdotes en la procesión, el P. Celvin -el párroco-, el P. Yovani -natural de Patzicía y formador en el Seminario diocesano- y yo.

     Las fotos expresan la fe y el primor con que se elaboraron las alfombras y las capillas. Con mucho esfuerzo, cada vez nuestra gente se esmera más en expresarle al Señor estas delicadezas. Gracias, amigos y hermanos de Patzicía, por esta expresión de fe.

     Le agradezco a Rosario M. por cederme las fotos que ahora publico, también a Luis M. Dios bendiga a toda mi gente de "Patzi".


En pleno trabajo. Así es como se hacen las alfombras, poniendo primor en cada detalle.




Así lucía la alfombra que inauguraba el recorrido. Al volver a la iglesia debía haber otra alfombra.




Desde la iglesia, viendo hacia la plaza.




Cuatro son las capillas durante el recorrido. La segunda fue ésta.
























La tercera capilla representó el sueño de Jacob y la escala de ángeles.


También, antes del recorrido, confeccionando la alfombra.



Mientras elaboraban la alfombra de fondo azul.




Se nota el ambiente de fiesta.

La cuarta capilla representó la escena de la resurrección del Señor.




Una vista maravillosa de alfombra y fieles.


La fiesta se vive en familia.






Volviendo a la iglesia, terminada la procesión.


En el momento en que el párroco, el P. Celvin, daba la bendición con el Santísimo.


Así quedó expuesto el Santísimo Sacramento durante el día, hasta antes de la Misa de la tarde.

domingo, 3 de abril de 2016

"Creer" y "Creencias"

    Ayer leí el artículo de Anamaría Cofiño en El Periódico (artículo "Creencias"), que hablaba sobre la injerencia de Dios y de la Iglesia en la vida del Estado y de la democracia en Guatemala. Decía que si en la Constitución de la República se hablaba de Dios y se daba privilegios a la Iglesia, además de las "creencias" que guardan, nunca la sociedad y los hombres chapines serían plenamente libres. Ella se señalaba en su artículo como feminista.

     Comentándolo hoy con un amigo sacerdote, él señalaba que, respecto a los supuestos privilegios de la Iglesia -v.gr., como institución, no pagar impuestos- no son más que alguna manera de restitución del Estado a la Iglesia por aquellos daños y años de Justo Rufino Barrios en su contra.

     Hoy hemos escuchado en el evangelio de la Misa el episodio de la profesión de fe del incrédulo Tomás. Muchos creen -especialmente en el ámbito intelectual- que la fe es algo similar a la superstición, que creer es aceptar ciegamente sin pensar, y quien piense verdaderamente no puede creer. Es el camino de la ciencia que busca evidencias.

     Nada más falso. Gracias al desvarío visceral de aquella articulista, pensaba: ¿qué será del hombre sin Dios? El hombre no se explicaría a sí mismo. Si el hombre se queda solo, está incompleto, se crearía una falta identidad que le llevará a la ruina de sí mismo. ¿Qué es el mundo, la sociedad, sin un Ser que lo gobierne providencialmente todo?

     La fe -el acto de prestar confianza a Quien se nos revela- está llamada a crecer, pues, -como el amor- si no se cultiva, se acaba. De ahí que tantos bautizados dejan de creer.

sábado, 17 de octubre de 2015

Vivir de fe - Pecados contra el Espíritu Santo

    Hoy hemos leído en la Santa Misa estas lecturas: Rm 4,13.16-18; Lc 12,8-12. Pueden ustedes releerlas. En el Evangelio se repasa las palabras del Señor: "quien blasfeme contra el Espíritu Santo no se le perdonará". ¿Cuáles son esos pecados contra el Espíritu Santo?

     Podríamos resumirlos así: cerrarse a la gracia del Espíritu Santo. Puede ser "por defecto" (la desesperación o desesperanza: pensar que no tengo perdón o no podré llegar al Cielo) o "por exceso" (la presunción. Decir: "haga lo que haga, de todos modos me salvo").

     También están la impenitencia final (no querer arrepentirse). Añadiríamos otros que pueden asimilarse: perder el sentido de pecado, vivir la vida sin referirla a Dios.

     En cambio, se nos invita a mirar a Dios en medio de la esta vida nuestra, VIVIR DE FE, como dice la primera lectura. Vivir de fe es creer en Dios y tratarle, es tener visión sobrenatural (mirar que está conmigo y soy su hijo y le trato), confiar plenamente en Él... Ustedes pueden completar la lista.

     A propósito, ayer vi una película que me encantó y se las recomiendo: en inglés, LITTLE BOY (pequeño muchacho, "pequeñín"). Toca muchos valores, especialmente los de la familia, la infancia y el sentido de fe (una fe tan pequeña como un granito de mostaza pero que puede mover montañas). Los niños nos dan tantas lecciones. Ojalá la pueden hallar y verlas.

lunes, 1 de junio de 2015

¿Se puede obligar al hijo a ir a Misa?

    Los padres se plantean este dilema: ¿se puede obligar al hijo a ir a Misa? El artículo que aquí enlazo puede darnos una explicación de apoyo para actuar. En el mundo actual se exalta y se esgrime una libertad casi sin límites, en el que no caben las obligaciones. La naturaleza misma se encarga de hacer caer en cuenta al hombre de que no lo puede todo sin que perjudique a los demás o se perjudique a sí mismo.

      La libertad se educa desde cuando el sujeto es pequeño, cuando aún no puede tomar decisiones por sí mismo. Así también en el gran bien de la fe y de la Santa Misa, en particular.

    Dios bendiga a los padres que, quizá incluso con tropiezos, transmiten la fe a sus hijos.

martes, 21 de abril de 2015

"¿Quien merece la misericordia de Dios?"

     Un segundo video de "un minuto con Francisco", en dibujos animados, que nos acerca más a Dios y a la forma de predicar del Santo Padre, que llega fácilmente al corazón. El primer video que habíamos enlazado aquí trataba sobre la familia. Ahora, sobre la misericordia de Dios. Viene como anillo al dedo, al ser reciente la noticia de la convocatoria del Año de la Misericordia que comenzará el próximo 8 de diciembre.

     La siguiente pregunta tiene respuesta obvia: ¿quién puede MERECER la Misericordia de Dios? Nadie, ciertamente. Pero Dios nos quiere tanto que puede perdonarnos todo, si volvemos con humildad y arrepentimiento.

     Pueden leer algo más en este enlace que les dejamos, la casa que promueve estos pequeños y maravillosos videos.

martes, 14 de octubre de 2014

Una foto para el recuerdo

     Era el 3 de octubre pasado. Después de la peregrinación a la beatificación de D. Álvaro, ya nos tocaba volver a casa. Después de peregrinar por las basílicas patriarcales en Roma (San Juan de Letrán, Santa María La Mayor y San Pablo Extramuros; la de San Pedro ya la habíamos visitado), fuimos a hacer las últimas compras para traer algún recuerdo de la Ciudad Eterna (por eso las bolsas en la foto). Luego, nos fuimos a despedir de San Pedro, al menos a la plaza.
     Sugerí a mis papás que rezáramos por la Iglesia y el Papa, por sus hijos, mis hermanos, por toda la familia, por todas las intenciones que tuvieran en el corazón. Escuchaba a mis papás murmurar por debajo sus súplicas a Dios.
     Fue un acto de fe. Y lo hicimos explícito, según la sugerencia de los santos: rezamos un Credo, poniendo especial énfasis en “creo en la Iglesia que es una, santa, católica y apostólica”. Allí nos salía espontáneo completarla, como san Josemaría, con “… y Romana”.
    Y le agradecimos profundamente a Dios por el regalo que estábamos viviendo, por la suerte de vivir en carne propia la unidad y la universalidad de la Iglesia, la suerte de haber nacido y permanecer cristianos, de formar parte de esta Iglesia, Familia de Dios.
     Hubo lágrimas de emoción al despedirnos de San Pedro. Era la última mirada antes de regresarnos a casa, al día siguiente.
     Aunque a la distancia del Papa y de San Pedro —al menos físicamente, porque los llevamos en el corazón—, ahora nuestra vivencia cristiana se ha enriquecido con esta experiencia y queremos servirles más cercanamente.

jueves, 7 de agosto de 2014

Dios quiera que siga lloviendo...

     Un científico le buscará cinco pies al gato…; un meteorólogo dará razones para explicar por qué ha empezado a llover… Un creyente dirá que Dios lo tenía decidido y que escucha las oraciones.
     A  la hora del desayuno, el P. Francisco comentó que había ido a celebrar la Santa Misa a Concepción, porque un grupo de feligreses quería ofrecerla para pedir la lluvia, y que después de la Misa, todo el día sacarían las imágenes en procesión, impetrando de Dios la lluvia. Esto sucedió a primera hora de la mañana.
      Entrada la noche, sorprendentemente, ha empezado a llover. Hace ratos estaba tronando por aquí, mientras caía la lluvia; sigue tronando a la distancia.
     Le pedimos a Dios que mañana llueva nuevamente, pues, tanta falta hace a la agricultura.
     Me encanta la fe de esta mi gente, tan sencilla, que implora de Dios la lluvia.

jueves, 20 de febrero de 2014

Teología en el carro (II)

     Aunque, francamente, estas consideraciones no surgieron dentro del carro; simplemente son continuación de lo de ayer. Más bien, las planteábamos hoy en clase con los alumnos de Teología.
    La fe, decíamos, no es sólo entender y aceptar con la inteligencia que algo es como nos lo enseñan; es vida, entrega, amor.
      Pues bien, ¿cómo puedo decir que CREO que la Sagrada Escritura está inspirada ―que es Palabra revelada por Dios― si no la leo ni trato de conformar mi vida con lo que Ella me enseña?
     ¿Cómo puedo decir que CREO en que Jesús está verdaderamente en la Eucaristía si no le acompaño ―puesto que ha querido quedarse con nosotros―, si no trato de alimentarme de Él?
     ¿Cómo puedo decir que CREO en los dogmas marianos ―Inmaculada Concepción, Maternidad divina, Virginidad perpetua, Asunción― si no busco a la Virgen como Madre mía que es, si no acudo continuamente a Ella y no la amo?
     ¿Cómo puedo decir que CREO en Dios si no le dedico tiempo, si no le tengo presente en todo el día y en todas las cosas, si no es Él el primero?
     En fin, cabe hacerse más preguntas sobre lo que creemos. Yo me las hago primero, pues a todos “nos cae”...