viernes, 29 de junio de 2012

En la solemnidad de los Apóstoles Pedro y Pablo


    Pedro, la roca sobre la que se asienta la Iglesia de Cristo, sirve de fundamento para la unidad en la Iglesia. Todos confluyen en él –omnes cum Petro, ad Iesum, per Mariam, repetía San Josemaría-: él es el signo de la unidad.
     Pablo, el apóstol de los gentiles, representa la universalidad de la Iglesia –“católica”, universal-: en ella se encuentra la plenitud de la revelación –otorgada por Cristo- y los medios de la salvación, además de que la Iglesia misma está diseminada por todo el mundo.
     Encomendemos, en este día, a los sucesores de los Apóstoles, especialmente al Santo Padre, sucesor de San Pedro, para que nos guíen por el camino verdadero que es Cristo, hacia el Padre, por medio del Espíritu Santo.

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