miércoles, 23 de abril de 2014

Preparando la fiesta de la Divina Misericordia, preparando la canonización

     Llegaron dos feligresas al Seminario para rezar un rato en la capilla. El saludo fue ocasión para las preguntas, ya que tomaron confianza. El tema fue la devoción que practicaban: la Coronilla de la Divina. Preguntaban sobre el significado de la maravillosa oración que se reza: “Padre eterno, te ofrezco el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de tu amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, para el perdón de nuestros pecados y del mundo entero”. También preguntaron si esa oración era sólo para que la rezara Santa Faustina o era para que la rezáramos todos, pues, decía, “soy tan indigna de recitar esta oración y de ofrecer algo tan grande”.
     Me recuerdo de la explicación que daba el Card. Van Thuan, sugerida a sacerdotes en un retiro, y que sugerí como explicación a estas gentiles feligresas: “a menudo hemos pensado que tenemos que santificarnos para celebrar dignamente los sagrados misterios, estar sin pecado, santificarse; todas las mañanas reconocemos que somos pecadores para celebrar dignamente la Eucaristía. En cambio, pesamos menos o nada en absoluto que la celebración de la Eucaristía contribuye a hacer del sacerdote un hombre espiritual, un santo”.
     Acaso Sor Faustina necesitaría menos hacerlo, pues es santa, pero nosotros lo necesitamos más. Sin embargo, todos somos necesitados delante de Dios, y los santos creen ser más necesitados. Por eso, con conciencia tranquila, les sugerí que con confianza la rezaran. De hecho, me encontré esta explicación en la página de EWTN, tomada del Diario de Santa Faustina Kowalska.
     “Alienta a las personas a decir la Coronilla que te he dado... Quien la recite recibirá gran misericordia a la hora de la muerte. Los sacerdotes la recomendaran a los pecadores como su último refugio de salvación. Aun si el pecador mas empedernido hubiese recitado esta Coronilla al menos una vez, recibirá la gracia de Mi infinita Misericordia. Deseo conceder gracias inimaginables a aquellos que confían en Mi Misericordia”.
     “Escribe que cuando digan esta Coronilla en presencia del moribundo, Yo me pondré entre mi Padre y él, no como Justo Juez sino como Misericordioso Salvador”.
     Es buena forma de irnos preparando a la fiesta de la Divina Misericordia del próximo Domingo, y a la canonización del Papa Juan Pablo II con el Papa Juan XXIII.

2 comentarios:

  1. Gracias padre por compartir con nosotros estas buenas nuevas

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    1. Gracias a ustedes, por leer estas letras. Saludos cordiales.

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